domingo, 19 de noviembre de 2017

Marxismo para idiotas


La teoría clásica del marxismo se basaba en una salvaje lucha de clases donde mientras el rico se hacía más rico, el pobre se hacía más pobre, hasta llegado el momento en que el proletariado sería tan grande y los ricos tan pocos (terminarían comiéndose entre ellos, en una especie de darwinismo económico), que sobrevendría la revolución y la instauración del comunismo.
Por supuesto, la utopía del marxismo era lo fundamental: una superioridad moral del marxismo sobre el liberalismo (el pensamiento que cree en las libertades y capacidades individuales, que mucha gente confunde con el capitalismo, que es el sistema económico que deriva de la ideología capitalista).
El socialismo, que es una de las formas y apelativos del comunismo, se basaba en el sacrificio desinteresado y el compartir comunitario entre la gente, valores que, frente a la implacable lógica de explotación motivado por intereses egoístas, hacían del capitalismo un demonio que, por medio de la explotación, la competencia y la alienación, tenía como único resultado un conflicto de clases.
Estas condiciones (contradicciones) que producía el capitalismo, necesariamente injustas, creían que llevaría a las masas empobrecidas a la revolución, sólo había que esperar a estas señales que llevaría a la sociedad a cambios violentos.
Esta manera de ver el capitalismo que tenían los socialistas, lo convertía en un productor de pobreza, de violencia, que derivaba en una estructura donde los ganadores (unos poquitos) estaban en el tope de la pirámide, con una gran cantidad de perdedores en la base; la competencia sería tan fuerte que canibalizaría cualquier intento de surgimiento de una clase media, el capitalismo condenaba a la gran mayoría a la pobreza, de eso no había la menor duda.
En este escenario, los marxistas clásicos sacaron sus cuentas (unas predicciones de carácter “científico” expuestas por Marx en su obra El Capital), que fueron las siguientes: primero, que el proletariado aumentaría y los grados de pobreza también, es decir que todos serían cada vez más pobres, y esto era fácilmente explicable, porque los pobres lo único que tienen para vender es su trabajo, pero al haber más y más pobres el valor del trabajo se devaluaría, los que tuvieran trabajo ganarían cada vez menos. Segundo, que la competencia capitalista obligaría, en unos resultados de suma-cero para todos, a reducir incluso el número de ricos, obligándolos a ceder sus bienes y fortunas a los verdaderos ganadores, a los más agresivos de la cadena alimenticia.
Y de esta manera, los primeros socialistas y comunistas esperaron, y esperaron… y estas predicciones no se cumplían. De hecho, los trabajadores vivían cada vez mejor, los que hacían trabajos manuales se redujeron y los que quedaron ganaban más por sus trabajos; la clase media creció y hasta pudo acumular riquezas, la calidad de vida aumentó para todos, mejoró la salud, había más viviendas para los trabajadores, tenían acceso a mejores servicios, sus hijos se educaban, no había señales por ningún lado de ese malestar social que encendería la revolución, por lo que los marxistas tuvieron que volver a la mesa de diseño y revisar seriamente sus postulados, porque algo no estaba bien.
Entre los que se dieron cuenta de estas contradicciones del socialismo estuvieron los Fabianos, en Inglaterra, un grupo de socialistas que decidieron olvidarse del desagradable asunto de la revolución y encarar el reto socialista por medio de la evolución… lo que significaba convencer, discutir, movilizar y ganar el apoyo con los votos.
Igualmente, los socialistas alemanes se dieron cuenta de que el trabajador común no estaba ni interesado ni preparado para una toma del poder, que lo mejor que podían hacer era preparar una élite de socialistas que educara, dirigiera y hablara, por sus agremiados, con los dueños de los medios de producción y defendiera sus intereses ante el estado, por lo que se fueron más por el lado de las reformas sociales que por la revolución.
En la Rusia anterior a 1917, Lenin también llegó a la conclusión de que el marxismo necesitaba una revisión; su país era más agrario (feudal) que industrial, no había manera de que el capitalismo fuera culpable del atraso, la masa campesina soportaba con estoicismo sus penurias, si se aplicaba las recetas del marxismo clásico, habría que esperar primero que el capitalismo apareciera y madurara en Rusia, para que entonces se encendiera la revolución, lo que iba a tomar muchísimo tiempo.
Lenin ideó entonces llevar a Rusia del feudalismo al socialismo, sin pasar por el capitalismo, por medio de una élite revolucionaria que impusiera a la fuerza la dictadura del proletariado, algo por lo que Marx jamás se había paseado.
El profesor de filosofía Stephen R.C. Hicks nos explica en su libro Postmodernismo (2004) lo que sucedió en China:
“… Mao se había inspirado en los resultados de la revolución Bolshevike de 1917,   - Rusia, escribió en aquel entonces- era el país civilizado número uno en el mundo- aunque no estaba muy impresionado con los resultados del comunismo, en educar y organizar al campesinado chino. De modo que Mao también decidió que había que construir el socialismo directamente sobre el feudalismo. Comparado con Rusia, China tenía aun menos conciencia política de masas. Consecuentemente, creía que el campesinado tenía un papel en la revolución, pero un fuerte liderazgo de élite era necesario. Mao introdujo dos variaciones que Lenin no había incorporado. En la visión del marxismo clásico el socialismo debía desarrollar una base económica industrial y tecnológica, que sería originada y mantenida por las fuerzas de la lógica dialéctica. Mao desestimó la tecnología y la racionalidad, Decidió que el socialismo chino sería más agrario y bajo en tecnología y que estaría basado menos en lógica y la razón, y se afincaría en la menos predecible voluntad y asertividad del pueblo.”

Todo este movimiento de cambios y transformaciones en el marxismo, llegaría a concluir lo que ya declaraba la corriente del nacional socialismo y del fascismo en la Europa de los años 30 del pasado siglo, y era que el socialismo necesitaba de una aristocracia; el socialismo era para la gente, pero dejó de ser por la gente; para alcanzar el socialismo, en medio del triunfo capitalista en el mundo, se hacía necesario un liderazgo fuerte y despiadado, que le dijera a las masas lo que tenían que pensar y hacer en el momento preciso.
Esta deriva hacia el autoritarismo y el totalitarismo marcaría el avance del socialismo en el mundo, a costa de grandes genocidios, hambrunas, guerras y quiebras económicas. El socialismo, llevado a cabo por unos “revolucionarios profesionales”, ha marcado el profundo retraso en buena parte de los países que tuvieron la mala suerte de ser contagiados por la utopía marxista, donde los únicos que gozan de los beneficios y de los privilegios del poder son, precisamente, las élites revolucionarias; la gran mayoría, el pueblo, debe tener fe en que, en algún momento en el lejano futuro, les toque a ellos descansar de las penurias y las carencias en que viven.
Mientras tanto, el capitalismo avanza sin competencia, aumentando la calidad de vida de las naciones que deciden hacerlo su forma de vida; vivir en democracia y en libertad, parece, no tiene parangón frente al primitivo culto al socialismo, de esos políticos que prometen el paraíso en la tierra y que todo lo hacen por amor.
El socialismo y el comunismo son una farsa; su historia es la del acomodo de un grupo de parásitos en el gobierno, para explotar a los pueblos y arruinarlos; no se trata de un sistema o de ideas económicas viables, que generen riqueza y productividad, es sólo un catecismo de mentiras y un listado de buenas intenciones, que sólo conducen al abismo del colectivismo.
El capitalismo, en cambio, es el reflejo natural de la vida de los mercados, de la producción libre y en competencia por los mejores productos y precios, de la mejor oferta a los consumidores, quienes por medio de la libre oferta y la demanda determinan lo que valen las cosas; el capitalismo es un verdadero sistema económico, el único, hasta el momento, capaz de adaptarse a las diferentes circunstancias y mercados, que ha sorteado diferentes crisis, el único que ha podido levantar países arruinados por devastadoras guerras y sacado a sociedades enteras del desespero de la pobreza.

El socialismo y el liberalismo son ideologías, el capitalismo y la planificación centralizada del estado (el favorito de los comunistas y socialistas), son sistemas económicos. Quienes pretendan sacar a un país de la miseria, e integrarlo al progreso, por medio de experimentos sociales y sistemas económicos basados en sentimientos y “puntadas” están destinados al fracaso. Eso es historia.   -   saulgodoy@gmail.com 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Cómo el chavismo odia, simulando no odiar


Es más que evidente que la jugada política del chavismo, de atacar la libertad de expresión utilizando leyes contra el odio, aprobadas por medio de ese esperpento jurídico que quieren imponer a sangre y fuego en Venezuela, la Asamblea Constituyente Cubana, es no sólo un acto de hipocresía mayúsculo, sino una contradicción, en términos que ponen al descubierto la naturaleza enferma y torcida del régimen y sus actores políticos.
La ciudadana Delcy Rodríguez se ha transformado en la perseguidora de oficio de un gobierno claramente fascista, contra la oposición política y miembros de la sociedad civil, principalmente comunicadores sociales, intelectuales, académicos… todo aquel que, con argumentos y razones, exponga al chavismo como lo que es, un pequeño soviet de comunistas resentidos y vengativos, está en peligro de ser acusado como instigador del odio por cualquier razón de las que alega el articulado de una ley abominable para la democracia.
El comportamiento de esta señora es propia de una agresora proactiva, su comportamiento raya en lo psicopatía, cree que obtiene beneficios comportándose de manera agresiva y violenta, que eso le da  poder y control sobre los otros, y lo hace de una manera calculada y fría, los hermanos Rodríguez se han destacado entre el chavismo como personas egocéntricas que tienen muy poca empatía por su prójimo lo que los hace en política, actores sin emociones humanas y con un marcado comportamiento antisocial.
Para nadie es un secreto que el principal promotor del odio en nuestro país ha sido el mismo régimen chavista; un odio de clases sobre el que los chavistas han obtenido réditos políticos, que han fomentado para crear divisiones, para fomentar el conflicto, para denigrar de unos sectores, para destruir personalidades, parea justificar expropiaciones… eso es es leche derramada en el camino que no pueden recoger; allí están, como evidencia, horas y horas de infames programas de televisión Aló Presidente, miles de páginas de discursos con explícitos llamados a la violencia social, ríos de tinta de declaraciones a la prensa, artículos y noticias, por si fuera poco existen las denuncias y expedientes que en estos momentos están bajo estudio de tribunales internacionales por violaciones graves de Derechos Humanos, incluyendo cargos por genocidio, asesinatos, torturas, desapariciones, encarcelamientos políticos donde lo que destaca, es la inmensa sed de revanchismo y destrucción que el chavismo ha promovido contra el pueblo de Venezuela.
El chavismo no solo se ha jactado de que su grupo es el de los patriotas, el de los verdaderos cristianos, que son los únicos venezolanos hijos de Bolívar, los herederos de los héroes de la independencia, los auténticos revolucionarios, el pueblo originario… y en la acera del frente nos han acusado a quienes no creemos en tales aseveraciones de que somos los apátridas, los pityankis, el enemigo a vencer, los imperialistas, los vende patria, los burgueses, a quienes hay que freírle las cabezas en aceite, no darles ni agua, contra quienes hay que utilizar armas letales si protestan, somos los escuálidos que no merecemos sino gas del bueno, cuando en las calles son asesinados nuestros jóvenes por protestar, Maduro lo que hace es bailar sobre una tarima como gesto de desprecio, transmitido en cadena nacional, si eso no es el ejercicio más descarnado del odio, promocionado por todos los medios posibles y por el que se han caracterizado hasta el día de hoy, entonces no sé que es odiar.
Chávez fue un promotor insigne y a tiempo completo de una cantidad de pasiones desordenadas, principalmente del odio que marcaban sus discursos, confundía el amor y la ira, la venganza con la felicidad, las emociones subían en él, cómo burbujas de agua carbonada, a montones, de manera caótica, por un lado maldecía nuestra herencia hispánica y los terribles sucesos negativos de la conquista, pero alababa la fiereza de los Caribe y su resistencia violenta al invasor, jamás se refirió a la sanguinaria dominación imperial de los Aztecas  e Incas sobre otros pueblos indígenas, justo antes de la llegada de Colón a América, despreciaba en grado sumo el mercantilismo y el capitalismo, culpándolos de todas las desgracias del mundo, pero era incapaz de mencionar las hambrunas desatadas en la Rusia de Stalin o la China de Mao.
Se la pasaba insultando a personalidades y ciudadanos que lo contradecían o pensaban diferente, famoso fue su desplante en contra del Presidente de los EEUU, el Sr. G.W. Bush en el seno de la ONU cuando en un discurso se refirió a él como un demonio, o sus referencias al ex Presidente Colombiano Alvaro Uribe, a al ex Director de la OEA, Insulsa, cuando sus opiniones se desmarcaban de su voluntad revolucionaria, Maduro no se queda atrás en su repertorio de insultos y amenazas en contra de sus contrarios.
Folclórico eran las ausencias al terror revolucionario cubano en sus memoriosos ditirambos sobre los gloriosos tiempos de Fidel, sin las menciones a las masacres protagonizadas por el Ché en la lúgubre Cabaña, ni de los fusilamientos, ni de las cárceles donde murieron tantos seres humanos sin jamás pasar por un tribunal, su visión sesgada de la historia reciente venezolana lo hacían crítico de los crímenes de la democracia, pero hacía mutis a los desafueros de la guerrilla, de sus asesinatos, secuestros y atentados.
Es claro que a socialistas bolivarianos del siglo XXI no les importa este comportamiento afásico, que estas contradicciones de pensamiento y actitud les tienen sin cuidado, porque su verdadera intención no es la justicia, ni siquiera es la rectificación, sino la profundización de su odio contra la Venezuela libre, decente y democrática, porque les conviene, y están utilizando estas supuestas leyes contra el odio para continuar con su claro propósito de demoler el estado de derecho, la civilización y la cordura en nuestro país.
La verdadera motivación detrás de estas leyes en contra del odio es silenciar la protesta, censurar el pensamiento crítico, ocultar crímenes de lesa humanidad y eliminar a la oposición política, anuncian cierre de medios de comunicación, detenciones de personas supuestamente incursas en estos delitos, multas, con toda la intención de sumir en el silencio la protesta política, detener las manifestaciones de rechazo en contra de funcionarios identificados con hechos de corrupción, con crímenes violentos e injusticias en contra de los ciudadanos.
La ley le deja una amplísima potestad de interpretación a los funcionarios encargados de aplicarla, cualquier pensamiento o idea puede ser tomada como incitación al odio, sobre todo en lo que se refiere a la política y la ideología, donde necesariamente se dan como naturales los rechazos, críticas y posiciones antagónicas, en las leyes que he estudiado sobre normas que regulan el discurso del odio, los legisladores se han tomado el cuidado justamente de dejar fuera a la política y la ideología precisamente por su carácter polémico y de apasionadas discusiones, en la que insultos, amenazas y acusaciones resultan normales.
De hecho, el derecho a la libre expresión, que es una de las piedras fundamentales de la democracia es defendido a capa y espada por la mayoría de los órganos legislativos y judiciales del mundo libre, fundamentalmente porque el libre flujo de las ideas es la única manera de garantizar llegar a la verdad, aunque parezca lo contrario dado el innumerable número de provisiones legales para proteger a funcionarios del gobierno, cabezas de estado y altos dignatarios de los eventuales insultos que pudieran recibir por su desempeño o posición ante diversas políticas, se prefiere con mucho las aproximaciones no punitivas y a lo sumo tratar el asunto como un caso civil, nunca penal.
En Venezuela se da el caso muy particular que el gobierno socialista bolivariano tiene una propensión hacia el castigo y la aplicación de penas criminales en muchas materias, esto viene dado por su naturaleza autoritaria y su talante totalitario, de hecho, al tratarse de una narco-dictadura, como está siendo reconocido en el ámbito internacional, es natural que sus operadores se sientan inseguros y víctimas de retaliaciones, por lo que prefieren que sus personas no vean involucradas en acusaciones y críticas que pudieran empeorar su situación e imagen pública, algunos de ellos buscados por organismos policiales internacionales.
Pero lo que más llama la atención es que un gobierno que practica de manera masiva las detenciones de políticos de la oposición y los tortura, tenga la desfachatez de mencionar en la ley contra el odio, que las penas que impone de manera arbitraria y en procesos que parecen más bien ejecuciones sumariales, tengan la intención de fomentar la tolerancia y el respeto por los derechos humanos, incluyendo el cierre de medios de comunicación que no es otra cosa que la continuación de su campaña por la censura, esta vez con la excusa de evitar el odio.
La realización en el país de un pensamiento único, de la hegemonía del socialismo sobre las demás formas de ideología, la existencia de un único partido, de un solo líder, de una sola voz necesariamente traen detrás la exclusión social, el apartheid, la persecución política, la eliminación del enemigo diferente, no se puede alcanzar la armonía social cuando un grupo minoritario se hace con el poder para obligar a los demás a asumir una posición de servidumbre y dependencia, es el caldo de cultivo perfecto para el odio entre el opresor y el oprimido.
Este aparente paradigma de tratar de acallar críticas, protestas, señalamientos contra las acciones del régimen, por medio de unos instrumentos para corregir defectos de la libertad de expresión, como sería la de ciertos excesos de opinión contra los funcionarios y la organización política que los acoge, no es una novedad en el comportamiento político de los socialistas en general; históricamente, este grupo político ha demostrado que puede vivir en las contradicciones propias de una dialéctica fragmentada y sin sentido, son agentes del pragmatismo más primitivo y egoísta; el socialismo utiliza la mentira, los argumentos sofistas, la retórica barata, la fantasía, argumentos insostenibles en la realidad… lo que es bueno para su causa, no importa si es coherente, si funciona y logra dominar y silenciar a la gente, es útil.
Nos recuerda Slavoj Žižek  que, después de reunirse con Nixon y Kissinger, Mao dijo: «Me gusta tratar con derechistas. Dicen lo que realmente piensan, no como esos izquierdistas que dicen una cosa y quieren decir otra».
Lo peor de este escenario de leyes contra el odio que restringen el derecho a la libre expresión, es que lo que hacen, es fomentar más el odio, los chavistas, como buenos revolucionarios, en su afán por destruir el orden burgués establecido, incluida su ideología, desprecian de tal grado el sentido jurídico y el estado de derecho que lo utilizan para destruir el tejido social del país. No hace falta más que mirar la desfachatez de copiarse una Asamblea Constituyente comunal, al mejor estilo cubano, como órgano supremo de un supuesto principio legal, que legisla sin participación del pueblo soberano, contra nuestra Constitución Nacional, únicamente que para atacar a sus enemigos políticos… y hacer leyes para adelantar su proyecto de odio, incluyendo leyes contra lo que ellos dictan que es odio y que todo los venezolanos sabemos, no aplicarán para los chavistas.
La ley contra el odio peca en sobre simplificar la naturaleza del odio, lleva al error de catalogar todo comportamiento agresivo como odio, hay agresiones que son signadas por la ansiedad, la desesperanza o la impulsividad que no necesariamente es odio ni apunta a él, pero en la ley no se establecen diferenciaciones y castiga a todas estas manifestaciones del comportamiento humano con una crueldad que raya en el odio mismo.
Las sociedades que se han comprometido a defender la libertad de expresión como piedra fundamental de la democracia, están dispuestas a soportar las expresiones destempladas, a veces obscenas, rudas y hasta falsas de algunos de sus miembros, aún aquellos comentarios que aparentan racismo y que pensamos podría ser dañino para la armonía social, pareciera que se valora más la libertad de expresión que la igualdad cuando suceden estos momentos de aparente abuso de esa libertad, sobre todo en el caldeado mundo de la política, todo depende del grado de compromiso que exista en esa sociedad.
Pero el compromiso a la libertad de expresión no significa que alguien pueda decir lo que le venga en gana, eso no es así, de hecho, muchas expresiones están reguladas, algunas tienen repercusiones judiciales, pero la tendencia universal es hacer que estas regulaciones sean cada vez más difíciles y complicadas, es por ello que, cuando un régimen como el chavismo se auto-promueve como garante de la pureza del lenguaje y la expresión equilibrada, como tribunal inquisidor del comportamiento humano y penalice, de la manera que lo hace las supuestas expresiones de odio, sabiendo de sus antecedentes como violador flagrante de los derechos humanos, la duda surge irremediablemente sobre sus verdaderas intenciones.
El chavismo cree en el voluntarismo como fuerza creadora, son solipsistas de corazón, están convencidos que la felicidad de todo un pueblo se puede decretar, así como la prosperidad económica, las navidades, el amor, y ahora les dio por decretar la prohibición de uno de los sentimientos humanos más poderosos y libres, el odio.
Nicolás Maduro ha demostrado estar desubicado en muchas materias durante su paso como usurpador de la jefatura del estado venezolano, pero ha sido en materia económica donde su precariedad ha quedado manifiesta, no entiende que los billetes de la masa monetaria tienen vida propia una vez que no cuentan con un respaldo de valor, no se pueden sacar de circulación por decreto, ni se puede decretar una reestructuración de la deuda, ni se puede detener la inflación decretando aumentos salariales, ni se puede decretar la confianza en un sistema que no produce, menos aún decretar precios de los bienes y servicios sin tomar en consideración sus costos de producción, después de 18 años de penurias todavía no se ha dado cuenta que lo que él quisiera y desea, no se resuelve con simplemente escribirlo en un papel y declarar ¡Aprobado!
Bajo este esquema intuitivo, de “puntadas”, de cómo va viniendo vamos viendo es que el país se ha hundido en la miseria, no es el interés común ni las necesidades de la gente lo que impera al momento de gobernar, sino exclusivamente el interés personal del claque alrededor de la Presidencia, de la mafia que controla el presupuesto nacional, de los que juegan con el valor del dólar oficial y el paralelo, de los que tienen metidas sus manos en el negocio petrolero, en la compra de alimentos y medicinas al exterior, de los que manejan el contrabando de combustible…
Razones para odiar a los chavistas las hay de sobra, son inhumanos, salvajes y están enfermos de poder, le han hecho mal a millones de venezolanos, no tienen medida para sus ambiciones y continúan destruyendo a las familias, permiten que numerosos niños mueran de desnutrición, que los enfermos graves enfrenten el fin de sus vidas en medio del desahucio más espantoso, que los viejitos se vayan apagando poco a poco y sin esperanzas, espantan a los jóvenes y talentosos para que huyan del país, acaban con etnias de nuestros aborígenes dejando que sucumban con enfermedades tratables pero sumamente contagiosas y mortales sin tratamiento, es decir, les importa un carajo el pueblo, y eso, es lo que no quieren que se diga de ellos.
Eso de estar acusando a los demás de fomentar el odio, sin mirarse la paja en el propio ojo, desestimando las campañas de en contra de la reputación de políticos de la oposición, de sectores completos, como sería el empresariado venezolano, a quienes culpan de ser fichas del imperio en la guerra económica, de la destrucción de la vida de ciudadanos venezolanos acusados, detenidos y condenados por supuestamente sabotear los servicios públicos, para ocultar con ello las severas deficiencias e incapacidad del estado socialista en brindar correctamente esos servicios, de fomentar el odio social contra periodistas, como acaba de suceder con un reportero de la publicación Dollar Today, el cual fue secuestrado, vejado, golpeado, precisamente por la campaña de odio que sostiene, contra de ese medio, el colombiano indocumentado que esta usurpando la Presidencia de la República, Nicolás Maduro.
Es obvio, para todo el que tenga ojos y entendimiento, que lo que el régimen persigue es el control absoluto sobre la libertad del pensamiento y de expresión en nuestro país, y que utiliza esos subterfugios de leyes contra el odio como herramientas de persecución política y censura, para sumir al país en el silencio oprobioso, ante los desafueros de un estado socialista fracasado e impopular.
La realidad es terca y contundente, el país está al garete, el chavismo no gobierna, simplemente reprime, miente y saquea lo que puede como puede, en medio de una puesta en escena de que son gobierno; pero nadie se traga el cuento, ni aquí ni afuera, los representantes del chavismo reciben el trato que se han ganado como corruptos, violentos y falsos, ningún gobierno del mundo les cree lo que dicen, y lo que hacen es tan meridianamente claro que ya las palabras y los actos de mimetismo les quedan grandes.
Han perdido todo contacto con la verdad y tratan de construir una versión alterna que les sirva a sus propósitos; hacer parecer lo que no es, y decir que son lo que nunca serán… y quien les grite que están desnudos, porque no es lo que quieren escuchar, será acusado de odiarlos, de querer exponerlos al escarnio público, de que no los respeta.
El respeto no se gana a golpes ni asesinando personas, poner a la Guardia Nacional a perseguir gente que habla mal del gobierno es tan fútil como declarar que el chavismo cree en la democracia; las llagas y las bubas de la peste no se pueden ocultar, su mal olor no se disfraza con los perfumes, sus deformidades no se ocultan bajo las ropas de marca, ni las joyas… cuando se es un pestilente, la única manera de lograr una cura es aceptar que se trata de un enfermo, que necesita ser tratado, quizás entonces haya una posibilidad de limpiar las marcas de la dolencia, desinfectar sus fístulas, cauterizar las heridas abiertas, limpiar el cuerpo de sus secreciones… y eliminar los hedores.
Pero ya es muy tarde para eso, la enfermedad les ha llegado a la cabeza y han perdido la razón; pretenden vivir en otro lugar, con otra gente, con otras costumbres y, como buenos socialistas, creen ser dueños de la verdad, la imponen a la fuerza y, jamás ni nunca, pensarán que han cometido error alguno, todo lo contrario, están absolutamente convencidos de que el país les debe agradecimiento y respeto por mostrarle el verdadero camino… así tengan a los venezolanos comiendo de la basura mientras claman en los foros internacionales que en el país no hay crisis, que todo está normal, porque el chavismo ha decretado que somos un país potencia donde lo que existe, según ellos, es un exceso de libertades.      –      saulgodoy@gmail.com



jueves, 9 de noviembre de 2017

El mundo sin el chavismo


Haciendo un ejercicio de prospección, me imagino esos primeros cien días de un nuevo gobierno después del chavismo madurista con los políticos que tenemos ahora, y no auguro nada bueno, creo que sería un pasaje de dificultades que pudiera dar al traste con muchas esperanzas, al menos que contemos con otra dirigencia, totalmente distinta, que sea ilustrada, sabia y con coraje, que pueda afrontar el horror, en los términos que Joseph Conrad nos lo pintó en su cuento El Corazón de las Tinieblas, donde el Coronel Kurtz, el absolutamente corrompido y desquiciado personaje, gobierna sobre su pequeño reino a fuerza de extravagantes pulsiones y desafueros.
Kurtz había perdido la razón tras una brillante carrera militar, pero intempestivamente se interna en lo profundo de la selva en el Congo y funda una comunidad de renegados, vagabundos, criminales, aventureros y desertores, sobre quienes ejerce una benevolente dictadura, benevolente para los suyos, atroz para los extranjeros; el ejemplo viene como anillo al dedo porque, en el caso del chavismo, Chávez y Maduro mantienen a su tribu de adeptos viviendo como reyes a costa del sufrimiento de los “otros”, en un mundo fantasioso y de horror.
El chavismo deja al país en extrema postración, va a necesitar mucho más que un líder carismático y un partido que le diga “Sí” a los pedimentos de su líder, para poder mantener el barco a flote, en el estado de necesidad que se encuentra nuestra patria pedirle a la población que haga mayores sacrificios va a ser una misión algo más que imposible.
No puedo sino asombrarme de que algunos políticos y organizaciones partidistas ven la salida del chavismo como una oportunidad política, para su relance como figuras públicas luego de los desaciertos en sus gestiones como oposición, prometiendo sin vergüenza alguna la salvación del país con base en fórmulas pre pago, a memes aprendidos de las corrientes populistas que han inundado al país, y a lugares comunes de una política muy a lo adeco-copeyano, que ha sido tan difícil de despegarnos de la suela de los zapatos.
Le escribía en estos días a un amigo en el extranjero y le decía: “ese país que tú y yo conocimos y disfrutamos, ya no existe, lo que viene es algo completamente distinto, espero que para mejor”.
Y la única forma de lograrlo es con nuevos políticos, olvidarnos de lo que hasta el momento hemos conocido como “políticos”, esos que se venden como buenos gerentes y conserjes, como mesías del siglo XXI, como gente del barrio y luchadores sociales, como lumbreras con cinco títulos universitarios bajo el brazo, o militares con don de mando… si en Venezuela no se llama y se convence a la gente de que nos tenemos que unir y comprometernos en una cruzada para el rescate del país, en una verdadera reconstrucción que significa trabajo y más trabajo, grandes sacrificios, en el tenor de lo que le dijo Churchill a la Inglaterra destruida por la guerra, “sólo les ofrezco, sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas”, si no aceptamos la realidad que nos toca en este momento y lugar, no iremos a ningún lado sino a la extinción del país.
Soy de los que creen en la etimología que los chinos le dan a la palabra “crisis” y que tiene dos significados opuestos, uno es el que significa problemas y dificultades, el otro apunta hacia nuevas oportunidades; en nuestro caso, ambas se conjugan y se abren como una caja de Pandora, nadie sabe lo que va a salir de allí.
Hay varios factores y escenarios que hay que tomar en cuenta antes de embarcarnos en esta aventura necesaria, azarosa y movida que se nos viene encima, y lo estoy visualizando como país, como sociedad comprometida con su propia sobrevivencia, como hombres y mujeres que creen en sus propias capacidades y que tienen un destino común, porque el camino que vamos a tomar después del chavismo está lleno de trampas y desvíos.
Empecemos con el liderazgo, el concepto antiguo de conductores de hombres ha cambiado radicalmente, las sociedades modernas están contestes en que las personas todas, en algún momento, ejercen el rol de liderazgo y en otras ocasiones el rol de seguidores; esto lo he tratado en anteriores artículos. En realidad, el que asume un rol de dirección lo hace, principalmente, porque está capacitado para ello, tiene la idea, el plan y sabe como ejecutarlo mejor que nadie, por lo que los demás confiamos en su buen juicio; pero tiene que demostrarlo, no se trata solamente de una pose o un discurso vacío, el liderazgo de hoy en día parte de los hechos, del trabajo realizado.
En este sentido, el liderazgo que ofrecen los partidos políticos de la oposición deja mucho que desear, además de que se trata de plataformas obsoletas que funcionan bajo la fórmula clientelar y sólo para eventos electorales, lo que atrae a mucho “bicho de uña” sin credenciales y con un hambre irresistible para que “los pongan donde hay”; sus programas y discursos corresponden a esa Venezuela que ya no existe, nada tienen que ofrecer al nuevo escenario que debemos enfrentar, ya los hemos visto actuando en las dificultades y no nos gusta lo que hemos visto y lo que hemos padecido por ello.
En Venezuela se ha producido un fenómeno, que llama la atención a los observadores políticos, y es que la sociedad está por encima de sus dirigentes, tanto en preparación como en imaginación; la sociedad ha podido articularse, aun bajo las peores circunstancias, en organizaciones eficientes y proactivas, sin esperar por un conductor mesiánico en diferentes áreas, sean estas sociales, empresariales, científicas, educativas, de abastecimiento, de salud, gremiales, de representación de minorías, etc.
El venezolano se las ha tenido que ingeniar para sobrevivir en medio del caos y la improvisación; incluso los que se han ido del país están desarrollando estrategias de sobrevivencia y aunque, como es de esperar, habrá mucho fracaso y derrotas, creo que una buena parte de esos venezolanos en la diáspora terminarán triunfando en los países que los acogieron. El venezolano es creativo, adaptable, un sobreviviente nato.
En el país hay toda una marea de fondo en emprendimientos, proyectos, ideas y sueños que sólo esperan la luz verde para arrancar, lo que significa que la nueva dirigencia debe trabajar con ellos para ofrecerles la vía rápida a sus metas; igualmente, hay una serie de empresas que han sobrevivido heroicamente a los enemigos del progreso y del libre mercado, que también están listas para iniciar una carrera hacia la recuperación del tiempo perdido. Los nuevos liderazgos deben apartar el peso del estado de estas vías rápidas de desarrollo, desregular las diversas actividades, con sólo darles la libertad confiscada a los empresarios, trabajadores y consumidores, vamos a ver un repunte importante de la actividad comercial e industrial.
Pero, igual, hay que arreglar los grandes desequilibrios macroeconómicos en los aspectos monetarios, financieros, de la deuda, del gasto social y gubernamental, de las privatizaciones, que ya no esperan, de la consecución de fondos e inversiones para la emergencia y el desarrollo, de la puesta al día de los servicios públicos, de llevar al estado a un tamaño y con un gasto público razonable, al servicio de la sociedad.
Hay toda una delicada gestión de administración en la escasez que hay que hacer de manera impecable, con una contraloría responsable y al servicio del país, con una integración de planes regionales, con un verdadero programa de integración federal de regiones autonómicas, con un plan país para convertirnos en estado mercado, de integrarnos a la globalización sin complejos, dispuestos a competir y ser eficientes.
Un gobierno de emergencia debe ocuparse de la crisis con lo que tiene a mano, las reformas al estado surgirán luego, una vez resueltas las “urgencias”, lo que sí debe hacer en los primeros cien días es reducir el tamaño del leviatán, poner el estado a dieta, hacerlo ligero, con respuestas rápidas y dirigidas a los nudos de los problemas, solamente con ir reduciendo las regulaciones que el chavismo le ha impuesto a las fuerzas productivas, la tarea es heroica.
Volver a reconquistar nuestro lugar entre las naciones civilizadas va a tomar mucho carácter, auctoritas y agallas, en el sentido de que estas desgracias que nos han conducido a la miseria, fueron diseñadas por grupos de interés para gozar del desorden y la rapiña que muchos quieren disfrutar luego del chavismo, empezando por los mismos chavistas que queden activos, por esos partidos políticos de la oposición primitiva, que no quiere perder sus privilegios, por los enemigos de Venezuela, que siempre van a existir y que seguirán apostando a nuestro fracaso, y siguiendo el plan cubano de soliviantar al pueblo con sus críticas, con sus reclamos injustos en medio de la crisis y sus acciones de calle.
Creo que ante este panorama ya no podemos pensar en un Rosales, en un Falcón, un Capriles, un Julio Borges y, menos aún, en un Ramos Allup; todos están obsoletos, caducos, ya no dan más, han sido superados por su propia incapacidad; lo malo es que son gente que no se va a ir, van a seguir allí, creyendo que, con un socialismo con “rostro humano” y democrático, Venezuela puede salir para adelante… y el problema que estos señores le ponen al país es que, mientras sigan ocupando esos puestos de comando, a los que no quieren renunciar, están obstaculizando a los relevos, a los nuevos políticos, que pudieran ofrecer otras vías y no más de lo mismo.
La etapa que nos toca enfrentar esta llena de trampas y dificultades; si no estamos atentos se pudiera retrasar o impedir que nuestro país salga del hueco en que nos ha metido el socialismo del siglo XXI, tal como sucedió en Polonia.  Después de la caída del muro de Berlín, y con la aparición de Lech Walesa como nuevo líder de una Polonia libre, la nueva alternativa tomó el poder y cuando tuvo que aplicar las recetas para hacer de Polonia un estado moderno y capitalista, la gente se asustó con los cambios que implicaban la nueva economía… al cabo de pocos años, los ex comunistas regresaron al poder triunfalmente  y barrieron con el partido de Walesa, Solidaridad.
Como nos lo explica el filósofo y analista Slavoj Žižek sobre lo sucedido en Polonia, en su obra Living in the End Times (2010):

La explicación habitual de esta posterior inversión recurre a las «inmaduras» expectativas utópicas de la mayoría de la población, cuyos deseos se consideraban contradictorios o, más bien, inconsecuentes. La gente quería nadar y no mojarse la ropa, quería la libertad democrática-capitalista unida a la abundancia material, pero sin pagar el precio completo de vivir en una «sociedad de riesgo», sin perder la seguridad y estabilidad que en su momento habían garantizado (más o menos) los regímenes comunistas. Como debidamente señalaron los sarcásticos comentaristas occidentales, la noble lucha por la libertad y la justicia resultó ser poco más que un ansia de pornografía y bananas. La llegada de la inevitable sensación de decepción dio origen a tres reacciones (algunas veces opuestas, otras superpuestas). La primera fue la nostalgia por los «buenos tiempos» de la era comunista, la segunda la aparición del populismo nacionalista de derechas, y la tercera una renovada y «tardía» paranoia anticomunista.

Todos esos memes que utiliza el régimen de que, sólo en socialismo es posible la felicidad del pueblo, de que con el chavismo manda el pueblo y que todo lo hacen por amor, van a estar horadando las mentes simples de los ignorantes, y de los que olvidan fácilmente las desgracias de la dictadura de Maduro. Ante los retos y exigencias de la nueva situación del país ante su futuro, si le damos la ocasión a los políticos complacientes, a los alcahuetes del socialismo, que proclaman que todos somos necesarios y que tenemos cabida en la mesa de la democracia incluso a nuestros enemigos, estamos fritos; el chavismo podría volver y enquistarse para nunca salir más de nuestra patria.
No me cabe la menor duda de que en la primera etapa, el nuevo gobierno tendrá que, obligatoriamente, ser autoritario y democrático, una combinación muy difícil de administrar; el chavismo deja demasiadas minas antipersonales enterradas (figurativamente hablando), bombas sólo caza bobos y, si vamos a seguir con la juerguita de estarle permitiendo a los enemigos de la sociedad abierta jugar sin reglas en nuestro propio patio, nos lo van a quitar.  -   saulgodoy@gmail.com







sábado, 4 de noviembre de 2017

Donna Haraway, mi feminista favorita



Hay muchas feministas que admiro y sigo sus carreras y trabajos, como ustedes comprenderán el movimiento feminista es hija dilecta del comunismo, y muchas de estas autoras han sido mis maestras en el adiestramiento que he tenido para manejar la ideología de izquierda con cierta destreza, ellas me han enseñado muchos de sus trucos de retorica y discursivos que utilizan como armas, me han instruido en metodología, en contra argumentación, en una serie de análisis críticos que me han sido sumamente valiosos al momento de entender las finas tesituras del postmodernismo (postmarxismo).
Autoras como Luce Iragaray, Michele le Doeuff, Carole Pateman, Judith Butler, de las llamadas feministas de segunda generación, o las clásicas, como Hannah Arendt, Julia Kisteva, Margerite Duras o Simone de Beauvoir, entre otras muchas.
Como bien dice John Lechete en su libro 50 Pensadores Contemporáneos esenciales (1994):
El feminismo… pone en tela de juicio más que las desigualdades sociales experimentadas por las mujeres… las estructuras ideológicas de hondas raíces que suman inevitablemente a las mujeres en desventaja con respecto a los hombres.  El patriarcado es una de dichas estructuras, y el contrato social —tan influyente a la hora de justificar las instituciones políticas de Occidente— es otra.  Frecuentemente inspirado por los hallazgos del psicoanálisis de Lacan, que demuestra que la conciencia, o el yo, no es el centro de la subjetividad, el feminismo… desafía la tendenciosidad sexual en el lenguaje, la ley y la filosofía.  Afirma que las mujeres no deben aspirar solo a ser como los hombres (como ocurre a menudo en la batalla por la igualdad social), sino que deben aspirar a desarrollar un lenguaje, unas leyes y una mitología que sean nuevos y específicamente femeninos.

Pero a pesar de esta segunda generación de mujeres bravías, el marxismo machista ha caído igualmente en desgracia y como muy bien apunta Heidi Hartmann: “Recientes intentos de integrar marxismo y feminismo han sido poco satisfactorio para nosotras feministas, debido a que subsumen la lucha feminista a un esfuerzo mucho más grande, en contra del capital. Para continuar con nuestro símil, o bien necesitamos de un matrimonio mucho más sano o necesitamos el divorcio.”
Conocí a Donna Haraway (n.1944) por su aproximación a la ciencia ficción, en especial por su pensamiento avanzado sobre los cyborgs en su famoso ensayo, A Cyborg Manifesto (1985) por el que se generó su fama como crítica de en la rama de la tecno-ciencia, que en el mundo de la teoría cultural, abarcando un amplio territorio que incluye la ciencia ficción.
Cyborg es una contracción en ingles de la expresión “cybernetic organism” que es un sistema auto regulado que combina partes orgánicas y mecánicas. Por lo general se refiere a humanos que han sido tecnológicamente intervenidos con partes mecánicas como un marcapasos, una bombita reguladora de insulina, o un miembro artificial, aunque los cyborgs pueden tomar muchas formas como seres vivos implantados con instrumentos de alta precisión como visión artificial o localizadores remotos, o pueden ser computadoras o robots con partes humanas.
El término fue creado por Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline en los años 60 para un artículo para la revista Aeronáutics titulado Cyborgs en el espacio, donde argumentaban que en vez de adaptar el ambiente al cuerpo humano se debería hacer lo contrario, esta idea de intervenir el cuerpo humano con tecnología para variar la esencia de su naturaleza, torpedeaba la idea de convertir el cuerpo humano en un concepto integro, invariable y sagrado y fue justamente Haraway la primera que exploró estas posibilidades.
Esta socialista y feminista argüía que esta teoría tenía alcances políticos importantes ya que el cyborg interrumpía la oposición binaria convencional entre humanos-animales y organismos-máquinas, siendo el cyborg un ser intermedio, un híbrido entre dos naturalezas distintas, ofreciendo una oportunidad de mostrar alternativas ante la sexualidad humana, salir de una clasificación tan homogénea y monolítica como el concepto de “mujer”, el cyborg es un ejemplo de cómo los límites de hombre y mujer son expandibles, se pueden transgredir creando formulas muy potentes, no sin sus peligros, pero creando fusiones que antes no existían.
Ha corrido mucha agua bajo el puente desde que Haraway planteó estos problemas y el tiempo le ha dado la razón, corrientes de pensamiento como el transhumanismo aparecieron en el mapa, sin dejar de mencionar los cambios profundos que se han producido en la sociedad en cuanto al género de las personas, y la gran proliferación de cyborgs que hoy existen entre nosotros.
Haraway atacaba la línea de flotación de la ideología occidental, que proponía conceptos como persona humana, mente, cuerpo, cultura y naturaleza entre otros, conceptos que se creían inamovibles, cuando la realidad era que la medicina y la tecnología estaban constantemente alterando nuestra constitución con sus variadas invenciones.
Ante la disolución de los dualismos Haraway propone su proyecto feminista concluyendo en su ensayo, que ella prefería ser un cyborg que una “diosa”, su posición a favor de los adelantos de la ciencia fue un cambio refrescante ante una mayoría feminista anti-tecnología.
Su argumentación se enfrenta al postulado tradicional de que la naturaleza es el asiento del origen y de la identidad, sobre todo para las mujeres, pero Haraway cree que son la sociedad en que uno crece y se forma, el pertenecer a una raza y a una clase social, la educación y sobre todo, el momento que se vive en la historia,  las que determinan realmente la contingencia de ser mujer, es una condición que no viene “dada” sino que se construye.
Para ella es importante el conocimiento puntual epistemológico, la perspectiva parcial, el conocimiento local, términos utilizados en sus trabajos para apuntar a ciertos conocimientos que se generan en diferentes momentos, generalmente por minorías marginales y que conforman parte de la crítica, y según ella “de una objetividad alternativa”, pues se trata de posiciones que están fuera de los intereses dominantes.
El pensamiento de Donna Haraway tiene una fuerte carga postmodernista y en especial postmarxista, trata de llevar todo el peso de su discurso hacia terrenos de la relatividad y de un cierto nihilismo, ella insiste una y otra vez que las feministas deben exigir una lectura del mundo que satisfaga incluso las diferencias (o las diferentes) por lo que la política, debe ser parte sustancial del discurso racional.
El problema con el estilo de Haraway es que tiene una carga de cinismo y humor negro que a veces se hace pesado y que no a todo el mundo le gusta, pero su gusto por romper los equilibrios creados por las ideologías dominantes y dar oportunidad a nuevas recomposiciones, la caracterizan como una de las feministas más combativas en el difícil campo de la tecno-ciencia.
El cyborg no es totalmente natural ni completamente un artefacto, es una metáfora en un mundo cada vez más tecnificado y que nos está llevando a todos, a ser parte de ese mundo extraño, de fusiones radicales y productos del momento histórico.   -    saulgodoy@gmail.com







sábado, 28 de octubre de 2017

Sobre la vida del Dr. Johnson y Boswell


A pesar de sus penurias económicas, Samuel Johnson, fue un hombre admirado y protegido por amigos y conocidos, entre ellos miembros de la intelectualidad inglesa, de la nobleza, del clero, de políticos y exitosos comerciantes, quienes no dudaban en invitarlo a sus casas para escucharlo o presentarlo a sus amistades.
Eran tiempos en que una buena conversación era de las mejores maneras de entretenerse y aprender. 
Es difícil para nosotros imaginarnos aquellos días sin radio ni televisión, donde escuchar música era privilegio de pocos, tal  como dijo una vez Milan Kundera: “... cuando la música era como una rosa que crecía en una enorme planicie nevada de silencio”.
En los tiempos de Samuel Johnson, quien pudiera proponer y desarrollar una conversación inteligente, clara y amena tenía un público ávido que sólo buscaba la oportunidad de acercarse y disfrutar de escuchar cosas sabias y bien dichas.
Johnson fue un maestro en esta actividad, es curioso notar que no le dedicó mayor atención a esta habilidad natural que tenía hasta tarde en su vida, en 1783 expuso algunas ideas sobre el arte del buen conversar: “Tiene que haber, en primer lugar, el conocimiento, se debe disponer de materiales; en segundo lugar, tiene que poseerse el comando de las palabras; en tercer lugar, tiene que haber imaginación, el poner las cosas en perspectivas que comúnmente no se ven; y en el cuarto lugar, tiene que haber una presencia de la mente y una resolución que no debe amilanarse por fracasos; este último requisito es esencial; por falta de él es que la gente no se destaca en las conversaciones.”
Johnson siempre consideró una buena conversación como un juego, como una competencia, y para ello desarrolló técnicas de oratoria y declamación muy elaboradas.
En ese toma y dame de una conversación, creía que la victoria iría al mejor dispuesto y dentro de su círculo de amigos tenía competencia, sobre todo Edmund Burke, de quien decía “...ese individuo me obliga a concentrar todos mis poderes”,  y jamás se enfrentaba a él si se sentía indispuesto.
Reunidos en tabernas o en lujosas mansiones, servidos de abundantes viandas y delicados  licores, las horas pasaban en congenial charla sobre los más disímiles tópicos.
Debemos acotar que Johnson bebía con las comidas, más tarde en su vida, decidió ser abstemio, por cuestiones de salud  antes que morales; decía del vino: “No pude dejar el vino, porque no pude soportarlo, puedo beber tres botellas de oporto sin que salga lo peor en mí por ello.”-  pero tampoco soportaba los excesos de la bebida, decía- “Aquel que hace una bestia de sí mismo lo hace para no lidiar con el dolor de ser un hombre... es mucho mejor para un hombre asegurarse de que jamás estará intoxicado, nunca debería perder el poder sobre sí mismo.”
Y aunque ya para su tiempo se destilaba y embotellaba la uisge beata en Escocia, que era el antecesor del scotch whisky, esta bebida no era muy popular, por lo que su afición por el oporto era legendaria, en una ocasión dijo: “¿Que más se puede pedir? es oscuro, es grueso y emborracha... el Claret es para muchachos, y el oporto para hombres; pero aquel que aspira a ser un héroe debe beber Brandy”
Su  más famoso biógrafo fue James Boswell, quien a los 22 años conoció a Johnson cuando éste contaba con 53, eso sucedió en el año de 1763.
El joven había viajado desde Escocia a Londres únicamente que para conocer al ¨Doctor¨ a quien admiraba por sus escritos.
Boswell, hijo de un próspero juez, llegó a ser el autor de una biografía considerada como de las mejores en su género: The life of Johnson.
Este joven intelectual reverenciaba a su autor favorito y procuraba estar siempre a su lado, sobre todo en esas invitaciones a almuerzos  y cenas  a las que Johnson  acudía con su palabra oportuna e ingeniosa.   A  la luz de los candelabros desgranaba los temas con lucidez pasmosa ganándose la fama del  mejor conversador de Inglaterra.
Es interesante notar el poco afecto que le tenía Johnson a los escoceses, siempre se refirió a esa región con desdén: “algo les puedes enseñar si los capturas de pequeños”  decía con ironía de sus habitantes. En cierta ocasión refiriéndose a los aspectos positivos de Escocia dijo: “...Lo más importante de Escocia... es el camino principal que los lleva a Inglaterra”.  Es por ello notable que estos dos hombres se la llevaran tan bien, y que fuera justamente un abogado escocés, quien inmortalizara su figura.
Thomas Carlyle no tenía una buena opinión de Boswell, decía de él: ¨Se le tiene por hombre mediocre, afectado y glotón  y tal era en  muchos sentidos. Y con todo, su veneración hacia Johnson es digna de consideración.  Él, aquel disparatado, engreído  escocés, el hombre más engreído de su época, se allegaba al grande y polvoriento pedagogo en su miserable buhardilla.´
Boswell visitaba Londres cada vez que podía y en poco tiempo empezó a tomar notas de lo que el maestro decía. Las amistades de Johnson se molestaban al ver al importuno hombrecito pegado del literato a todos lados que iba aún cuando Boswell no estuviere invitado, le decían “perro faldero” y “pegoste” de tan notoria que hacía su presencia.
Miss Burney, una de sus tantas admiradoras decía de Boswell: “Concentraba toda su atención sobre su ídolo, ni siquiera contestaba cuando alguien le preguntaba algo. Cuando Johnson hablaba, sus ojos se agrandaban atentos; se inclinaba casi hasta estar sobre el hombro del Doctor; con su boca abierta repetía cada sílaba; y parecía que escuchaba hasta la respiración de Johnson como si tuviera algún significado místico. Tomaba cada oportunidad de estar lo más cerca de Johnson hasta cuando comía, y a veces se le ordenaba imperiosamente que volviera a su sitio, como si se tratara de un fiel pero sobre-amistoso spaniel”.
Fernando Sabater en un delicioso ensayo intitulado  Boswell, el impertinente  nos precisa: “Fue algo así como el padre del periodismo cultural, y desde luego el inventor de ese género literario tan apasionante, superfluo e inexacto: la entrevista”.
Y es que sin Boswell el retrato de Johnson estaría incompleto, crearon una pareja de visos históricos y con una cualidad casi cómica como lo fueron las grandes parejas de la historia, Sancho y Don Quijote, Sherlock y el Dr. Watson, el gordo y el flaco... en este caso los dos eran entrados en carnes pero el uno era moralista y sabio, el otro observador y vagabundo.
Sabater continúa diciendo: “Algunos, entre los que me cuento, han llegado a la conclusión que el secreto de Boswell estriba en que era imbécil. De allí su impudicia y la extraña diafanidad de su trato con grandes y pequeños. En cambio nadie duda de que fue un autentico salido.  Sus diarios suelen repetir con variantes la misma pericia: en casas de amigos respetables Boswell se extralimitaba con el oporto, sale a la calle enardecido (“no puedo contener mi ardor”, anota el pobrecillo) y dando tumbos, para liarse con una o varias prostitutas; días después se descubre poseedor de una hermosa blenorragia.”
De acuerdo a Johnson, Boswell era un excelente compañero de viajes, siempre de buen humor y nunca paraba de hablar aún en situaciones de peligro. “Señor, Si usted estuviera encerrado en un castillo con un bebe recién nacido ¿qué haría?” - era una pregunta típica de Boswell a quien le interesaban los temas más disímiles, aunque  exquisitamente banales, pero para Johnson era preferible tenerlo a su lado parloteando que enfrentando el silencio, que no soportaba.
Leslie Stephen en su obra Samuel Johnson (1900), nos dice porqué la biografía de Boswell es tan importante dentro de su género en la literatura mundial: “Su muy particular poder de observación puede escapársele a un lector descuidado o sin experiencia. Boswell tenía un poco de ese verdadero secreto Shakesperiano. Dejaba que sus personajes se revelaran por sí mismos sin entrometer comentarios innecesarios. Nunca perdía el sentido de la historia y lo hacía sin llamar la atención sobre ella. El nos da lo que se requiere del personaje o de la situación. Y es cuando comparamos sus reportajes con otros menos experimentados reporteros, cuando apreciamos su habilidad para extraer la esencia de una conversación... todo aquel que ha tratado de resumir una conversación aprenderá a apreciar los poderes de Boswell no sólo en memoria sino en su representación artística”.
De ese gusto por la buena mesa y compañía es que alrededor de Johnson se agruparon unas personas, la mayoría con holgados recursos económicos, para conformar lo que se conoció como el ´Ivy  League Club´, sus miembros: médicos, jueces, escritores, abogados, militares, actores, hombres todos de fama y éxito profesional se reunían para disfrutar de cenas y largos pousse-café, donde el Sherry y amontillados finos se degustaban en ambientes exclusivos. 
En 1764 la corporación cambió su nombre al de ´The Club´, el primero de los clubes ingleses privados sólo para miembros, no  permitían  mujeres. Fue fundado por Sir Joshua Reynolds, “Nuestro Rómulus” decía Johnson, sus miembros originales eran Reynolds, Johnson, Burke, Nugent, Beauclerk, Langton, Goldsmith, Chamier y Hawkings.
Se reunían cada semana en la taberna “La Cabeza del Turco” en Gerard Street, Soho, a las siete de la noche, y la velada continuaba hasta altas horas de la madrugada. Luego que el Club incrementó sus miembros las cenas se hicieron formales, sólo por estricta invitación, y se consideraba un gran honor ser admitido en tan prestigioso ambiente.
Boswell fue admitido al Club 9 años después de su fundación, y recuerda aquel momento como uno de los más felices de su vida.  The Club todavía sobrevive en Londres manteniendo la tradición que le imprimió su fundador.
El investigador  John Bailey en su obra, Dr. Johnson and his Circle, nos ilustra sobre el grupo de amistades que constantemente buscaban la compañía de éste gran hombre (fuera del “the Club”, por supuesto), entre las mujeres estaban Elizabeth Carter, una académica especializada en los griegos, traductora de la obra de Epictetus, la novelista Fanny Burney, las señoras Montagu, Macaulay y Hannah Brown, tres de las mujeres más brillantes y cultas de la sociedad londinense, la Duquesa de Devonshire considerada una de las mujeres más bellas de su tiempo pasó parte de su juventud entre el exclusivo círculo, igualmente la atrevida actriz Kitty Clive.
Johnson tenía un especial encanto para las mujeres, quien, al contrario de los otros hombres más vanidosos y conscientes de sí, tendía a olvidar su apariencia personal y obligaba a las damas a concentrarse en los encantos de su personalidad, de las que Johnson era pródigo, e incluso, inspiraba cierta ternura.
Su aspecto personal siempre fue descuidado, le gustaba llevar la misma ropa por días e incluso llegó a declarar que no le gustaba la ropa nueva, no era muy aseado y debido a su problema con la vista era usual que acercara su cabeza a las velas más de la cuenta, para poder leer mejor, y no era extraño que se sentara a la mesa con la peluca chamuscada. Algunos de sus anfitriones tenían la delicadeza de tenerle pelucas de repuesto que se la ofrecían antes de pasar al comedor.
A pesar de que Johnson no se daba cuenta de que su vestido, su olor y sus excéntricas maneras podían resultar a veces ofensivos, siempre se preocupó por ser educado hasta el fastidio.
Entre sus amigos destacan Shelburne, que fue Primer Ministro el año que Johnson muere, un hombre misterioso con una reputación siniestra, gran coleccionista de arte y manuscritos, mecenas y un estudioso de la política, Fox, parlamentario, miembro del “The Club”, uno de los hombres más temidos en la Casa de los Comunes por su viperina lengua, un genio de la negociación y de componendas políticas, fue el principal defensor de la pensión de Johnson ante el parlamento cuando la moción fue atacada.
Otro político famoso fue William Windham, uno de los hombres que más reverencia sentía por Johnson, ocupó la más alta magistratura en Irlanda en representación del Rey y le acompañó en su lecho de muerte hasta el último momento.
La lista de parlamentarios que acudía a las veladas con el Doctor es larga, muchos de ellos pusieron su prestigio y fortunas para propiciar no sólo las veladas del Club, sino para financiar algunos proyectos y viajes de Johnson.
Gibbon el historiador, Percy el poeta, Joseph Warton, el editor de Pope, el Obispo de Salisbury, los médicos  Heberden y Laurence, éste último Presidente del Colegio Médico con quien gustaba de conversar en latín, el abogado y erudito Sir William Scott eran algunos de los afortunados comensales de estas reuniones exclusivas.
Nos dice Bailey: “... vale la pena observar... de cerca la composición de esta sociedad donde Johnson reinaba como rey indisputable. Lo más extraordinario era que su círculo intimo, el más cercano, incluía cuatro hombres de genio.  Eran sus más queridos amigos Reynolds, Burke, Goldsmith y Boswell. De ellos los primeros dos eran reconocidos como el más grande pintor y el más grande orador de Inglaterra y quizás de Europa, el tercero, cuando murió, fue declarado por algunos como el más auténtico de los poetas; y lo que es más importante, en el lapso de 100 años, poco es lo que se pueda decir en contra de la fama que sus contemporáneos les otorgaron.
De Boswell es suficiente repetir que, si bien no pudo compararse con la vida ni los poderes mentales de estos otros, dejó un libro después de su muerte, en el cual cada sucesiva generación  reconoce la originalidad del mismo, que no es sino otra manera de decir que era un genio.”
Una de las investigaciones que están por hacerse es la de Johnson como ´Gourmand´, nadie como él disfrutó de la buena mesa de su época, sobre el tema existe el suficiente material de la mano de Johnson, incluyendo varios artículos en  ´The Rambler´ que habría que recopilar y ordenar, entre ellos, un excelente ensayo sobre la glotonería.
De las más famosas anécdotas de Johnson está la referida por Boswell en su biografía.  Cuando Johnson en una cena con varios caballeros, introduce en su boca insensatamente un pedazo de papa hirviendo, la escupe con estruendo  ante el asombro de los otros comensales.  Al  recobrar la compostura  y  ante la actitud perpleja de sus anfitriones su única explicación fue: “Bueno, un tonto se la hubiera tragado”.
Boswell describe al Johnson sibarita de la siguiente manera: “Nunca conocí a ningún hombre que le gustara comer  tanto  como  a él.   Cuando estaba en una mesa, estaba totalmente absorto en lo que lo ocupaba: su  mirada parecía sujeta al plato; al  menos que estuviera con una importante compañía, no decía palabra, ni siquiera prestaba atención  a lo que los otros decían, hasta que satisfacía su apetito, el cual era  fuerte y se complacía con tal intensidad que durante el acto de comer, las venas de su frente se hinchaban y generalmente una  profusa transpiración se hacía visible.   Para aquellos de espíritus delicados, esto era causa de disgusto pues sin duda no era propio del carácter de un filósofo, quienes se distinguían por  su autodominio. ‘
Una actitud que no era extraña a este hombre que pensaba de la siguiente manera: “Algunas personas cometen la tontería de no pensar, o pretender no pensar en lo que comen. Por mi parte pienso en mi estómago seriamente y con  mucho cuidado, porque me  importa, aquel  a quien no le importe su estómago mal le puede importar cualquier otra cosa.”
Por Boswell conocemos de uno de los menús que degustaron un domingo, en la celebración del día de Acción de Gracias: ‘Una buena sopa, pierna de cordero salcochada con espinacas, un pastel de ternera y un pudín de arroz.´
Acostumbraba asustar a las damas que lo invitaban a comer haciendo el siguiente comentario: “Yo, señora, que vivo comiendo en una gran variedad de buenas mesas, soy un mejor juez de la cocina que aquellas personas que cuentan con un muy tolerable cocinero, pero que viven frecuentemente en casa y sus paladares se adaptan gradualmente al gusto de su cocinero, en cambio yo, señora, experimentando en un amplio rango, puedo ser un juez mucho más exquisito”.
Gustaba de platos fuertes como puerco hervido, pasteles de ternera rellenos con ciruelas y azúcar. Su apetito por comidas livianas era igualmente excesivo, comía de siete a ocho duraznos antes del desayuno; era un prodigioso tomador de té, el Obispo Burnet le sirvió dieciséis tazas en una mañana y en la noche podía tomar hasta veinte tazas en una sola velada, quizás, era una de las razones de su insomnio.
Su humor se tornaba negro ante una mesa mal servida y no soportaba la mala cocina prefiriendo no ser invitado si se iba a servir “cualquier cosa”, consideraba una afrenta personal los descuidos de los cocineros con quienes peleaba a la menor provocación.
Boswell recogió un ácido comentario de Johnson al finalizar una cena a la cual fue invitado; “Esta cena estuvo suficientemente buena, eso es seguro, pero no fue una cena como para invitar a un hombre a comer.”
Si obviamos sus comentarios insidiosos y de su implacable crítica al momento de conversar, encontramos que era un hombre que valoraba la amistad como lo más sagrado, siempre velando por sus compañeros, preguntando por sus paraderos y en permanente contacto, le dijo a Reynolds en una ocasión: “Un hombre debe mantener a sus amistades en constante mantenimiento, de otra manera se encontrará solo cuando se haga viejo”, también diría: “Cuando recuento el día, lo considero perdido si no he conocido a alguien nuevo”.   -   saulgodoy@gmail.com


viernes, 27 de octubre de 2017

Algunas reflexiones sobre nuestra crisis política


Para los que no se hayan dado cuenta todavía, mientras tengamos el actual CNE manejando elecciones esa vía está cancelada, jugar el juego electoral que el gobierno quiere y como quiere, es una perderá de tiempo y contribuye a nuestro desgaste, al voto hay que conservarlo como si fuera oro, no debemos malgastarlo en batallas perdidas de antemano, debemos sólo utilizarlo cuando tengamos las condiciones mínimas que nos garantice un voto para cada ciudadano, y que ese voto decida, que se conforme a nuestra voluntad.
Creo que el principal problema que tenemos los venezolanos es que le estamos haciendo el juego al gobierno, actuando según sus reglas, empezando porque lo estamos reconociendo como gobierno, desde que el chavismo tomó el poder hubo un grupo de políticos y profesionales del derecho que aún sabiendo que el gobierno hacía trampas, que era ilegítimo, que violaba la constitución, que no respetaba la democracia y violaba todos nuestros derechos, aún así, lo trataban y se dirigía a él como gobierno, como instituciones capaces de responder con coherencia, de acuerdo a normas y con un fin que respondía al interés nacional.
Esa ficción que construyeron por estos 18 años de que éramos una nación libre, democrática y funcional se hizo posible porque a los partidos políticos y a estos dirigentes de pacotilla les convenía, nos arrastraron a la creencia que era posible convivir con este supuesto gobierno, los medios de comunicación cayeron en la trampa y se referían a esta pandilla de facinerosos como si fuera en realidad el gobierno de Venezuela, todo el mundo obedecía las normas menos el propio régimen, que se aprovecha de esta debilidad de las personas en reconocerlo como lo que es, una mafia de explotadores y locos que lo que hacen es enriquecerse a costa de nuestros padecimientos, que nos matan y nos enferman para ellos continuar en el poder.
De una vez por todas olvídense de estar defendiendo “espacios”, de que si no vamos a unas elecciones trampeadas e inútiles le estamos entregando alcaldías o la presidencia, en este momento en Venezuela nadie tiene nada, ni los chavistas tienen el poder, ni la oposición oportunidad de ganar elecciones libres, en nuestro país ni siquiera Maduro es dueño de su vida, ningún venezolano está seguro si verá el amanecer mañana.
Y aquí la clave reside en la palabra “poder”, nadie tiene poder al menos que se le dé poder, esto es importante entenderlo, el chavismo tiene poder mientras nosotros se lo otorguemos, y se lo otorgamos mientras cumplimos sus normas, hagamos lo que nos dicen, soportemos calladamente sus imposiciones,  aceptemos sus “cadenas” y discursos esquizofrénicos, reconozcamos a cada oligofrénico y criminal que nos nombran como funcionario público, nos creamos como verdad cada ley y normativa que se les ocurra imponernos.
El único poder que tiene el gobierno es el del cañón de un arma, y eso ni siquiera es poder, eso es violencia, y sólo en ese caso es conveniente obedecer por cuestión sólo de sobrevivencia y seguridad personal, todo el aparato represivo y de supuesta “justicia” se basa en la amenaza de quitarnos la libertad, de ponernos presos, de llevarnos a un tribunal, y todo termina en el cañón de un arma, hasta que esa arma no aparezca, nosotros obedecemos condicionados, como ratones de laboratorio, a su voluntad, muchos de nosotros ni siquiera hemos visto esa pistola o escopeta apuntándonos pero igual obedecemos, porque hemos visto como otros son agredidos por los funcionarios que tienen las armas, los supuestos policías y militares traidores que debería utilizarlas para defendernos de nuestros enemigos, las usan para inculcarnos miedo y darle poder a sus jefes.
Pero háganse la pregunta ¿De cuántas armas dispone el régimen? ¿Cuántos de estos cañones nos están apuntando? ¿Cuántos los están apuntando a ellos?, por lo que sabemos, sólo disponen del poder de fuego de la Guardia Nacional del Pueblo, de los colectivos armados y de los mercenarios que han cerrado sus carretas en círculo alrededor de los jefes… pero ¿Y todas las demás armas de la República? ¿Al servicio de quien están?
De modo que olvidémonos de que estamos viviendo en un país idílico, que tenemos nación respetuosa del estado de derecho, o que el chavismo es gobierno preocupado por el bienestar del pueblo de Venezuela, estamos en lo que Rousseau llamaba el estado natural, en la jungla, donde impera la ley del más fuerte, que para sorpresa de muchos, el más fuerte no es quien tiene las armas, ni el que crea las leyes, ni el que más grita o asesina, el más fuerte es el que logre unir en resistencia a ese enorme grupo de venezolanos que estamos hartos de esta situación de violencia e injusticia y responda con mayor violencia a los violentos y esto es así porque los violentos no entienden de razones ni de principios.
Una verdadera oposición en modo de resistencia, debería desconocer al gobierno en cualquiera de sus modalidades, ojo, no estoy diciendo violar la ley y las normas fundamentales de convivencia sino no hacerle caso a ninguna autoridad del gobierno sea esta central, estatal o municipal, menos aún a la electoral, basta de hacer llamados a votar y a concurrir a actos electorales viciados, con eso lo que hacemos es darle más poder al gobierno, y si pretenden hacerse pasar como ganadores de gobernaciones y alcaldías igualito, desconocer su autoridad, que nos manden a sus guardias armados, entonces obedeceremos porque no somos tontos, pero a lo que se vayan, porque tienen que irse a atender a sus familias y a comer y a bañarse, entonces continuaremos desobedeciendo.
Paralelamente, la oposición debería estar conformando su propio gobierno en la clandestinidad, ya basta de exponernos como si fuéramos patos en una laguna ante los cazadores chavistas apuntándonos con sus armas, tenemos que madurar y aprehender las situaciones de peligro, no debemos exponer a nuestros líderes, estos deben actuar por debajo del radar chavista, en nuestro caso necesitaríamos de unos voceros autorizados, visibles, serios pero sin poder de decisión, los verdaderos líderes deben moverse en las sombras, conjuntamente con las instituciones legítimas conformadas en el extranjero, la Asamblea Nacional debería estar desde hace tiempo operando subterráneamente, gobernando de verdad, dirigiendo el país en contra de la voluntad chavista.
En la Venezuela de hoy en día, con gente muriéndose de hambre, de mengua, sin poder siquiera conseguir lo esencial para sobrevivir, es una inmensa tontería, una completa idiotez, creernos el cuento de que el régimen de Maduro va hacer algo por nosotros que no sea empeorar nuestra condición, y si esto es así ¿Por qué tenemos que calarnos a este gobierno? ¿Qué sentido tiene seguir concurriendo a elecciones o vivir como si estuviéramos en democracia. cuando la verdad es todo lo contrario?
Lo que si tenemos es mucho cobarde y vendido con acceso a los medios de comunicación, mucho supuesto dirigente que por su propio interés quiere preservar las cosas como están, de hecho viven, les pagan, y se benefician de que la gente continúe comportándose como un rebaño, que no proteste, que no se arreche, ni haga nada que perturbe a los violentos que nos oprimen, que repito son poquitos, están gordos y son unos cobardes, nosotros, el pueblo de Venezuela, los que tenemos hambre, estamos hartos de ser explotados, humillados y amenazados somos más, pero muchísimos más que todos esos funcionarios con armas que obedecen a los chavistas por unas sobras de comida y unos bolívares que cada día valen menos.
Creo que hemos llegado “al llegadero”, se acabó el camino del chavismo, ya no hay dinero, pero si deudas astronómicas, ya no hay comida ni medicinas, el hampa está desbordada, ninguna institución del gobierno funciona sino para hacerle la vida más difícil a los venezolanos, no tiene ni moral, autoridad, ni legitimidad para seguir llevando nuestra representación un día más, el mundo entero los desconoce como autoridad.
El chavismo trancó todas las vías de cambio democrático, lo que hace es acumular poder para ellos por medio de decretos, de leyes, de amenazas, de programas de televisión que lo que hacen es tratar de aterrorizarte, de engañarte con un mundo que no existe sino para unos poquitos, de planes como el de las bolsas CLAP o el infame Carnet de La Patria, tenemos a un presidente sin vergüenza alguna hablándonos de amor y diciéndonos de lo que nos vamos a morir si no hacemos lo que a él le da la gana, que no es otra cosa que montar un sistema cubano en nuestra patria, por Dios, un colombiano indocumentado, un narcotraficante y corrupto, un mal viviente…
Todo esta estructura retórica, de imagen, de declaraciones a cada instante, de hegemonía comunicacional, de censura, de funcionarios de mentira haciéndose pasar por funcionarios de verdad, sólo está sostenido por unas armas en manos de unos venezolanos, que se están dando cuenta que con solo cambiar de dirección el cañón hacia los verdaderos culpables de esta debacle, las cosas podrían empezar a cambiar de inmediato a favor de todos.
Los que están robando y rematando al país ya no tienen a dónde ir, ya no pueden ocultar sus fortunas mal habidas, el país donde pretenden vivir como reyes lo han convertido en un polvorín que estallará en cualquier momento y allá afuera, cada hora que pasa se suma más y más gente a la enorme mayoría que ya estamos cansados de padecer a cuenta de unos monstruos (no se comportan como humanos).
Es por ello que esta reflexión es para los políticos decentes que quedan, para quienes creen poder cumplir alguna función positiva en los días que vienen, no creo que lleguemos a diciembre con esta situación de descalabro en la calidad de vida de todo el país, su misión debería ser la de darle algún sentido y dirección a este enorme descontento, que el país no quede en el vacío cuando este gobierno cese el secuestro de la nación, y que el desenlace para el chavismo sea lo más rápido e indoloro posible, no por ellos, sino por nosotros, por los registros y documentos que pudieran quedar de este episodio de venganza colectiva y de los que pudiéramos sentirnos avergonzados algún día.  -   saulgodoy@gmail.com