viernes, 8 de diciembre de 2017

Apocalypse Now vs. The Heart of Darkness


En un reciente artículo que escribí sobre política. Hice una mención a la novela de Joseph Conrad El Corazón de las tinieblas (The Heart of Darkness), para ese momento ya había tomado varias notas para este artículo que usted, amable lector está leyendo, y sucedió que mi referencia para aquel artículo sobre política, estaba equivocado, pues tomé una de las notas sobre el personaje de Kurtz, de la versión cinematográfica de Francis Ford Coppola, y no la nota sobre la novela.
Me explico, dije en el artículo que Kurtz había tenido una exitosa carrera militar, lo que no sucede en la novela de Conrad, pues en la obra original se trataba de un exitoso comerciante de marfil en diferentes estaciones del Congo africano.
Pues bien, o nadie se dio cuenta de ese error, que en ese caso se aplica el comentario de Gene Moore: “…la importancia de la película como medio de transmitir influencias no debe ser desestimada… mucha más gente ha visto las versiones cinematográficas de los trabajos de Conrad que actualmente leído sus libros.”, o, quienes se dieron cuenta del gazapo, fueron tan delicados como para no hacérmelo notar (aunque prefiero saber cuando estoy en el error).
Llevar a esta novela (en realidad se trata de una novela corta) a la pantalla, tiene una historia muy interesante que quiero compartir con ustedes, lo primero que tenemos que decir es que se trata de una narración que se basa en gran parte en el discurso interno de uno de los personajes, Marlow, un marino que protagoniza varias de las historias de Conrad,  y que es contratado por la compañía que opera en el Congo, primero para que rescate un barco que ha naufragado en el curso del río, y luego para que busque a Kurtz, el agente estrella de la compañía, a quien se presume enfermo y con quien han perdido toda comunicación río arriba, la narrativa de la historia se desarrolla por lo que ve y piensa Marlow, lo que dificulta grandemente una adaptación al cine de la obra.
El primero que intentó llevar esta historia al cine fue Orson Wells, quien llegó a Hollywood (1939) precedido de su fama de joven genio del teatro y la radio, que había hecho la versión de la novela de ciencia ficción, La Guerra de los Mundos, de H.G.Wells, con un gran éxito comercial incluyendo el pánico que ocasionó su programa radial en la ciudad de New York al confundir al público, la puesta en escena con una invasión real de los extraterrestres a la Tierra.
Intentó con ahínco que su estreno como director en Hollywood fuera precisamente con la novela de Conrad (ya había hecho una adaptación para la radio de la obra), de la cual hizo un guión en exceso experimental y muy personal, al punto que se ofreció para interpretar ambos papeles, el de Marlow y el de Kurtz, los estudios rechazaron de plano su proyecto primero, porque era muy costoso, $1,057,761, que para aquella época era una fortuna impensable para una película, y segundo, porque el nobel director no parecía a dispuesto a aceptar la manera de trabajar que tenían los estudios en California.
Lo bueno de este desaire fue que lo obligó a concentrase en un nuevo proyecto, Citizen Kane, como su película debutante.
La idea no se volvió a tocar hasta que Francis Ford Coppola, influenciado por lecturas y testimonios sobre la guerra de Vietnam, luego de sus exitosas películas El Padrino y El Padrino 2, querían incursionar en películas bélicas y la sin razón de la violencia, para ello contrató al guionista John Milius quien venía trabajando sobre una idea que tituló El soldado psicodélico, sobre experiencias reales de la guerra y era su intención casarla con una aproximación al texto de The Heart of Darkness de Conrad, pero el guión en manos de Coppola se fue convirtiendo en su propia versión de la novela, Coppola tenía una copia del guión que había escrito Wells y lo había llenado de notas, de hecho ya avanzado el proyecto y según testimonio del propio Coppola, lo que el director tenía en el bolsillo era un edición de la novela llena de observaciones, anotaciones y direcciones de cámara.
Como todos ustedes saben aquel proyecto de Coppola se convirtió en una verdadera pesadilla, afortunadamente contado en detalle por dos extraordinarios documentos, de la esposa de Coppola, Eleonor, se trata del documental Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse (1991), un registro pormenorizado de las dificultades que encontró el director en hacer realidad esta obra maestra, y las Notas en la realización de Apocalipsys Now (1991), que fue un diario que Eleonor llevó durante el rodaje de la película, que al final le costó su matrimonio.
Todo lo que le sucedió a Coppola y su grupo de producción Zoetrope, comenzó cuando Coppola decide despedir al actor Harvey Keitel, a quien había contratado para interpretar el papel de Marlow, quien ahora se llamaba Willard, dos semanas después de empezar la filmación perdiendo un material y un tiempo precioso, pero aquella actuación no satisfacía sus altos estándares y contrató a Martin Sheen para el papel.
La película fue hecha en locación en las Filipinas, donde el productor y director tuvo problemas de todo tipo con el gobierno local para obtener los permisos, el uso de los helicópteros militares y otros apoyos logísticos que necesitaba, pues se internó en la selva con su equipo, para estar en “ambiente” con la atmósfera de la historia, lo que acarreó problemas de salud y comodidades para el equipo de producción, aunque a todas estas Coppola, como buen sibarita que era, mantenía una línea de suministros constante para aires acondicionados, buenos vinos y la comida gourmet, que eran su debilidad y que incrementaron los costos de producción.
De las calamidades que tuvieron que soportar fue un tifón que arrasó con Filipinas y donde perdieron valiosos escenarios y equipos, a Martin Sheen le dio un ataque al corazón en pleno set que casi lo deja fuera de la película y de la vida, la producción que se había calculado para seis semanas de rodaje se montó en 16 meses, los estudios y los bancos estaban asustados y ejercían presiones sobre Coppola que varias veces amenazó con suicidarse, pero el director nunca perdió su control absoluto sobre la producción, al final tuvo que poner de su propio dinero para poder terminarla, cuando el presupuesto se montó en 20 millones de dólares y aún no terminaban, todo el mundo esperaba un espectacular fracaso y la quiebra de Coppola.
La presión se hizo sentir en el set de filmación donde diariamente habían trifulcas entre el personal, llegó un momento en que el actor Dennis Hopper dejó de asearse, se negaba a bañarse con la excusa de entrar en el personaje, resultando en una desagradable molestia para equipo de producción.
Marlo Brando en un momento le confesó a Coppola que le había mentido, que nunca había leído la novela, ni siquiera los guiones que le habían enviado, razón por la cual cuando llegaban a sus partes, siempre improvisaba, y para el asombro de todos, lo hacía de manera magistral, lo que terminó resultando en una de las mejores actuaciones de su carrera (decía que siempre tuvo en mente a Orson Wells interpretando al Ciudadano Kane), pero por si eso fuera poco, Coppola y el editor tardaron dos años editando la película hasta satisfacer las exigencias del director, como era de esperar, la producción terminó con una crisis de nervios de Coppola y una lenta recuperación.
Cuando la película se estrena en 1979 se convirtió en leyenda.
Surgen entonces toda una serie de apreciaciones, opiniones, estudios académicos, en referencia a la relación de la obra literaria y su versión cinematográfica, y en este sentido hay toda una rama de la teoría literaria actual concerniente a las adaptaciones, uno de estos estudios, A Companion to Literature, Film and Adaptation , es una compilación de diversos autores entre los que se encuentra el profesor  Jamie Sherry con su ensayo Paratextual Adaptation (2012) donde desmenuza con detalle, como el texto literario original se va transformando con cada intervención que se hace para textos que soporten otros medios diferentes a la escritura, en el caso de las películas, el texto se transforma en un guión, que es otro texto, nos dice Sherry sobre Heart of Darkness:
El mito y su condición de “clásico” asociado a la película, provocada por su proliferación de tropos culturales, han convergido para reubicar la novela, y por lo tanto sus subsecuentes lecturas. Los textos de Conrad y de Coppola están definitivamente enlazados, en parte por el distanciamiento transformador empleado por el director, en un acto que Derrida llama, mutua invaginación. Ese bricolaje de culturas que constituye el paisaje, donde los textos se adaptan uno al otro sin cesar en un acto de apropiación y contaminación, refleja la complejidad de nuestra recepción a una adaptación… estos paratextos añaden otra capa de interrupciones intertextuales, enriqueciendo y acomodando el discurso entre el lector y la novela precursora de Conrad. 

Hacer adaptaciones de obras literarias para otros medios de comunicación es una tarea creativa que toma y exige una enorme comprensión e intercambio del escritor con su fuente de inspiración, la obra siempre cambia, y siempre se mantiene como unidad, el resultado final es una suerte de palimpsesto donde nada se desperdicia y todo confluye en una obra de arte como nos lo demostraron Coppola, Wells y tantos otros escritores.  -  saulgodoy@gmail.com



Albéniz, “El Moro”


Dicen sus contemporáneos que como pianista era de los mejores, reconocido en su España natal como el “Rubinstein español” , era un virtuoso y podía interpretar casi que cualquier género de música con una maestría sin igual, a los veinte años de edad, un periodista británico luego de sus presentaciones en Londres (1889) reseñó: “Registremos el éxito prodigioso del señor Issac Albéniz, pianista de la Reina de España, quien, en su recital en el Princes Hall ha tocado no menos de 27 obras, entre ellas dos grandes sonatas de Beethoven y Chopin, con una maestría y expresión absolutamente fuera de serie. El virtuosismo desplegado en la ejecución, reflejo notable de los efectos orquestales de tres transcripciones hechas por Brassin de Los Nibelungos de Wagner, incluido la famosa Cabalgata de las Valkirias, bastarían para situar a Albéniz en la primera fila de los pianistas contemporáneos. Añadamos que diversas y muy bonitas piezas de su propia cosecha denotan, aunque pertenecen al género ligero, el saber hacer de un músico serio”.
No sé cómo ha podido tomar el artista este comentario quien siempre estuvo atrapado en el dilema de ser un gran intérprete del piano, que lo fue en vida, o un compositor de valía, como fue reconocido luego de su temprana muerte, y que varias veces en su carrera provocó serios disgusto entre el maestro y su público.
Lo que sí podemos decir es que Isaac Albéniz (1860-1909) es una de las figuras fundamentales de la música española, y pieza clave en el movimiento romántico europeo.
Pero fue este genio catalán igualmente culpable de desmeritar su propia obra, aunque siempre la trabajó con denuedo e invirtió tiempo y estudios en construir sus partituras, algunas de una finísima tesitura que más bien parecen obra de un orfebre, se refería a ellas como “porqueriitas” y les daba poco valor, de hecho una cantidad respetable de obras para piano de su autoría, se perdieron en su juventud de aventurero y viajero incansable.
Pero de igual manera, la figura de Albéniz como compositor y uno de los pioneros en formalizar la música española, de incorporar los elementos locales y folclóricos íberos como parte del lenguaje musical, de la misma forma que las rapsodias son parte importante de la música húngara, las mazurcas laten en el corazón musical polaco, los leader importan para los austríacos y las dumkas para los de Bohemia, Albéniz incorporaba lo que le venía de naturaleza, las habaneras, la zarzuela, los oratorios, los cantos andaluces, los madrigales, los fandangos y las jotas, que para su buena suerte, contaba con una muy buena voz y gustaba cantar, algo que le ayudaría en sus trabajos para el teatro y los musicales ingleses en los que trabajó, y para su incursión como empresario de la zarzuela en España.
Llegados a este punto es necesario hacer un “flashback” como dicen en el cine, retrotraernos a su infancia para comprender un poco mejor la vida de este genio musical; nació en 1860 en la provincia de Gerona, Cataluña, el mismo año que nació Mahler y que Norteamérica enfrentaba la Guerra de Secesión.
Su padre trabajaba para el gobierno y que dada la precocidad de su hijo para la música, le dedicó tiempo para presentarlo en locales públicos, su debut musical fue más temprano que el de Mozart, a los cuatro años de edad dio su primer concierto ante el asombro de un público, que buscaba detrás del escenario el pianista que tocaba por el niño, no podían creer tal habilidad de parte de la criatura.
A los siete, iba a ser admitido en el Conservatorio de París, pero el famoso incidente de arrojar una pelota en contra de uno de los vitrales del establecimiento mientras jugaba, le costó posponer su entrada por dos años.
Estudia en Barcelona y luego en Madrid bajo la tutela de los maestros Mensizábal y Ajero, con quienes empieza a desarrollarse técnicamente, a los diez años y debido a una falta de su parte que generó un reclamo a su familia, aborda un tren como polizonte y escapa, sin rumbo; en el tren conoce al Alcalde de El Escorial a quien le dice que su familia es muy pobre, y él, con su arte, quiere ayudarlos financieramente, el funcionario se apiada del muchacho y le organiza una presentación en el Casino, que fue todo un éxito junto al organista de la Capilla Real, que no salía de su asombro con el habilidoso muchacho, con dinero en el bolsillo lo montan en un tren y lo devuelven a Madrid, pero vuelve a escapar.
Convertido de repente en su propio empresario realiza presentaciones en cafés, pequeños teatros, ferias, ganándose su propio sostén y ahorrando algo de dinero, toca en Ávila, en Peñaranda de Bracamonte, en Salamanca donde unos salteadores de camino lo roban, parte de nuevo desde cero y sigue su tour por Valladolid, Palencia, León. Logroño, Zaragoza, Barcelona y en Burgos, donde luego de varias semanas, finalmente lo agarran, su padre había leído de sus andanzas por el periódico y le pidió a un amigo que lo retuviera y se lo llevara a casa.
Pero ya con el sabor de la aventura en la boca, y explotando su increíble capacidad para la improvisación vuelve al poco tiempo a escapar, y esta vez, la emprende hacia Andalucía la tierra que lo embrujaría para siempre, en Cádiz el joven prodigio pone nerviosa a la policía y antes de que pudieran atraparlo, se embarca en un buque con destino a América, su intención era llegar a Puerto Rico y luego dirigirse a Cuba, ambas eran todavía colonias españolas, de nuevo iba de polizón, tuvo la suerte que en el barco había un piano y se ganaba sus propinas por entretener al pasaje, pero fue descubierto y lo desembarcaron en Buenos Aires.
Su biógrafo André Gauthier nos relata:
Por desgracia, también nos faltan detalles de este viaje, mucho menos novelesco que el precedente, y que haría las delicias de la pequeña historia, la anecdótica. A los doce años, perdido en la soledad de un país lejano, en donde el paquetito de recomendaciones resultaba prácticamente ineficaz, Albéniz conoció probablemente días crueles. La vida musical en Buenos Aires estaba todavía en sus primeros balbuceos y pocos establecimientos públicos poseían un piano. Fácilmente imaginamos las dificultades con que podía tropezar la modesta ambición del niño prodigio de hacerse oir, aunque fuese por un puñado de consumidores a la hora del aperitivo. No obstante fue allí donde un compatriota suyo le descubriría, simpatizando con él hasta el punto de ayudarle a organizar conciertos en el Uruguay y en el Brasil.

De vuelta a España, el padre le impone un riguroso plan de trabajo que lo obliga a ocupar todo su tiempo, la situación política había favorecido al jefe de la familia quien tenía planes de llevarse a su hijo a La Habana una vez que saliera su nombramiento como inspector general de Aduanas.
Cuando cumple los quince años Albéniz decide irse a probar suerte en los EEUU, esta vez el padre le permite viajar solo, sabía que era inútil detenerlo, contaba con quince años cuando desembarca en New York en 1874, se lleva el chasco de su vida, un adolecente que toca Schumann y Liszt en los cafés de Gothan no es nada especial, se requiere de mucho más para llamar la atención y competir, de modo que no tiene otra opción que unirse a un troupe de vodevil y tocar dándole la espalda al piano, o cruzando los brazos sobre el teclado y hasta saliendo al escenario disfrazado, y tuvo que recurrir a otros trabajos como el de cargar equipajes y hacer encomiendas, pero nada de esto lo desanimaba, se fue hasta San Francisco donde pudo, por fin, ofrecer un recital, pero a pesar del trabajo pesado y a veces absurdo, regresaba a Europa con una buena cantidad de dólares en los bolsillos.
En esta siguiente etapa de su vida, sigue dando conciertos por Europa pero decide establecerse en Leipzig en Alemania para estudiar en su conservatorio bajo la tutela de Karl Reinecke y Salomon Jadassohn quienes le enseñaron los principios de instrumentación y composición desarrollados por el gran maestro Hauptmann, se le acaban los dólares y regresa a España ya convencido que nada más tenía que aprender sobre el piano y que había llegado el momento de componer, de poner por escrito sus ideas y sentimientos, aunque le quedaba un sueño que no había cumplido, conocer y estudiar con el maestro Franz Liszt.
Durante buena parte de su juventud compuso piezas para piano, muy poco de ese trabajo ha llegado hasta nosotros, pero ahora tenía las herramientas y la seguridad de poder lograr un trabajo mucho más profesional y desarrolla una intensa actividad de búsqueda de su propia voz.
Empezó a aceptar alumnos en su mayor parte de la nobleza madrileña, consiguió una bolsa de estudio de manos del secretario del rey Alfonso XII, el conde Murphy, volvió a viajar a los EEUU esta vez como pianista del Teatro Lírico belga en el verano de 1878, ganó un primer premio por su ejecución al piano en Bruselas, otorgado por los tres mejores pianistas de Europa para el momento, Rubinstein, Planté y  Hans Von Bülow.
Con el dinero ganado y una carta de recomendación del rey, fue en pos de su gran sueño, conocer a Liszt, con tal propósito viajó a Hungría y el 15 de agosto de 1880 es recibido por el maestro sexagenario, convertido en un austero sacerdote, consultor de los grandes compositores del mundo, conversaron largamente y le pidió al joven que improvisara algo de su tierra en el piano, y sabiendo que el maestro era un avezado interprete conocedor de todos los trucos del instrumento, prefirió entregarse a sus exploraciones del alma española, al terminar Liszt le habló de la importancia del nacionalismo, del espíritu vivencial de la tierra.
Cuando regresa a España tiene el gusanito de búsqueda del espíritu nacional y hace una inmersión profunda en la zarzuela, y tiene la fortuna de conocer a Felipe Pedrell, uno de los motores fundamentales de lo que sería  La Escuela Española, teórico cultural de la españolidad en la música, incansable luchador y promotor de la música autóctona entre los nuevos compositores.
Para sostenerse acepta escribir las partituras para unas operas del banquero inglés Francis Money-Coutts, quien quería incursionar en el teatro, desde París le pone la música a los libretos de su patrón y salen al estreno Henry Cliffort, Pepita Jiménez y Merlín con mediano éxito.
Debemos explicar que para aquella época los pianistas de todo el mundo buscaban piezas españolas que se hacían populares por su novedosa técnica, su ritmo, las extrañas coloraturas que impregnaban sus temas y las piezas de Albéniz, reunían todo eso, la historiadora de la música Ann Livermore lo explica en su obra Historia de la Música Española (1972):
La reputación de Albéniz quedó consolidada bajo las manos de muchos pianistas, que hallaron en España de los primeros tiempos en sus Cantos de España, Danzas Españolas, Recuerdos de Viaje, Obras para Piano, las dos Suites Españolas, Piezas Características, España, Recuerdos de España y la apoteosis de su deseo y búsqueda incansable, plasmada en su Iberia, que siguió una trayectoria creciente en pos de la liberación con sus piezas para orquesta Rapsodia Catalana, La Vega, Azulejos y Navarra. El primer cuaderno de Iberia, Evocación, El Puerto y Corpus en Sevilla apareció en 1906, el segundo y tercero Triana, Almería, Rondeña, El Albaicín, El Polo y Lavapies en 1907-1908, Málaga, Jeréz y Eritaña, en 1909. En unos cuantos meses Albéniz, que había estado enfermo por algún tiempo, empeoró y abandonó París. Pasó los últimos días de su vida en Cambo, lugar melancólico cercano a tierras vascas, en donde halló no pocas amistades. La obra de Claude Debussy Iberia apareció en 1907, poco después de la publicación en 1906 del primer cuaderno de la Iberia de Albéniz.


Hubo siempre un una incomprensión y cierto rechazo de los españoles hacia este compositor, y siendo de un carácter sensible, éste sentía el abismo que lo separaba de su patria, razón por la cual la última parte de su vida lo hizo en un autoexilio en París, justo en el momento en que los grandes músicos del modernismo hacían vida allí, Albéniz conoció y compartió con Cesar Franck, con Claude Debussy, tenía amistad con Saint-Säens, con Falla, con Gabriel Fauré, Paul Dukas, Vicent d’Indy y tantos otros que le visitaban y compartían veladas musicales. Ya enfermo, con graves dolencias del corazón tuvo la oportunidad de ver publicada Iberia, su muy personal y espectacular despedida a la España de sus recuerdos.   -  saulgodoy@gmail.com

viernes, 1 de diciembre de 2017

Por una democracia liberal en Venezuela


Cuando los países adoptan un sistema democrático se enfrenta a un primer problema a resolver, y es el de las dos exigencias fundamentales del sistema que son: limitar el poder del estado y por el otro lado, distribuirlo.
Es un asunto delicado ya que lo que está en juego es la libertad del individuo, veamos por qué, Benjamin Constant (1767-1830) señalaba con mucho tino que la libertad de los antiguos, de las sociedades que levantaban las primeras formas de estado para gobernar los destinos de sus naciones, basaban su libertad en una continuada participación activa en los asuntos públicos ya que el gobierno era colectivo, la libertad moderna estaba basada en el gozo pacífico de la independencia privada protegida y tutelada por las leyes.
De la necesaria participación en el foro público, se pasó a la institución del derecho privado, e hizo de la vida de los ciudadanos algo mucho más productivo y útil, se pudieron dedicar a sus asuntos profesionales, comerciales, de industria, de estudio e investigación con la seguridad de que sus derechos estaban protegidos, ya no era necesario acudir a las asamblea populares a defender sus derechos violados por terceros, incluyendo al mismo estado.
Pero un contemporáneo de Constant, Jean-Jacques Rousseau, inspirado por el pensamiento de los antiguos, en su obra El Contrato Social, propuso que una República estaba constituida por el Poder Soberano que era la expresión de la voluntad general, y le otorgó a este poder soberano una condición de infalibilidad, es decir, nunca se equivocaba, y como poder máximo en una sociedad dada: “No tiene necesidad de proporcionar garantías a los súbditos, porque es imposible que el cuerpo quiera perjudicar a todos sus miembros’’.
Como podemos ver claramente en este constructo ideológico, Rousseau conservaba para el Estado el poder absoluto utilizando como excusa la prevalencia del cuerpo político sobre el resto de la sociedad, de nuevo se ponía en juego el delicado asunto de los límites del poder y como distribuirlo, es decir, la libertad individual estaba de nuevo en la picota.
Esta ha sido la lucha entre el Estado Liberal y el Estado Absoluto y que todavía en el siglo XXI lo estamos dando en Venezuela, esto, a pesar de que ya desde hace mucho tiempo han sido elaborados y puesto en vigor los Derechos del Hombre, de acuerdo con los cuales, todos los hombres indistintamente, tienen por naturaleza, y por tanto sin importar su voluntad, mucho menos la voluntad de unos cuantos o de uno solo, algunos derechos fundamentales, como el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la felicidad, que el Estado, o más concretamente aquellos que en un determinado momento histórico detentan el poder legitimo de ejercer la fuerza para obtener la obediencia a .sus mandatos, deben respetar no invadiéndolos y garantizarlos frente a cualquier intervención posible por parte de los demás.
Esa entelequia de gobierno, a veces socialista, a veces monarquía absoluta cuando no gobierno militar, que tenemos bajo la denominación socialismo del siglo XXI, no es más que una colcha de retazos, un híbrido monstruoso que se quiere hacer pasar por democracia y representante de la voluntad popular, utilizando no solo una retórica barata y disfuncional, sino todos las trampas de los tahúres en los juegos de cartas marcadas que se conocen.
Este gobierno chavista que trata de ubicarse en todos los estilos de política, que habla del respeto de los derechos humanos practicando masacres, torturando a gente inocente, persiguiendo judicialmente a quienes piensan diferente, con sus cárceles llenas de políticos presos y con el pueblo pasando hambre y miseria, ha pretendido y pretende hacerse pasar por un estado liberal, aún cuando su objetivo claro y expresado públicamente es conservar el poder indefinidamente.
Este “salto atrás” en nuestro proceso de civilización dado por unos militares comunistas en nuestro país, siguiendo el modelo creado por Fidel Castro para la isla de Cuba, se está cayendo a pedazos, no es viable y de hecho nos arropa la peor crisis económica y social que el país haya conocido en su historia reciente, lo importante en medio de esta vorágine es no perder de vista el ideal político por el que los venezolanos hemos venido luchando por lustros, el de un país libre y democrático.
Norberto Bobbio uno de los granes pensadores políticos italianos, nos habla de los límites del poder en un estado liberal y democrático en su libro Liberalismo y Democracia (1985), dice Bobbio:
El liberalismo es una doctrina del Estado limitado tanto con respecto a sus poderes como a sus funciones. La noción común que sirve para representar al primero es el estado de derecho; la noción común para representar el segundo es el estado mínimo... Por estado de derecho se entiende en general un Estado en el que los poderes públicos son regulados por normas generales (las leyes fundamentales o constitucionales) y deben ser ejercidos en el ámbito de las leyes que los regulan, salvo el derecho del ciudadano de recurrir a un juez independiente para hacer reconocer y rechazar el abuso o exceso de poder. Entendido así, el estado de derecho refleja1a vieja doctrina, que se remonta a los clásicos y que fue transmitida por las doctrinas políticas medievales, de la superioridad del gobierno de las leyes sobre el gobierno de los hombres… Los más importantes de estos mecanismos son: 1) el control del poder ejecutivo por parte del poder legislativo o más exactamente del gobierno al que corresponde el poder ejecutivo de parte del parlamento  al que toca en última instancia el poder legislativo y la orientación política, 2) el control eventual del parlamento en el ejercicio del poder legislativo ordinario por parte de una corte jurisdiccional a la que se pide el establecimiento de la constitucionalidad de las leyes, 3) una relativa autonomía del gobierno local en todas sus formas y grados frente al gobierno central, 4) un poder judicial independiente del poder político.

Como todos sabemos porque lo hemos sufrido en carne propia, el chavismo se niega al control del poder central que ejerce el presidente; para domesticar los órganos de control de los que nos habla Bobbio, ha impuesto la Asamblea Constituyente cubana que no es otra cosa que un apéndice del partido único de gobierno el PSUV (elegida solo por los votos de los militantes de ese partido) para sustituir a la verdadera y legítima Asamblea Nacional elegida en votaciones universales por 14 millones de venezolanos, igualmente tiene secuestrado al poder judicial e igual, es absolutamente dócil a los requerimientos de poder absoluto del extranjero que tiene usurpado el cargo de Presidente de la República, el indocumentado Nicolás Maduro Moros.
Cuando comenté que el gobierno chavista trata de jugar en todos los estilos políticos para ocultar su absolutismo, la constante propaganda de que en Venezuela existe un estado de derecho queda constantemente descalificada ante el ejercicio irracional, violento y abusivo del poder por parte del dictador, quien trata a la mejor usanza de lo que denunciaba Emanuel Kant en su obra, Escritos Políticos y de Filosofía de la Historia del Derecho (1793) de jugar al tirano paternalista:
…un gobierno basado en el principio de la benevolencia hacia el pueblo, como el gobierno de un padre sobre los hijos, es decir, un gobierno paternalista (imperium paternale), en el que los súbditos, como hijos menores de edad que no pueden distinguir lo que les es útil o dañoso, son constreñidos a comportarse tan solo pasivamente, para esperar que el jefe de Estado juzgue la manera en que ellos deben ser felices, y a esperar que por su bondad él lo quiera, es el peor despotismo que pueda imaginarse.

Esta actitud bastarda y malintencionada por parte del chavismo-madurismo, para desde el poder aplicarle a la población controles biopolíticos que violan los más elementales derechos humanos, como el de no permitir que las personas se provean de los medios básicos de subsistencia como la alimentación, la salud, la seguridad, la vivienda… hacen del régimen los dueños de la vida de sus súbditos como si nos hubiéramos retrotraído la feudalismo más rancio y cruel, de allí esa enorme cantidad de becas, ayudas, loterías (la adjudicación de viviendas, vehículos y enseres del hogar), las bolsas CLAP, los diversos programas de asistencia social, que constituyen un enorme gasto público para sostener a un sector clientelar privado del PSUV, ya que de eso dependen para contar con algún apoyo popular.
Pero continuando con nuestro tema de la defensa de la libertad ciudadana bajo la fórmula de un estado de derecho y un estado mínimo, el estado mínimo se opone al estado bienestar; en una democracia liberal la principal función del estado debería ser velar por la protección de los derechos del hombre, por brindarle las condiciones necesarias para que se desarrolle en su personalidad e intereses y evitar que sus derechos sean violados por los demás, incluyendo al mismo estado, pero desde el mismo instante en que los ciudadanos caen bajo el embrujo de la llamada Justicia Social, que no es sino la excusa del totalitarismo para avanzar y apoderarse de todas las parcelas de la acción política, dejando a los ciudadanos como meros invitados de piedra, como recipiendarios de las bondades del régimen, entonces la libertad se encuentra en peligro.
Contrario a los anarquistas que piden la abolición del estado, los que creemos en un estado mínimo y que somos legión, estamos convencidos que el estado se ha convertido en un mal necesario, hay que conservarlo en su mínima estructura y con las funciones esenciales, es la única garantía para que la libertad individual no sea reclamada como trofeo por un gobierno totalitario, por un Leviatán recrecido, arrogante y despótico como el gobierno chavista.
Alexis de Toqueville (1805-1859) nos lo había advertido al final de su obra Democracia en América:
Quiero imaginar bajo que rasgos nuevos el despotismo podría darse a conocer en el mundo; veo una multitud de hombres iguales o semejantes, que giran sin cesar sobre sí mismos para procurarse placeres ruines y vulgares, con los que llenan su alma. . . Sobre estos se eleva un poder inmenso y tutelar que se encarga solo de asegurar sus goces y vigilar su suerte. Absoluto, minucioso, regular, advertido y benigno. . .



saulgodoy@gmail.com

jueves, 30 de noviembre de 2017

Forastero en tierra extraña


Esa es una de las traducciones al castellano que se le ha dado a la novela de ciencia Ficción de Robert A. Heinlein (1907-1988), titulada en inglés Stranger in an stranger land, publicada en 1961, ganó el premio Hugo a la mejor novela en el 62, y aunque tuvo un auspicioso recibimiento fue a los tres años de su publicación, que se tornó en un verdadero bestseller, al principio su público estuvo dentro del movimiento hippie de los Estados Unidos, pero muy pronto se hizo en una de las novelas más leídas en las universidades y por el público “duro” de la ciencia ficción.
Lo recuerdo como si fuera ayer, en 1971, cuando llegué de joven a Norteamérica para estudiar mi carrera en comunicaciones, lo primero que hice, una vez establecido en el confortable y hermoso campus de Michigan State University, fue asistir a un concierto del joven pianista y cantante inglés Elton John, en su primera gira por América promocionando su álbum Mad man across the water, y leerme la novela famosa de Heinlein, a decir verdad no la comprendí del todo debido a mi rudimentario inglés, razón por la que guardé el libro para leerlo en un mejor momento, pues bien, ese momento fue la semana pasada, y les puedo decir que lo disfruté muchísimo.
Es la historia de Valentine Michael Smith, de padres terrícolas pero nacido y educado en el planeta Marte por marcianos, hijo bastardo de una científica y el Capitán de la nave que fueron parte de una primera misión exploratoria, y que se dio por perdida, es rescatado y llevado a la Tierra bajo estricta medidas de seguridad.
En la tierra, el Secretario General de la Federación se siente incómodo con el visitante, pues no solo se convierte en una espectáculo mediático de primera magnitud, sino que le teme a Smith ya que si las circunstancias legales se aclaran, sería el heredero de su madre, quien había inventado el método propulsor de las nuevas naves espaciales, y amasado una inmensa fortuna, también heredaría de toda la tripulación de la fallida expedición, ya que firmaron un testamento en grupo, dejándole sus bienes a quien fuera sobreviviente, convirtiéndolo en el principal accionista de Lunar Enterprises, la empresa, y ahora nación, reconocida por la Federación como soberanos de las colonias lunares, pero para colmo de su buena fortuna, de acuerdo a las leyes vigentes sobre colonización espacial, sería el único dueño de todo el planeta Marte, por los años de residencia en el planeta colonizado.
Es la razón por la que el relato empieza con una situación casi de secuestro que el Secretario General de la Federación tiene sobre el pobre Smith, hasta conseguir que le firme un documento donde el terrícola-marciano renuncia a sus fueros y posesiones a favor de la Federación.
Pero Smith escapa de su cautiverio ayudado por una enfermera, para caer en manos de uno de los personajes más memorables de la literatura de Heinlein, el rocambolesco empresario, médico y abogado, multimillonario y filósofo epicúreo, Jubal Harshaw, quien a su manera, decide ayudar al hombre de Marte, esforzándose por que los prejuicios terrícolas no contaminen su pureza.
Hay una escena entre Harsahaw y la enfermera Jill, quien liberó a Smith del cautiverio al que estaba sometido por el gobierno, sucede en la biblioteca de la mansión del primero, ella no quiere incomodar al doctor más de lo necesario y pretende irse y dejar su protección, llevándose consigo al hombre de Marte.
-Detente un momento Jill
-¿Señor?
-Siéntate y no trates de ser tan malo como yo; tú no tienes los años de práctica que tengo. Ahora, dejemos algo en claro; tú no me debes nada. Imposible- porque yo nunca hago algo que no quiera. Como no lo hace nadie, pero en mi caso yo lo sé. De modo que por favor no inventes una deuda donde no existe, porque dentro de poco estarás sintiendo gratitud- y ese es el traicionero primer paso hacia una completa degradación moral. ¿Tú lo “grock”?
Jill se mordió el labio, y sonrió-No estoy segura de lo que significa “grock”
-Yo tampoco, e intento tomar lecciones de Mike [El hombre de Marte] hasta entenderlo. Pero estoy hablando en serio. Gratitud es un eufemismo para resentimiento. No me importa el resentimiento de la mayoría de la gente- pero viniendo de chicas lindas es de mal gusto.
-Pero Jubal, no le tengo resentimiento- eso es tonto.
-Espero que no me lo tengas… pero lo tendrás sino desarraigas de tu pensamiento esta fantasía de que estas en deuda conmigo. Los japoneses tienen cinco maneras de decir gracias- y cada una de ellas se traduce como resentimiento, en varios grados. Tuviera la lengua inglesa esa misma honestidad en su estructura. El inglés puede definir sentimientos que el sistema nervioso humano es incapaz de experimentar. Gratitud, por ejemplo.
-Jubal, usted es un viejo cínico, yo siento gratitud hacia usted, y seguiré sintiendo gratitud
-Y tú eres una jovencita sentimental, eso nos convierte en una pareja que se complementa. Vámonos a Atlantic City por un fin de semana de placeres ilícitos, solo tú y yo.
-¡Pero, Jubal!
-¿Ves cuan profunda es tu gratitud para conmigo?
-Oh, estoy lista, ¿Cuando nos vamos?
-¡Hummph! Hemos debido ir cuarenta años atrás…

Para hacer la historia corta, Harshaw ayuda a Smith a fundar una nueva religión que entre otras característica estimula el canibalismo ritual (una costumbre ancestral marciana de mostrar respeto por los amigos, comiéndoselos al morir), el sexo libre (Smith no conoció el sexo sino cuando llegó a la tierra y con el ejemplo de Harshaw fue una experiencia bastante desordenada, por decir lo menos), mas toda una serie de rituales, creencias y cultivo de poderes extrasensoriales, muy al estilo de las practicas del monje tibetano Lobsang Rampa.
La novela no sólo está muy bien escrita, es inteligente, refrescante, con personajes y situaciones que escapan a lo normal y una presentación del futuro inmediato muy bien lograda, es la novela más extensa de Heinlein y continúa, aún hoy en día, apareciendo como una de las novelas favoritas de los lectores de la ciencia ficción clásica en el mundo entero.
La novela tiene otra historia, a finales de los años cincuenta Heinlein escribía Stranger in an stranger land, cuando se hizo patente que los EEUU iban a suspender los ensayos militares de armas nucleares, Heinlein un ex-militar y un hombre de la derecha, consideró aquello un error pues le daba un respiro a los enemigos de Norteamérica, los comunistas, de modo que hizo una serie de presentaciones públicas para hablar sobre el tema y decidió escribir su novela Starship Troopers, de la que hemos hecho una reseña que puede encontrar en este mismo blog.
Con Starship Troopers, convertida en su primer gran bestseller, y que también ganó el Premio Hugo en 1960, obtuvo una bien merecida fama de militarista, fascista, racista, machista, que sabía, afectaría su carrera de escritor; para corregir esa deriva inesperada de su fama, Heinlein hizo un giro de 180˚ con la novela que cocinaba, y fue con Forastero en tierra extraña que magistralmente lo logró, pero no por mucho tiempo, sigue siendo considerado un representante la derecha radical norteamericana.
Como si se tratara de un brujo preparando un elixir para convertirlo en un liberal, tal y como se entiende en USA, puso en el caldo una buena dosis de amor libre y de espiritualidad oriental, muy apropiado para ese momento en pleno auge del hipismo como fenómeno social, se esforzó por tener a un extranjero como héroe de su novela, un extraño, ese “Otro” del que hablaban los existencialistas de aquellos tiempos, y que mejor Otro, que un visitante interplanetario, inocente como un niño, maleable, pero con conocimientos y poderes ancestrales de una cultura alienígena.
Es interesante que en la novela aparece un ritual llamado “compartir el agua” que es una iniciación a la hermandad y la convivencia entre iguales, con un elemento como el agua, que era escaso en el planeta rojo, un ritual que fue adoptado por la infame familia Manson, los asesinos de la actriz Sharon Tate y LaBianca en California en 1969, al igual que la crítica a las religiones establecidas hechas en la novela, y que supuestamente inspiraron los asesinatos, pero que su líder, el recién desaparecido Charles Manson negaba fuera extraído de la obra de Heinlein.
El otro aspecto a destacar y que en lo personal me pareció genial, es el cuidado que se tomó el autor en investigar los aspectos semánticos y psicológicos de la transculturización por medio del lenguaje, como en el proceso de adquisición de un lenguaje surgen fenómenos hermenéuticos insospechados, que pueden hacer incomprensible una cultura y extraviar el proceso de comunicación, esta novela ha sido valorada por varios especialistas en semiótica, entre ellos, Benjamin Lee Whorf, de quien hemos escrito recientemente una reseña.
Una palabra de advertencia para quienes no conozcan la obra de Heinlein, que es vasta y compleja, la novela, Forastero en tierra extraña, es muy diferente al resto de sus trabajos, de modo que no representa una muestra de su estilo y temas, que fueron la de un escritor que no le tenía miedo a experimentar.
Es una novela entretenida con diálogos ágiles e inteligentes y que se lee de un tirón, la recomiendo sin ninguna reserva.  -  saulgodoy@gmail.com





La mutación fotográfica



A María Teresa Boulton, fotógrafa “Par excellence” - pertinaz investigadora

Dos artículos sobre la fotografía llamaron mi atención en un fin de semana de inmersión estética, dos autores separados por el tiempo, unidos por su amor a la fotografía y con dos visiones que se encabalgan sobre un oficio y un arte en plena evolución.  Por un lado, un breve ensayo del fotógrafo y crítico John Berger, escrito en 1972 como parte de su libro Ensayos y artículos selectos: La mirada de las cosas, la pieza se intitula Entendiendo una fotografía; el otro fue la introducción que hace  Joanna Zylinska, para el libro digital Photomediation (2016), del que ella es uno de los compiladores, una de esas propuestas de avanzada que se hacen en la red para explorar nuevas formas y expresiones de arte; ambos artículos son muy buenos y apuntan en una misma dirección.
Berger parte de la opinión de que la fotografía no es parte de las bellas artes, a pesar de que por mucho tiempo estuvo, desde la Academia, argumentando a su favor, y no lo es, sencillamente, porque la fotografía no es candidata para convertirse en una propiedad de valor como podrían ser las esculturas y pinturas renacentistas.  Estos objetos, una vez que adquieren valor y alguien o algo las posee (bien sea un coleccionista privado, un banco, un museo o un gobierno), por ser objetos de altísimo valor, únicos, no sujetos a la reproducción masiva, sus propiedades artísticas dejan de ser su característica fundamental.
De hecho, nos dice Berger, son preservadas como propiedades de valor, lejos de las masas, reverenciadas por expertos en sus propios mausoleos… esto, a pesar de que para el tiempo en que Berger escribía, ya había algunos museos que exhibían fotografías y había coleccionistas que empezaban a pagar buen dinero por ciertas fotografías.
“Por su naturaleza- nos dice Berger- la fotografía tiene muy poco o ningún valor como propiedad porque no es una rareza, el propio principios de la fotografía es que no es única, al contrario, puede ser infinitamente reproducida, y en términos del siglo XX, las fotografías son registros de cosas ya vistas”.
Berger compara la fotografía a los cardiogramas y basa su valor únicamente en la decisión del fotógrafo de congelar un instante que él considera relevante ver, pero esto sucede igual en una gran fotografía como en cualquier toma hecha por un amateur; la gran diferencia, opina Berger, se encuentra en el grado de transparencia y comprensión que el fotógrafo hace del momento, y eso es irrebatible, las grandes fotografías no necesitan explicación, lo dicen todo por sí mismas.
Berger remata su idea diciendo: “Entonces nos enfrentamos a una muy poca explicada paradoja de la fotografía.  La fotografía es un registro automático por medio de la luz en un evento determinado; y utiliza el mismo evento para explicar lo que está registrando. La fotografía es el proceso de construir observaciones conscientes de sí mismas.”
Mucha gente ha llegado a pensar que una buena fotografía lo es porque está bien compuesta, como en una pintura, hay una composición; la pintura es el arte del arreglo, el artista ubica cada cosa, trazo, color, línea o sombra en el lugar correcto, las formas se adaptan a los propósitos del artista. En una fotografía esto no sucede, al menos que se trate de fotografías de estudio, que es un tipo de fotografía, pero en el resto de la fotografía no hay composición.
El verdadero sentido de la fotografía hay que encontrarlo en el tiempo, en el momento justo entre un montón de momentos, cuando el fotógrafo decide activar el obturador, es ese instante que se registra, el que se sitúa entre la presencia y la ausencia; la fotografía, al dejar registro de lo que estamos viendo, al mismo tiempo siempre se refiere a lo que no estamos viendo, separa y preserva un momento de un flujo continuo.
Para Berger la fotografía no tiene lenguaje propio, se aprende a leer las fotografías de igual manera que un cazador lee los rastros que dejan sus presas; el lenguaje que la fotografía utiliza es el lenguaje del evento que registra, no hay referencias internas, como en una pintura, todo está dado por el continuum del evento, de modo que el gran poder de la fotografía radica en la decisión del fotógrafo de aislar el momento, que en realidad invoca lo que no te está enseñando y, esto me pareció importante, el valor de una fotografía radica tanto en lo que te estoy enseñado como en lo que no que se encuentra allí, implícito en ese momento.
El artículo de Zylinska es otra cosa; en realidad, es una visión actual de lo que la fotografía representa en nuestros días, aunque no comparto en lo personal esa necesidad de ver mi vida retratada en sus momentos estelares, ni de construir un “timeline” de mi vida en las redes sociales, si soy un voraz consumidor de imágenes sobre el estado del mundo en que vivo, necesito saber lo que pasa en otras latitudes, ver los momentos históricos de la humanidad, explorar el espacio exterior con las cámaras de alta precisión que ahora recorren el sistema solar, ver reproducido el arte que jamás veré en ciertos museos o los rostros de multitudes extasiados en la música de mis artistas favoritos… porque la fotografía hace posible eso y mucho más.
Hoy somos todos fotógrafos, gracias a las cámaras que vienen incorporadas en nuestros teléfonos celulares, laptops y computadoras portátiles, cada vez con una mejor calidad de imágenes; la comunicación sin cables ha hecho posible el inmediato intercambio y publicación de imágenes de eventos que suceden delante de nuestros ojos, el almacenamiento a bajo costo de imágenes en archivos digitales ubicados en nubes, hacen posible que dejemos constancia de los lugares que hemos visto, personas que hemos conocido, aventuras que hemos vivido, mascotas que hemos querido…
Hoy, más que nunca, nuestra vida está constantemente documentada, si no voluntariamente, entonces por las conspicuas cámaras de seguridad que dejan registro de nuestro de nuestro paso, por las cientos de zonas de acceso a edificios públicos, por la inmensa cantidad de “snapshots” que nos toman en bancos y estacionamientos, los incontables “selfies” de los que somos parte con nuestros sobrinos, hasta por las radiografías y ecos de nuestras vísceras que quedan de nuestras visitas médicas.
Nunca hemos estado rodeados por la fotografía como hoy en día. Son tan abundantes las imágenes del mundo, de nuestra cultura, de nosotros mismos, que la manera que tenemos de ver la vida ha cambiado radicalmente.
Como bien dice Zylinska: “Pero, a pesar del constante proceso de imágenes en la experiencia de nuestras vidas y en tan diferentes niveles, el mundo académico y curatorial conservan un cerrado y tradicional discurso sobre el tema de la fotografía. La enorme cantidad de actividades en que la fotografía se ve envuelta no simplemente se asume hoy como objetos, sino participantes del evento mismo, todavía lo califican bajo dos grandes títulos: Fotografía como arte o fotografía como práctica social”.
Zylinska tiene razón, hay que sacar a la fotografía de ese encierro a la que la tienen sometida los amos del arte canónico, principalmente porque la fotografía ya se combina con otras artes de manera natural, son raros los conciertos de música moderna que no recurran a las imágenes proyectadas en las grandes pantallas; lo que está sucediendo con el arte digital es apabullante y la fotografía es uno de sus ingredientes principales, no hay conferencia, recital o puesta en escena que no recurra en algún momento a la fotografía.
Lo que está sucediendo en el mundo del foto reportaje es impresionante; los fotógrafos están registrando eventos insólitos en campos de refugiados, en medio de atentados terroristas, de desastres naturales que dejan al público sin lugar donde esconderse; la existencia de un “gusto popular” por la buena fotografía, construido por la industria de la publicidad, del foto modelaje y el negocio de la moda es un hecho constatable; la fotografía científica, sobre todo la que se hace con poderoso microscopios de nos muestran las fronteras últimas de la materia están cambiando nuestros patrones de diseño y composición. Hay gente que sólo vive para las cámaras, detrás de ellas, operándolas, como los paparazzi; otros hacen vida delante, como si fueran objetos de la prensa del corazón.
Nombres como Henri Cartier-Bresson o Richard Avedon son sinónimos de arte y sus trabajos son expuestos en los mejores museos del mundo; otros fotógrafos de bodas, de niños, de mujeres embarazadas, de retratos de ejecutivos corporativos, muestran estilos y tendencias cada vez más populares… sus registros que quedan en álbumes de familia, en las salas de conferencias de las empresas, en portarretratos que descansan encima del escritorio, o en una estampa en la cartera, son parte de nuestras memorias personales o de las instituciones.
Heiferman, un curador e investigador de la fotografía para el Smithsonian, dijo en ocasión de un gran simposio sobre fotografía en esa institución (2012) lo siguiente: “…la fotografía hace lento el tiempo hasta detenerlo, lo encorrala y deja la información congelada en un instante. Pero igual de impresionante e importante, la fotografía es activa; hace que las cosas se muevan… las fotografías no sólo enseñan cosas. Nos comprometen ópticamente, neurológicamente, intelectualmente, emocionalmente, visceral y físicamente…así como la fotografía cambia nuestro entorno, así mismo cambia ella misma…”
Por último, Joanna Zylinska nos invita a ver la fotografía no sólo como una técnica o tecnología de registro de imágenes, sino como un medio para intervenir el propio concepto de “ser”, por medio de la luz y la posibilidad de congelar el tiempo, podemos obtener instantes de tiempo-espacio que son parte de nosotros, que estructuran nuestras vidas y experiencias, y nos propone incorporar a la fotografía como parte de un mundo híbrido, de medios, agentes, relaciones y redes sobre los cuales incorporamos a nuestras personas con la tecnología, acrecentando nuestras oportunidades para realizarnos como seres humanos en el nuevo siglo XXI. Una propuesta nada despreciable y no carente de riesgos.   –    saulgodoy@gmail.com



domingo, 19 de noviembre de 2017

Marxismo para idiotas


La teoría clásica del marxismo se basaba en una salvaje lucha de clases donde mientras el rico se hacía más rico, el pobre se hacía más pobre, hasta llegado el momento en que el proletariado sería tan grande y los ricos tan pocos (terminarían comiéndose entre ellos, en una especie de darwinismo económico), que sobrevendría la revolución y la instauración del comunismo.
Por supuesto, la utopía del marxismo era lo fundamental: una superioridad moral del marxismo sobre el liberalismo (el pensamiento que cree en las libertades y capacidades individuales, que mucha gente confunde con el capitalismo, que es el sistema económico que deriva de la ideología capitalista).
El socialismo, que es una de las formas y apelativos del comunismo, se basaba en el sacrificio desinteresado y el compartir comunitario entre la gente, valores que, frente a la implacable lógica de explotación motivado por intereses egoístas, hacían del capitalismo un demonio que, por medio de la explotación, la competencia y la alienación, tenía como único resultado un conflicto de clases.
Estas condiciones (contradicciones) que producía el capitalismo, necesariamente injustas, creían que llevaría a las masas empobrecidas a la revolución, sólo había que esperar a estas señales que llevaría a la sociedad a cambios violentos.
Esta manera de ver el capitalismo que tenían los socialistas, lo convertía en un productor de pobreza, de violencia, que derivaba en una estructura donde los ganadores (unos poquitos) estaban en el tope de la pirámide, con una gran cantidad de perdedores en la base; la competencia sería tan fuerte que canibalizaría cualquier intento de surgimiento de una clase media, el capitalismo condenaba a la gran mayoría a la pobreza, de eso no había la menor duda.
En este escenario, los marxistas clásicos sacaron sus cuentas (unas predicciones de carácter “científico” expuestas por Marx en su obra El Capital), que fueron las siguientes: primero, que el proletariado aumentaría y los grados de pobreza también, es decir que todos serían cada vez más pobres, y esto era fácilmente explicable, porque los pobres lo único que tienen para vender es su trabajo, pero al haber más y más pobres el valor del trabajo se devaluaría, los que tuvieran trabajo ganarían cada vez menos. Segundo, que la competencia capitalista obligaría, en unos resultados de suma-cero para todos, a reducir incluso el número de ricos, obligándolos a ceder sus bienes y fortunas a los verdaderos ganadores, a los más agresivos de la cadena alimenticia.
Y de esta manera, los primeros socialistas y comunistas esperaron, y esperaron… y estas predicciones no se cumplían. De hecho, los trabajadores vivían cada vez mejor, los que hacían trabajos manuales se redujeron y los que quedaron ganaban más por sus trabajos; la clase media creció y hasta pudo acumular riquezas, la calidad de vida aumentó para todos, mejoró la salud, había más viviendas para los trabajadores, tenían acceso a mejores servicios, sus hijos se educaban, no había señales por ningún lado de ese malestar social que encendería la revolución, por lo que los marxistas tuvieron que volver a la mesa de diseño y revisar seriamente sus postulados, porque algo no estaba bien.
Entre los que se dieron cuenta de estas contradicciones del socialismo estuvieron los Fabianos, en Inglaterra, un grupo de socialistas que decidieron olvidarse del desagradable asunto de la revolución y encarar el reto socialista por medio de la evolución… lo que significaba convencer, discutir, movilizar y ganar el apoyo con los votos.
Igualmente, los socialistas alemanes se dieron cuenta de que el trabajador común no estaba ni interesado ni preparado para una toma del poder, que lo mejor que podían hacer era preparar una élite de socialistas que educara, dirigiera y hablara, por sus agremiados, con los dueños de los medios de producción y defendiera sus intereses ante el estado, por lo que se fueron más por el lado de las reformas sociales que por la revolución.
En la Rusia anterior a 1917, Lenin también llegó a la conclusión de que el marxismo necesitaba una revisión; su país era más agrario (feudal) que industrial, no había manera de que el capitalismo fuera culpable del atraso, la masa campesina soportaba con estoicismo sus penurias, si se aplicaba las recetas del marxismo clásico, habría que esperar primero que el capitalismo apareciera y madurara en Rusia, para que entonces se encendiera la revolución, lo que iba a tomar muchísimo tiempo.
Lenin ideó entonces llevar a Rusia del feudalismo al socialismo, sin pasar por el capitalismo, por medio de una élite revolucionaria que impusiera a la fuerza la dictadura del proletariado, algo por lo que Marx jamás se había paseado.
El profesor de filosofía Stephen R.C. Hicks nos explica en su libro Postmodernismo (2004) lo que sucedió en China:
“… Mao se había inspirado en los resultados de la revolución Bolshevike de 1917,   - Rusia, escribió en aquel entonces- era el país civilizado número uno en el mundo- aunque no estaba muy impresionado con los resultados del comunismo, en educar y organizar al campesinado chino. De modo que Mao también decidió que había que construir el socialismo directamente sobre el feudalismo. Comparado con Rusia, China tenía aun menos conciencia política de masas. Consecuentemente, creía que el campesinado tenía un papel en la revolución, pero un fuerte liderazgo de élite era necesario. Mao introdujo dos variaciones que Lenin no había incorporado. En la visión del marxismo clásico el socialismo debía desarrollar una base económica industrial y tecnológica, que sería originada y mantenida por las fuerzas de la lógica dialéctica. Mao desestimó la tecnología y la racionalidad, Decidió que el socialismo chino sería más agrario y bajo en tecnología y que estaría basado menos en lógica y la razón, y se afincaría en la menos predecible voluntad y asertividad del pueblo.”

Todo este movimiento de cambios y transformaciones en el marxismo, llegaría a concluir lo que ya declaraba la corriente del nacional socialismo y del fascismo en la Europa de los años 30 del pasado siglo, y era que el socialismo necesitaba de una aristocracia; el socialismo era para la gente, pero dejó de ser por la gente; para alcanzar el socialismo, en medio del triunfo capitalista en el mundo, se hacía necesario un liderazgo fuerte y despiadado, que le dijera a las masas lo que tenían que pensar y hacer en el momento preciso.
Esta deriva hacia el autoritarismo y el totalitarismo marcaría el avance del socialismo en el mundo, a costa de grandes genocidios, hambrunas, guerras y quiebras económicas. El socialismo, llevado a cabo por unos “revolucionarios profesionales”, ha marcado el profundo retraso en buena parte de los países que tuvieron la mala suerte de ser contagiados por la utopía marxista, donde los únicos que gozan de los beneficios y de los privilegios del poder son, precisamente, las élites revolucionarias; la gran mayoría, el pueblo, debe tener fe en que, en algún momento en el lejano futuro, les toque a ellos descansar de las penurias y las carencias en que viven.
Mientras tanto, el capitalismo avanza sin competencia, aumentando la calidad de vida de las naciones que deciden hacerlo su forma de vida; vivir en democracia y en libertad, parece, no tiene parangón frente al primitivo culto al socialismo, de esos políticos que prometen el paraíso en la tierra y que todo lo hacen por amor.
El socialismo y el comunismo son una farsa; su historia es la del acomodo de un grupo de parásitos en el gobierno, para explotar a los pueblos y arruinarlos; no se trata de un sistema o de ideas económicas viables, que generen riqueza y productividad, es sólo un catecismo de mentiras y un listado de buenas intenciones, que sólo conducen al abismo del colectivismo.
El capitalismo, en cambio, es el reflejo natural de la vida de los mercados, de la producción libre y en competencia por los mejores productos y precios, de la mejor oferta a los consumidores, quienes por medio de la libre oferta y la demanda determinan lo que valen las cosas; el capitalismo es un verdadero sistema económico, el único, hasta el momento, capaz de adaptarse a las diferentes circunstancias y mercados, que ha sorteado diferentes crisis, el único que ha podido levantar países arruinados por devastadoras guerras y sacado a sociedades enteras del desespero de la pobreza.

El socialismo y el liberalismo son ideologías, el capitalismo y la planificación centralizada del estado (el favorito de los comunistas y socialistas), son sistemas económicos. Quienes pretendan sacar a un país de la miseria, e integrarlo al progreso, por medio de experimentos sociales y sistemas económicos basados en sentimientos y “puntadas” están destinados al fracaso. Eso es historia.   -   saulgodoy@gmail.com 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Cómo el chavismo odia, simulando no odiar


Es más que evidente que la jugada política del chavismo, de atacar la libertad de expresión utilizando leyes contra el odio, aprobadas por medio de ese esperpento jurídico que quieren imponer a sangre y fuego en Venezuela, la Asamblea Constituyente Cubana, es no sólo un acto de hipocresía mayúsculo, sino una contradicción, en términos que ponen al descubierto la naturaleza enferma y torcida del régimen y sus actores políticos.
La ciudadana Delcy Rodríguez se ha transformado en la perseguidora de oficio de un gobierno claramente fascista, contra la oposición política y miembros de la sociedad civil, principalmente comunicadores sociales, intelectuales, académicos… todo aquel que, con argumentos y razones, exponga al chavismo como lo que es, un pequeño soviet de comunistas resentidos y vengativos, está en peligro de ser acusado como instigador del odio por cualquier razón de las que alega el articulado de una ley abominable para la democracia.
El comportamiento de esta señora es propia de una agresora proactiva, su comportamiento raya en lo psicopatía, cree que obtiene beneficios comportándose de manera agresiva y violenta, que eso le da  poder y control sobre los otros, y lo hace de una manera calculada y fría, los hermanos Rodríguez se han destacado entre el chavismo como personas egocéntricas que tienen muy poca empatía por su prójimo lo que los hace en política, actores sin emociones humanas y con un marcado comportamiento antisocial.
Para nadie es un secreto que el principal promotor del odio en nuestro país ha sido el mismo régimen chavista; un odio de clases sobre el que los chavistas han obtenido réditos políticos, que han fomentado para crear divisiones, para fomentar el conflicto, para denigrar de unos sectores, para destruir personalidades, parea justificar expropiaciones… eso es es leche derramada en el camino que no pueden recoger; allí están, como evidencia, horas y horas de infames programas de televisión Aló Presidente, miles de páginas de discursos con explícitos llamados a la violencia social, ríos de tinta de declaraciones a la prensa, artículos y noticias, por si fuera poco existen las denuncias y expedientes que en estos momentos están bajo estudio de tribunales internacionales por violaciones graves de Derechos Humanos, incluyendo cargos por genocidio, asesinatos, torturas, desapariciones, encarcelamientos políticos donde lo que destaca, es la inmensa sed de revanchismo y destrucción que el chavismo ha promovido contra el pueblo de Venezuela.
El chavismo no solo se ha jactado de que su grupo es el de los patriotas, el de los verdaderos cristianos, que son los únicos venezolanos hijos de Bolívar, los herederos de los héroes de la independencia, los auténticos revolucionarios, el pueblo originario… y en la acera del frente nos han acusado a quienes no creemos en tales aseveraciones de que somos los apátridas, los pityankis, el enemigo a vencer, los imperialistas, los vende patria, los burgueses, a quienes hay que freírle las cabezas en aceite, no darles ni agua, contra quienes hay que utilizar armas letales si protestan, somos los escuálidos que no merecemos sino gas del bueno, cuando en las calles son asesinados nuestros jóvenes por protestar, Maduro lo que hace es bailar sobre una tarima como gesto de desprecio, transmitido en cadena nacional, si eso no es el ejercicio más descarnado del odio, promocionado por todos los medios posibles y por el que se han caracterizado hasta el día de hoy, entonces no sé que es odiar.
Chávez fue un promotor insigne y a tiempo completo de una cantidad de pasiones desordenadas, principalmente del odio que marcaban sus discursos, confundía el amor y la ira, la venganza con la felicidad, las emociones subían en él, cómo burbujas de agua carbonada, a montones, de manera caótica, por un lado maldecía nuestra herencia hispánica y los terribles sucesos negativos de la conquista, pero alababa la fiereza de los Caribe y su resistencia violenta al invasor, jamás se refirió a la sanguinaria dominación imperial de los Aztecas  e Incas sobre otros pueblos indígenas, justo antes de la llegada de Colón a América, despreciaba en grado sumo el mercantilismo y el capitalismo, culpándolos de todas las desgracias del mundo, pero era incapaz de mencionar las hambrunas desatadas en la Rusia de Stalin o la China de Mao.
Se la pasaba insultando a personalidades y ciudadanos que lo contradecían o pensaban diferente, famoso fue su desplante en contra del Presidente de los EEUU, el Sr. G.W. Bush en el seno de la ONU cuando en un discurso se refirió a él como un demonio, o sus referencias al ex Presidente Colombiano Alvaro Uribe, a al ex Director de la OEA, Insulsa, cuando sus opiniones se desmarcaban de su voluntad revolucionaria, Maduro no se queda atrás en su repertorio de insultos y amenazas en contra de sus contrarios.
Folclórico eran las ausencias al terror revolucionario cubano en sus memoriosos ditirambos sobre los gloriosos tiempos de Fidel, sin las menciones a las masacres protagonizadas por el Ché en la lúgubre Cabaña, ni de los fusilamientos, ni de las cárceles donde murieron tantos seres humanos sin jamás pasar por un tribunal, su visión sesgada de la historia reciente venezolana lo hacían crítico de los crímenes de la democracia, pero hacía mutis a los desafueros de la guerrilla, de sus asesinatos, secuestros y atentados.
Es claro que a socialistas bolivarianos del siglo XXI no les importa este comportamiento afásico, que estas contradicciones de pensamiento y actitud les tienen sin cuidado, porque su verdadera intención no es la justicia, ni siquiera es la rectificación, sino la profundización de su odio contra la Venezuela libre, decente y democrática, porque les conviene, y están utilizando estas supuestas leyes contra el odio para continuar con su claro propósito de demoler el estado de derecho, la civilización y la cordura en nuestro país.
La verdadera motivación detrás de estas leyes en contra del odio es silenciar la protesta, censurar el pensamiento crítico, ocultar crímenes de lesa humanidad y eliminar a la oposición política, anuncian cierre de medios de comunicación, detenciones de personas supuestamente incursas en estos delitos, multas, con toda la intención de sumir en el silencio la protesta política, detener las manifestaciones de rechazo en contra de funcionarios identificados con hechos de corrupción, con crímenes violentos e injusticias en contra de los ciudadanos.
La ley le deja una amplísima potestad de interpretación a los funcionarios encargados de aplicarla, cualquier pensamiento o idea puede ser tomada como incitación al odio, sobre todo en lo que se refiere a la política y la ideología, donde necesariamente se dan como naturales los rechazos, críticas y posiciones antagónicas, en las leyes que he estudiado sobre normas que regulan el discurso del odio, los legisladores se han tomado el cuidado justamente de dejar fuera a la política y la ideología precisamente por su carácter polémico y de apasionadas discusiones, en la que insultos, amenazas y acusaciones resultan normales.
De hecho, el derecho a la libre expresión, que es una de las piedras fundamentales de la democracia es defendido a capa y espada por la mayoría de los órganos legislativos y judiciales del mundo libre, fundamentalmente porque el libre flujo de las ideas es la única manera de garantizar llegar a la verdad, aunque parezca lo contrario dado el innumerable número de provisiones legales para proteger a funcionarios del gobierno, cabezas de estado y altos dignatarios de los eventuales insultos que pudieran recibir por su desempeño o posición ante diversas políticas, se prefiere con mucho las aproximaciones no punitivas y a lo sumo tratar el asunto como un caso civil, nunca penal.
En Venezuela se da el caso muy particular que el gobierno socialista bolivariano tiene una propensión hacia el castigo y la aplicación de penas criminales en muchas materias, esto viene dado por su naturaleza autoritaria y su talante totalitario, de hecho, al tratarse de una narco-dictadura, como está siendo reconocido en el ámbito internacional, es natural que sus operadores se sientan inseguros y víctimas de retaliaciones, por lo que prefieren que sus personas no vean involucradas en acusaciones y críticas que pudieran empeorar su situación e imagen pública, algunos de ellos buscados por organismos policiales internacionales.
Pero lo que más llama la atención es que un gobierno que practica de manera masiva las detenciones de políticos de la oposición y los tortura, tenga la desfachatez de mencionar en la ley contra el odio, que las penas que impone de manera arbitraria y en procesos que parecen más bien ejecuciones sumariales, tengan la intención de fomentar la tolerancia y el respeto por los derechos humanos, incluyendo el cierre de medios de comunicación que no es otra cosa que la continuación de su campaña por la censura, esta vez con la excusa de evitar el odio.
La realización en el país de un pensamiento único, de la hegemonía del socialismo sobre las demás formas de ideología, la existencia de un único partido, de un solo líder, de una sola voz necesariamente traen detrás la exclusión social, el apartheid, la persecución política, la eliminación del enemigo diferente, no se puede alcanzar la armonía social cuando un grupo minoritario se hace con el poder para obligar a los demás a asumir una posición de servidumbre y dependencia, es el caldo de cultivo perfecto para el odio entre el opresor y el oprimido.
Este aparente paradigma de tratar de acallar críticas, protestas, señalamientos contra las acciones del régimen, por medio de unos instrumentos para corregir defectos de la libertad de expresión, como sería la de ciertos excesos de opinión contra los funcionarios y la organización política que los acoge, no es una novedad en el comportamiento político de los socialistas en general; históricamente, este grupo político ha demostrado que puede vivir en las contradicciones propias de una dialéctica fragmentada y sin sentido, son agentes del pragmatismo más primitivo y egoísta; el socialismo utiliza la mentira, los argumentos sofistas, la retórica barata, la fantasía, argumentos insostenibles en la realidad… lo que es bueno para su causa, no importa si es coherente, si funciona y logra dominar y silenciar a la gente, es útil.
Nos recuerda Slavoj Žižek  que, después de reunirse con Nixon y Kissinger, Mao dijo: «Me gusta tratar con derechistas. Dicen lo que realmente piensan, no como esos izquierdistas que dicen una cosa y quieren decir otra».
Lo peor de este escenario de leyes contra el odio que restringen el derecho a la libre expresión, es que lo que hacen, es fomentar más el odio, los chavistas, como buenos revolucionarios, en su afán por destruir el orden burgués establecido, incluida su ideología, desprecian de tal grado el sentido jurídico y el estado de derecho que lo utilizan para destruir el tejido social del país. No hace falta más que mirar la desfachatez de copiarse una Asamblea Constituyente comunal, al mejor estilo cubano, como órgano supremo de un supuesto principio legal, que legisla sin participación del pueblo soberano, contra nuestra Constitución Nacional, únicamente que para atacar a sus enemigos políticos… y hacer leyes para adelantar su proyecto de odio, incluyendo leyes contra lo que ellos dictan que es odio y que todo los venezolanos sabemos, no aplicarán para los chavistas.
La ley contra el odio peca en sobre simplificar la naturaleza del odio, lleva al error de catalogar todo comportamiento agresivo como odio, hay agresiones que son signadas por la ansiedad, la desesperanza o la impulsividad que no necesariamente es odio ni apunta a él, pero en la ley no se establecen diferenciaciones y castiga a todas estas manifestaciones del comportamiento humano con una crueldad que raya en el odio mismo.
Las sociedades que se han comprometido a defender la libertad de expresión como piedra fundamental de la democracia, están dispuestas a soportar las expresiones destempladas, a veces obscenas, rudas y hasta falsas de algunos de sus miembros, aún aquellos comentarios que aparentan racismo y que pensamos podría ser dañino para la armonía social, pareciera que se valora más la libertad de expresión que la igualdad cuando suceden estos momentos de aparente abuso de esa libertad, sobre todo en el caldeado mundo de la política, todo depende del grado de compromiso que exista en esa sociedad.
Pero el compromiso a la libertad de expresión no significa que alguien pueda decir lo que le venga en gana, eso no es así, de hecho, muchas expresiones están reguladas, algunas tienen repercusiones judiciales, pero la tendencia universal es hacer que estas regulaciones sean cada vez más difíciles y complicadas, es por ello que, cuando un régimen como el chavismo se auto-promueve como garante de la pureza del lenguaje y la expresión equilibrada, como tribunal inquisidor del comportamiento humano y penalice, de la manera que lo hace las supuestas expresiones de odio, sabiendo de sus antecedentes como violador flagrante de los derechos humanos, la duda surge irremediablemente sobre sus verdaderas intenciones.
El chavismo cree en el voluntarismo como fuerza creadora, son solipsistas de corazón, están convencidos que la felicidad de todo un pueblo se puede decretar, así como la prosperidad económica, las navidades, el amor, y ahora les dio por decretar la prohibición de uno de los sentimientos humanos más poderosos y libres, el odio.
Nicolás Maduro ha demostrado estar desubicado en muchas materias durante su paso como usurpador de la jefatura del estado venezolano, pero ha sido en materia económica donde su precariedad ha quedado manifiesta, no entiende que los billetes de la masa monetaria tienen vida propia una vez que no cuentan con un respaldo de valor, no se pueden sacar de circulación por decreto, ni se puede decretar una reestructuración de la deuda, ni se puede detener la inflación decretando aumentos salariales, ni se puede decretar la confianza en un sistema que no produce, menos aún decretar precios de los bienes y servicios sin tomar en consideración sus costos de producción, después de 18 años de penurias todavía no se ha dado cuenta que lo que él quisiera y desea, no se resuelve con simplemente escribirlo en un papel y declarar ¡Aprobado!
Bajo este esquema intuitivo, de “puntadas”, de cómo va viniendo vamos viendo es que el país se ha hundido en la miseria, no es el interés común ni las necesidades de la gente lo que impera al momento de gobernar, sino exclusivamente el interés personal del claque alrededor de la Presidencia, de la mafia que controla el presupuesto nacional, de los que juegan con el valor del dólar oficial y el paralelo, de los que tienen metidas sus manos en el negocio petrolero, en la compra de alimentos y medicinas al exterior, de los que manejan el contrabando de combustible…
Razones para odiar a los chavistas las hay de sobra, son inhumanos, salvajes y están enfermos de poder, le han hecho mal a millones de venezolanos, no tienen medida para sus ambiciones y continúan destruyendo a las familias, permiten que numerosos niños mueran de desnutrición, que los enfermos graves enfrenten el fin de sus vidas en medio del desahucio más espantoso, que los viejitos se vayan apagando poco a poco y sin esperanzas, espantan a los jóvenes y talentosos para que huyan del país, acaban con etnias de nuestros aborígenes dejando que sucumban con enfermedades tratables pero sumamente contagiosas y mortales sin tratamiento, es decir, les importa un carajo el pueblo, y eso, es lo que no quieren que se diga de ellos.
Eso de estar acusando a los demás de fomentar el odio, sin mirarse la paja en el propio ojo, desestimando las campañas de en contra de la reputación de políticos de la oposición, de sectores completos, como sería el empresariado venezolano, a quienes culpan de ser fichas del imperio en la guerra económica, de la destrucción de la vida de ciudadanos venezolanos acusados, detenidos y condenados por supuestamente sabotear los servicios públicos, para ocultar con ello las severas deficiencias e incapacidad del estado socialista en brindar correctamente esos servicios, de fomentar el odio social contra periodistas, como acaba de suceder con un reportero de la publicación Dollar Today, el cual fue secuestrado, vejado, golpeado, precisamente por la campaña de odio que sostiene, contra de ese medio, el colombiano indocumentado que esta usurpando la Presidencia de la República, Nicolás Maduro.
Es obvio, para todo el que tenga ojos y entendimiento, que lo que el régimen persigue es el control absoluto sobre la libertad del pensamiento y de expresión en nuestro país, y que utiliza esos subterfugios de leyes contra el odio como herramientas de persecución política y censura, para sumir al país en el silencio oprobioso, ante los desafueros de un estado socialista fracasado e impopular.
La realidad es terca y contundente, el país está al garete, el chavismo no gobierna, simplemente reprime, miente y saquea lo que puede como puede, en medio de una puesta en escena de que son gobierno; pero nadie se traga el cuento, ni aquí ni afuera, los representantes del chavismo reciben el trato que se han ganado como corruptos, violentos y falsos, ningún gobierno del mundo les cree lo que dicen, y lo que hacen es tan meridianamente claro que ya las palabras y los actos de mimetismo les quedan grandes.
Han perdido todo contacto con la verdad y tratan de construir una versión alterna que les sirva a sus propósitos; hacer parecer lo que no es, y decir que son lo que nunca serán… y quien les grite que están desnudos, porque no es lo que quieren escuchar, será acusado de odiarlos, de querer exponerlos al escarnio público, de que no los respeta.
El respeto no se gana a golpes ni asesinando personas, poner a la Guardia Nacional a perseguir gente que habla mal del gobierno es tan fútil como declarar que el chavismo cree en la democracia; las llagas y las bubas de la peste no se pueden ocultar, su mal olor no se disfraza con los perfumes, sus deformidades no se ocultan bajo las ropas de marca, ni las joyas… cuando se es un pestilente, la única manera de lograr una cura es aceptar que se trata de un enfermo, que necesita ser tratado, quizás entonces haya una posibilidad de limpiar las marcas de la dolencia, desinfectar sus fístulas, cauterizar las heridas abiertas, limpiar el cuerpo de sus secreciones… y eliminar los hedores.
Pero ya es muy tarde para eso, la enfermedad les ha llegado a la cabeza y han perdido la razón; pretenden vivir en otro lugar, con otra gente, con otras costumbres y, como buenos socialistas, creen ser dueños de la verdad, la imponen a la fuerza y, jamás ni nunca, pensarán que han cometido error alguno, todo lo contrario, están absolutamente convencidos de que el país les debe agradecimiento y respeto por mostrarle el verdadero camino… así tengan a los venezolanos comiendo de la basura mientras claman en los foros internacionales que en el país no hay crisis, que todo está normal, porque el chavismo ha decretado que somos un país potencia donde lo que existe, según ellos, es un exceso de libertades.      –      saulgodoy@gmail.com