viernes, 18 de mayo de 2018

No somos iguales



Para mí no hay discusión, los venezolanos hemos cometido un garrafal error al creer que la igualdad ante la ley iba a solucionar nuestros problemas de justicia, de equidad y de estabilidad social, partiendo de un supuesto, totalmente errado, de que el ignorante podía tener injerencia en la misma medida que los que tenemos algo de cultura al momento de decidir el futuro de nuestra sociedad.
Los valores absolutos muchas veces aturden y confunden; pensar que darle el voto a los analfabetas, a los vagos, a maleantes, a quienes no pueden ni saben cómo sostenerse económicamente, por aquello que se trata de un derecho universal del ser humano, nos llevó a la destrucción de Venezuela.
Lo que estoy diciendo, presumiblemente, es antidemocrático, discriminatorio, contradice los principios republicanos y de libertad conquistados por la lucha de nuestra independencia y por los derechos humanos, pero quiero, antes de que pasen su veredicto sobre lo que estoy sugiriendo, que se empapen de mis argumentos y me permitan demostrarles que esta falta de precaución, en cuanto a otorgar derechos por el simple hecho de tener un ombligo, no ha sido una buena idea y, para muestra, allí tenemos al país destruido y envilecido por una maquinaria política que, justamente, se valió de tal debilidad, que al final es, también, ignorancia de quienes se declaran humanistas y permitieron que una mayoría desquiciada y presa de fantasías, manipulada en su ingenuidad, condujera a Venezuela al precipicio.
Los derechos humanos son un logro de la dignidad del hombre; pienso que los derechos políticos son fundamentales para que las naciones puedan funcionar en paz, buscando la prosperidad, la convivencia y el tan deseado desarrollo humano, que conduce a la felicidad de los pueblos, pero se trata de un camino que hay que saber recorrer.
En este sentido,  la democracia ha probado, con mucho, ser el mejor sistema político para tratar de lograr esos fines; el principio de que la mayoría manda es contundente, respetando, por supuesto, a las minorías, pero los asuntos que requieren de decisiones que nos afectan a todos, necesitan de discusiones, de debates, de participación y, finalmente, de una votación donde se impondrá el interés general, el de la mayoría.
Pero en esos escenarios ideales estamos hablando de gente más o menos parecida, con intereses comunes, con ideas más o menos compartidas, con una visión del mundo semejante, con objetivos y valores que sustenten una sociedad de iguales, no sólo en la apariencia, existen sociedades multiétnicas que se la llevan muy bien, se trata, creo, de que por lo menos hablemos el mismo idioma y razonemos en los mismos términos.
Y aquí es donde se hace relevante que ese grupo no solamente comparta una cultura común, sino que tenga un nivel de cultura que les permita la comunicación con fines de transar, de negociar, de llegar a acuerdos.
Uno no puede esperar conseguir conciertos con una persona enferma, alcohólica, demente, minusválida en sus capacidades cognitivas, y aquí incluyo a personas ideologizadas en doctrinas antidemocráticas y excluyentes, fanáticas, en el sentido de querer imponerle a los demás su ideario y visión del mundo, sin escuchar argumentos en contrario, sin posibilidad de que se salga del modelo de pensamiento que tiene implantado… a ese tipo de personas habría que ayudarlas, someterlas a algún tipo de terapia para rescatarlas de ese patrón totalitario y autoritario, de ese rizo que no tiene salida, para ello se requiere de ayuda especializada, médicos, psiquiatras, trabajadores sociales, terapeutas.
La ignorancia es una calamidad social, que se cierne sobre personas excluidas, marginales, por lo general, pobres; en una sociedad “normal” los ignaros existen y conforman una minoría a la que hay que atender por medio de programas educativos, de atención social… necesariamente, hay que intervenirlos y tratar de sacarlos de la miseria en la que viven, proveyéndolos de dignidad, autoestima, de un oficio que los haga autosustentables… en resumen, es un deber de la sociedad, en general, atender a este segmento de la población para mejorar su condición humana y que participen de la vida en sociedad.
Por lo general, como son excluidos, no gozan de la participación en la sociedad; estas personas no ejercen sus derechos políticos, aún teniéndolos, no participan en política, no votan, no saben cómo, muchas veces no comprenden de qué trata el debate político ni cómo la política pudiera ayudarlos; como no les interesa, no están inscritos en los padrones electorales, muchos de ellos ni siquiera portan documentación de identidad, algunos ni siquiera tienen domicilio conocido.
Pero siguen siendo un problema para la sociedad, pueden convertirse en un problema de seguridad pública, son el pasto perfecto para el crimen y el vicio; al desatenderlos, se convierten en una carga social.
Pero la ignorancia no es exclusiva de los excluidos y los pobres, la ignorancia penetra y empapa a todo el tejido social; aún en las clases privilegiadas hay ignorancia, muchas veces ciega y muy peligrosa, debido a que esas personas, al interactuar y convivir con la sociedad, muchas veces devienen en destacados participantes, y pueden llegar a ser admirados y tenidos como modelos.
Así como encontramos que la drogadicción y la demencia no reconocen atributos sociales, del mismo modo la ignorancia es libre y, cuando pasa sin detección, se convierte en una amenaza; puede una persona obtener títulos universitarios y aún desconocer valores y principios para vivir una vida honesta y útil; lo peor es que puede ser presa fácil de las ideologías totalitarias.
En este sentido, Venezuela ha sido pionera, en la política de la región, en la existencia de partidos políticos cuyo único interés es captar para sus filas a excluidos e ignorantes de toda ralea, con el propósito de no sólo abultar su nómina de adeptos, sino de anunciar que los lleva al poder para que gobiernen.
Son organizaciones que ubican a estas personas con problemas, los censan, los visitan, los organizan, lo reclutan en sus programas, los llevan y los traen, les dan drogas, alcohol, los ideologizan, los manipulan, los chantajean con comida, los amenazan, los uniforman y les dicen lo que tienen que hacer, dónde, cómo y cuándo.
La actividad de ese tipo de organizaciones en una sociedad es un claro indicio de que la democracia está enferma; utilizar la biopolítica, las necesidades biológicas de la persona, alimentos, medicina, agua potable, energía, transporte, efectivo, aumentos de salario, entre otras, y captar seguidores por la vía del chantaje, humillándolos y llevándolos a la más siniestra de las dependencias, nos pone en un escenario del fin de las libertades… nos adentramos, entonces, en la fórmula de domesticación de un pueblo, de su total bestialización.
Lo que llama la atención es que el sistema político venezolano haya permitido que se presentara una ocasión para esta fórmula, como si fuera de lo más normal que los locos de un sanatorio formaran una organización política, se lanzaran a unas elecciones, ganaran y gobernaran por veinte largos años.
Los más ineptos, los menos preparados, los más violentos y alucinados tuvieron su oportunidad en nuestro país, sin oposición alguna, es más, con el expreso reconocimiento de todas las instituciones políticas ligadas a la actividad, con el apoyo de los partidos políticos tradicionales, como si se tratara de un gobierno legítimo, y pretendiendo que, efectivamente, representaban a todo el país, incluyendo a la verdadera mayoría de personas cultas, cuerdas y democráticas… bueno, ni tan razonables, porque al permitir tan absurda situación se hicieron parte del problema.
Díganme, si unos partidos políticos aceptan como pares a un grupo de golpistas, comunistas, violentos, ignorantes y antidemocráticos, si les permiten ir a unas elecciones, si les respetan sus derechos, como si fueran gente lúcida y, aún sabiendo lo que iban hacer, porque lo decían, les dejan ganar y los invisten con el poder de gobernar, ¿Quiénes son los dementes?
Tener un ombligo no es garantía, ni siquiera de que se es un ser humano; el derecho a la participación política, el derecho al voto y otros muchos derechos de los llamados “universales” deben ser solo para gente, no para mamíferos bípedos antropomorfos, que mascullan algunas palabras y que no tienen la menor idea de lo que es dignidad, moral, valores, principios, respeto y, menos aún, democracia.
Muchos de esos excluidos y miserables vendieron sus votos por un plato de comida; otros tenían un precio más alto: algunos se llenaron de tanto oro y plata que apenas podían moverse… la minoría de excluidos se convirtió en mayoría cuando el gobierno de los ineptos arruinó a la sociedad, distribuyó las carencias por igual, excepto para los privilegiados, la élite de esa manada de ignorantes que cayó sobre Venezuela y la saqueó sin misericordia.
La igualdad es, lo que llaman los abogados, una ficción jurídica; el mundo consiste en una variedad inconmensurable de diferencias, a todo nivel y escala; la biología nunca se repite, la química es una constante de variaciones y combinaciones, la física es cambio constante… la igualdad es una creación del intelecto, un ideal inalcanzable; podemos aproximarnos, llegarle cerca, pero nunca es absoluta, como pretenden ciertos regímenes políticos y dogmas religiosos.
¿Soy igual a ellos? No, no lo soy, nunca lo seré; mi voto, mi opinión, mi derecho, jamás serán iguales a los de un demente, un alcohólico, un reposero o un idiota, ¿Me hace eso un enemigo del pueblo, un fascista? No lo creo. Ninguna decisión informada y hecha a conciencia de sus consecuencias, donde intermedia la moral, se puede comparar a una puntada o un presentimiento, no se puede comparar con el uso de una caja CLAP con alimentos para intercambiar votos por mitigación del hambre, aunque al final, en la contabilización de los votos, a todos se les dé el mismo valor.
La democracia sin un poco de sentido común se convierte en una merienda de negros, con todo el sentido que tenía una merienda de negros en tiempos de la colonia venezolana… es sólo una guachafita.   -   saulgodoy@gmail.com






jueves, 17 de mayo de 2018

Ghost in the shell



Hace poco me obsequiaron el DVD original (me lo trajeron como regalo del norte) del film  Ghost in the Shell (2017), del director Rupert Sanders y con la actuación de Scarlett Johanson, me había negado verla porque no quería desilusionarme, tengo en muy alta estima la obra original, el anime japonés (1995) dirigido por Mamoru Oshii, y basado en el manga original (1989) escrito e ilustrado por Massamune Shirow.
Desde que supe que estaban haciendo la película con actores reales me hice la idea que sería una mala versión de la de dibujos animados, pero me equivoqué, no contaba con el muy buen trabajo que hicieron los guionistas Jonathan Herman y Jamie Moss, con el despliegue tecnológico detrás de la gente de Dreamwork y Reliance Entertaiment y las fabulosas actuaciones de la bellísima Scalett y del “duro” Michael Pitt, la película colmó todas mis exigencias, razón por la cual la recomiendo para todos aquellos que les guste la ciencia ficción.
Quise hacer esta breve reseña porque la historia toca uno de los temas fundamentales para mi comprensión de la vida, y que todavía es un misterio, pero creo, será finalmente resuelto en esta centuria, y es sobre la naturaleza de la conciencia.
Y viene al caso, porque estuve leyendo un interesante artículo (2018) del periodista Steve Volk sobre la sorprendente teoría del médico anestesiólogo Stuart Hameroff, quien sostiene una teoría que afirma, que el grueso de la conciencia se produce a niveles cuánticos, donde los protones y electrones se comportan de una manera extraña en un universo subatómico donde existen estos microtubos, hechos de una substancia llamada tubulin, que son unas proteínas flexibles y que se juntan en cadenas formando estos microtubos, miles de veces más pequeños que una célula roja de la sangre.
Estos microtubos están presentes en toda estructura biológica actuando como soporte, como si fuera un esqueleto muy básico de toda organización celular.
Y es en ese mundo de nanoescalas en donde la energía cuántica es Reina, son sus dominios, y nuestro cerebro está lleno de estas estructuras, es un inmenso colador de microtubos conectando a las neuronas a escalas aún mucho más pequeñas, y allí es donde se produce la conciencia.
Hameroff tuvo la fortuna de contar con el respaldo de uno de los físicos matemáticos más prestigiosos del mundo, nada menos que Roger Penrose, y entre ambos, han desarrollado un modelo conocido como Reducción Objetiva Orquestada, o Orch-Or (siglas en inglés) que para su buena fortuna, están consiguiendo evidencia en laboratorios alrededor del mundo que apoyan sus ideas, y cada vez más científicos están montándose en esa carreta, Penrose no estaba equivocado, la conciencia tiene sus raíces en el universo cuántico.
Pues la historia de Ghost in the Shell, tiene un largo antecedente de carácter filosófico, que ya hemos tratado en algunos artículos cuando elaboramos sobre el pensamiento de John Searle y Daniel Denett, y que el investigador y filósofo de la Universidad de Ljubljana, el doctor Mirt Komel, lanza su red aún más atrás en la historia para traernos a Plutarco, a Descarte, a Julien Offray, a Spinoza, a Hegel, Kolster, Gilbert Ryle… el problema de la dualidad en el hombre, entre cuerpo y alma, que es el punto central en la historia que un día se inventó Massamune Shirow, sigue dando qué hacer.
En la historia original (que se llamaba La Policía Armada Móvil Anti-motines) en una ciudad de nombre Niihama, en el siglo XXI en Japón, el jefe de la llamada Sección 9, de Seguridad Pública maneja un equipo que combate el ciber-terrorismo, en ese tiempo existía la posibilidad y la tecnología para que cualquier persona pudiera tener sus cerebros conectados, por medio de una serie de interfaces, a servicios de información y memoria de alto rendimiento, incluso podía reemplazar partes de su cuerpo con piezas electromecánicas muy eficientes, desde ojos, órganos internos, extremidades, y había quienes podían migrar a un cuerpo enteramente sintético, que eran los cyborg.
De este estado de cosas se desprendían varias cuestiones de orden filosófico, ya que la persona conservando su “fantasma” (conciencia, algunos le dicen alma) conservaba su individualidad, su personalidad no importando el vehículo que usara, o sea el cuerpo.
Esto lo diferenciaba de los robots, que eran simples máquinas con un programa que los hacía funcionar, los fantasmas no se podían duplicar, venían como parte del paquete humano y eran originales, pero entonces surgía la duda (la paradoja de la nave de Teseo) ¿Cuánto puedo cambiar de cuerpo y conservarme yo, tal cual soy?
Me recuerda la historia que acostumbraba a contar el general y padre de la patria Norteamericana, George Washington, decía que conservaba consigo el hacha de su bisabuelo, lo único es que le habían tenido que cambiarle varias veces el cabezal por desgaste, y luego el palo que le servía de cabo porque se rompía, pero seguía siendo el hacha de su pariente y lo exhibía con orgullo sobre la chimenea.
Arthur Koestler creía que el fantasma es un atributo del cuerpo, su obra El espíritu en la Máquina así lo explica, el alma es un subproducto de la biología, de modo que no era extraño que la eficiente Comandante Motoko Kusanagi entrara en unas profundas crisis de identidad y existenciales, luego de varios accidentes en su línea de trabajo, su cuerpo había sido totalmente reconstruido, la pregunta que le atormentaba era ¿Quién soy?
Pues bien, resulta que en aquella organización de seguridad pública había una Sección 6, que estaba encargada del tema de la Inteligencia Artificial, y que en uno de sus experimentos habían creado un programa experto en jaquear los cuerpos artificiales y tomar control sobre sus funciones, el problema fue, que el programa ya no respondía a los comandos que se le deban, se hizo independiente y para colmo de males, se escapó y empezó a cometer crímenes desde la clandestinidad, el programa saltaba de cuerpo en cuerpo en las grandes fábricas de prótesis sintéticas.
Le tocó a la Comandante Motoko la misión de encontrar y neutralizar al programa rebelde que se hacía llamar El Titiritero, se da entonces en la historia una interesante disyuntiva hegeliana, Motoko se encuentra en una profunda depresión, donde se siente como un cuerpo sin fantasma, y el Titiritero actúa como un fantasma sin cuerpo.
Tienen que ver la película, bien el animé, o la última versión con Scarlett Johanson, la historia es tan buena que luego de su gran éxito como Manga (revista de comic japonés), la hicieron un animé (película de dibujos animados), luego produjeron en Japón dos series de televisión de mucho éxito, después vinieron los video juegos, una primera versión en PlayStation (1997), y una nueva en Nexon (2016), Ghost in the Shell se convirtió en una mina de oro que no ha dejado de sorprender en el mundo del entretenimiento, y sigue siendo una historia de culto para los amantes de la ciencia ficción, con el agregado que ahora, hay escuelas de filosofía que la están utilizando como introducción al problema sobre la conciencia, ¿Qué tal?   -   saulgodoy@gmail.com




lunes, 14 de mayo de 2018

El caso Venezuela: Aprendizajes



Para el resto del mundo el caso Venezuela puede ser un muy rico caudal de experiencias sociológicas, políticas, económicas, de seguridad y fundamentalmente de ideologías nocivas actuando sobre las sociedades para luego destruirlas.
La inhumana arremetida del castro comunismo contra la línea de sustentabilidad de la nación, y la destrucción de la capacidad productiva del país, y que generó una inmensa demostración de rechazo por parte del pueblo venezolano, en masivas movilizaciones, protestas, paros y otras manifestaciones de defensa cívica, no fueron suficientes para detener  a un régimen criminal que por su origen electoral y legítimo, engañó a la percepción internacional como una novedosa manera de gobierno socialista, y se le permitió, mucho más allá de lo que la prudencia aconsejaba, que continuara en su labor de destrucción, disfrazado de un nuevo humanismo con promesas de una utopía.
Se permitió que el país agotara sus luchas de calle y de reclamos, con el subsiguiente sacrificio de jóvenes muertos, detenidos y torturados, la expropiación de desarrollos agropecuarios, industrias y el cierre de medios de comunicación, el mundo asistió imperturbable ante una serie de cambios constitucionales y de leyes que favorecían la instauración de un régimen totalitario, mientras el presidente Chávez jugaba una dura agenda de política exterior, reivindicando derechos y exigencias de los pobres y oprimidos, de las mayorías silenciosas que él decía representar.
Esta puesta en escena de carácter global de crear conflictos en las cumbres de mandatarios con anti-cumbres de los pueblos, de lanzar el guante de las pretensiones de las masas por una vida más digna en las agendas de los organismos internacionales, de espectaculares visitas a países en guerra con occidente, y comunicados conjuntos entre los líderes que estaban siendo derrotados por sus iniquidades, convirtieron a Chávez en la perfecta mampara para ocultar lo que estaba haciendo en su propio país.
Pudiera esto indicar nuevos métodos de guerra, sin necesidad de armas, que muy sibilinamente, los enemigos de la libertad han desarrollado para debilitar los medios democráticos de las sociedades abiertas, que; para algunos serían las consecuencias de malas políticas y de culpas de la inconsistencia y la ausencia de principios sólidos en el liderazgo de la nación, pero para otros, es el desarrollo de una nueva maquinaria de complicidades, de redes mundiales de organizaciones y políticas contrarias al régimen de libertades, de la racionalidad y del compromiso con la verdad, que occidente ha alcanzado con mucho esfuerzo a través de la historia.
Y debo hacer en este punto una importante observación, no sólo fue el caso de Venezuela, simultáneamente se desarrollaban en Brasil, Ecuador, Bolivia, Argentina, Nicaragua, Paraguay y Colombia procesos políticos que tenían como fin último posicionar a la izquierda internacional como dueña del tablero político continental… y estuvieron a punto de lograrlo.
Creo que existe un patrón desarrollado muy hábilmente, y en el cual concursaron la Iglesia Católica, los partidos políticos, las instituciones y países garantes del orden internacional, el mismo sistema de justicia internacional, algunas empresas privadas y naciones que garantizaron de alguna manera la no intervención, justo cuando más se necesitaba; fueron factores que se conjugaron para que nuestro país especialmente, cayera víctima del peor retroceso en los índices de desarrollo y de las garantías de los derechos humanos.
Venezuela, en menos de 20 años, fue prácticamente desmontada como nación y convertida en un estado forajido, con un gobierno conformado por narcotraficantes, terroristas y comunistas, en el patio de los EEUU, la nación garante de las libertades y la democracia en el mundo.
Los que ven la situación como un simple retroceso del país en la ruta del progreso por causas políticas, no parecieran haberse percatado de las implicaciones mundiales y del denso tejido de intereses, movimientos, inversiones, conexiones, apoyos, que se han traducido en una serie de jefes de estado con directa responsabilidad en la destrucción de la democracia venezolana, partidos políticos nuevos, como el caso de PODEMOS en España, Alcaldes y Primeros Ministros de la izquierda que han surgido en países europeos, que son el semillero de futuros conflictos y retos a la unidad de esa región, organizaciones de carácter internacional que se han revelado como punto de apoyo en estos movimientos revolucionarios, sobre todo en el seno de la ONU, donde han penetrado de manera profunda.
El mismo Barak Obama y los Clinton, mientras fueron parte del gobierno de los EEUU, permitieron con su política de apertura a Cuba, que los intereses comunistas establecieran redes de espionaje, de lobby, de comunicaciones que han estado actuando en detrimento de los intereses de esa gran nación, permitiendo, que los vínculos de grupos extremistas del Islam con la Habana, se convirtieran en fichas de negociación, y se hicieran la vista gorda mientras se construían bases de operaciones en Latinoamérica como nunca antes.
Se les permitió atacar y debilitar la posición de las fuerzas de seguridad norteamericanas en sus métodos de interrogación e instalaciones de detención para terroristas, como fue el caso de Guantánamo, que a todas luces era una pieza de negociación de Washington con los demócratas en el poder, y los hermanos Castro con su estrangulamiento hegemónico en Latinoamérica.
Esta infiltración en USA de factores castristas, no se hubiera podido hacer sin una cooperación bastante abierta de ciertos sectores académicos que impusieron la crítica marxista como instrumento de valoración para las nuevas relaciones en un mundo globalizado, creyendo que integrando a los comunistas dentro del sistema mundial de comercio, con privilegios, estos iban a cambiar de ideología, igualmente es preocupante el incremento del apoyo hacia figuras e ideas comunistas por parte de algunos sectores de Hollywood, ciertas distinguidas luminarias se prestaron para promocionar de manera abierta la revolución socialista, y sostener, hasta el día de hoy viva, la leyenda de la revolución cubana como una acto de progreso humano.
El caso Venezuela demuestra como la destrucción de la organización militar es clave para derrumbar la institucionalidad de un país, corrompiendo el componente militar, ideologizando sus efectivos y designando a oficiales fanáticos de los comandantes, que se constituyen en mafias y que operan desde el Alto Mando.
Apenas se ha destapado la gigantesca red de instituciones financieras y operarios, que trabajan en un masivo lavado de dinero y que están debilitando los sistemas económicos de Europa y América, permitiendo que dineros del crimen compren voluntades y apoyos políticos, incluso financien elecciones, todo esto, amparado por operaciones petroleras y la construcción de megaproyectos de ingeniería.
La participación del Papa Francisco, un sacerdote argentino captado por el peronismo y plantado por el comunismo internacional en el Vaticano, igual que el Superior de la orden jesuita, Arturo Sosa, un socialista venezolano inveterado, que con su silencio cómplice ha demostrado que sus lealtades no están con la Iglesia ni con la patria que le dio la vida, sino con el movimiento de la teología de la liberación, el ariete comunista diseñado para los pueblos susceptibles de los complejos colonialistas del neo marxismo.
Ambos personajes han servido de alcahuetes del socialismo del siglo XXI, sus actuaciones, y sobre todo, sus omisiones y silencios, serán estudiados, analizados y contrastados con la opinión mayoritaria del clero venezolano, que ha sido perseguido, acosado y maltratado por el régimen. Estoy seguro que en el algún momento, más pronto que tarde, conoceremos de sus miserables papeles en la perdida de mi nación, y en el repunte que ha tenido en el mundo una ideología tan tóxica, como el socialismo del siglo XXI.
De Rusia y de China solo tengo que decir que se han manejado de manera oportunista y despiadada, bajo formulas de capitalismo de estado y vínculos ideológicos, aprovechando para sus intereses el cultivo que ha hecho el castro comunismo en Latinoamérica, y que dieron dos frutos, que son el orgullo de La Habana, por un lado el infame Foro de Sao Paulo, ese esperpento que nació del nacionalismo de la ultraderecha brasileña y se convirtió en lo que es hoy, el club de la izquierda más retrógrada del subcontinente, y por supuesto, la empresa constructora Odebrecht, el cáncer financiero que se comió a buena parte de los gobiernos republicanos de la región por medio de la corrupción y latrocinio más descarnado.
El derrumbe de Venezuela es todavía el arma activada que le queda a Raúl Castro para negociar su retiro dorado, el castro comunismo ha inventado un arma de destrucción masiva que no sólo se ha llevado por delante bancos, empresas, gobiernos, movimientos políticos, iglesias, economías y la tranquilidad de mucha gente en el mundo, sino que pudre y envilece todos los principios y valores democráticos.
Su espoleta retardada, todavía tiene a la espera el éxodo masivo del país de víctimas del hambre y las enfermedades de Venezuela luego de las elecciones trampeadas que quieren imponer, y que podría generar un cataclismo regional de gran magnitud para los EEUU si este no actúa de inmediato y con contundencia.
Esta visión de conjunto es lo que falta para poder ver bien las enormes capacidades que tienen los enemigos de occidente, y sus aliados dentro de nuestras instituciones, para llevar a cabo la destrucción de nuestra cultura y del orden internacional que hemos construido con tanto sacrificio, esta visión de una estrategia y de un arma, conforman un novísimo artefacto cultural que posicionado en el seno de una sociedad, conectados sus discursos, instituciones propias, mecanismos de proceder y su propia semántica pueden causar estragos sobre el orden interno y la seguridad de los países.
Es por lo expresado anteriormente que la comunidad de naciones civilizadas de occidente debe ver en la realización de las elecciones fraudulentas e ilegítimas en Venezuela, el próximo 20-5, como un acto de guerra, Maduro lo presenta como una bravuconada más, pero Cuba lo tiene muy claro, le abrirá un boquete a la estabilidad hemisférica, del cual será muy difícil recuperarse.
Venezuela lleva veinte años enfrentando el más virulento comunismo, ha sacrificado lo mejor de su juventud, ha sido despojada de toda posibilidad de defenderse, y aún así, continúa en sus trincheras a pesar de las trampas, traiciones y una desproporcionalidad de fuerzas que da pavor, los que quedamos, sólo esperamos que la caballería no llegue demasiado tarde.
Por muchos años me he dedicado al estudio de la teoría de las conspiraciones, y entendida ésta, como una creación de la fantasía y la paranoia, lo que he expuesto hasta el momento pudiera pasar como una proyección de mi propia frustración, pero creo que si se atiende bien a los detalles, a los mecanismos envueltos, a los participantes, al momento histórico, creo que podrán llegar a mi misma conclusión, la destrucción de Venezuela fue un experimento, están probando una nueva arma, y la próxima, puede ser la definitiva, pues me temo, que si no se detiene esta aventura de desestabilización mundial, el siguiente intento será dentro de los EEUU.   -   saulgodoy@gmail.com



domingo, 13 de mayo de 2018

La democracia para los venezolanos



Hoy quiero hacer un ejercicio de dibujo libre sobre lo que significa la democracia para el grueso de nuestro pueblo; entre otras cosas, porque, definitivamente, lo que tenemos, lo que estamos viviendo o, más bien, padeciendo, no es democracia, aunque el gobierno de Maduro se empeñe en decirnos que sí lo es, y algunos venezolanos, incluyendo a algunos políticos de oposición, se lo crean.
De los primeros e importantes problemas que debemos afrontar es que no hay educación cívica en nuestro país, con lo que el concepto o conceptos de democracia no se enseñan en las escuelas; y dudo mucho que se enseñe en los hogares venezolanos, donde, me temo, impere el modelo autocrático, patriarcal y machista de los venezolanos.
Cuando hay una figura masculina en la jefatura de la casa, por lo general, no hay democracia; con la figura de la mujer como eje de la familia, y que parece ser el caso predominante, depende mucho del carácter y de la cultura de esa madre y, sobre todo, de sus necesidades y entorno social.
No tenemos una cultura que nos enseñe la democracia; nuestra historia está preñada de militarismo y caudillismo, a pesar del gran esfuerzo que han realizado los nuevos historiadores académicos, para enfocar nuestro devenir en otros valores y personajes de carácter civil y liberal; apenas estamos montándonos en ese bongo para navegar el río de nuestra historia.
Los medios de comunicación y la cultura popular tampoco se ocupan mucho del asunto; tienen que sobrevivir, a como dé lugar, en esta jungla socialista, que los quiere sumisos y autocensurándose; para que puedan accionar de manera coherente y sostenida en estos quehaceres, los acontecimientos y las noticias del día son primordiales para vender sus escasos espacios y sobrevivir.
De modo que la principal fuente de sabiduría democrática la encontramos en el hecho político cotidiano, en las declaraciones de nuestros políticos, en las situaciones que se presentan, casi todas de confrontación, de crisis y de resolución de conflictos… por un lado tenemos a las instituciones de gobierno y, por otro, las de la sociedad civil, prácticamente en un constante choque de opiniones, acciones y críticas, que se producen de manera tan confusa y tumultuosa, que el público difícilmente puede sacar nada en claro.
Por supuesto, tenemos a una muy pequeña clase de intelectuales que, desde su mundo de privilegios sobre la información, tratan de darnos luces sobre complejísimos asuntos; eso implica, cuando menos, contar con una licenciatura en estadística o en economía para poder entender porqué el jabón para lavar ropa, que hoy nos costaba millón y medio de bolívares, amaneció costando el doble, o porqué hoy no hay dinero para el pasaje para que mamá vaya a trabajar.
Tenemos unos muy buenos analistas políticos que, cuando saben lo que sucede, no pueden explicarlo, o que, cuando pueden explicarlo, ya no importa, porque algo nuevo y más urgente está pasando, o escriben demasiado largo para gente de la cultura del twitter, o demasiado complicado para la gente que lee un poco más… total, hay una orfandad inhumana sobre la idea de qué es democracia.
Pero insisto, el venezolano medio sí tiene una idea, más o menos, de lo que es democracia, gracias principalmente a los voceros que más se escuchan y se leen por los medios de comunicación masiva, que son, casi todos, socialistas.
Y los socialistas tienen una muy particular idea de lo que es democracia
¿Por qué los socialistas tienen prevalencia en los medios de comunicación masiva en Venezuela? Lo primero, porque el estado tiene una implacable hegemonía comunicacional en el país; la mayor parte de los medios radioeléctricos, prensa escrita y medios digitales le pertenece; además domina y controla la televisión por satélite, los medios en internet, editoriales y medios gráficos, empresas de publicidad y medios alternativos.
Pero también porque los empresarios privados e independientes en el ramo de las comunicaciones, provienen casi todos del campo socialista, o tienen su corazoncito en el enramado marxista, o simplemente, actúan obligados por el rating, que son esas mediciones de lo que la gente quiere escuchar, lo que vende, lo que la gente le gusta ver...
De modo que hay un darwinismo comunicacional, ineludible, en la imposición del concepto de democracia más popular y decadente, el concepto de democracia según los socialistas y la ausencia notoria y eficaz de todos los otros conceptos de democracia; eso explica el fenómeno del meme tan popular “los mal llamados colectivos”, al momento de referirse a las bandas armadas y violentas, que los socialistas tratan desesperadamente de diferenciar de esa ficción de que hay “colectivos buenos”. Y llaman “colectivos buenos” a todas esas organizaciones socialistas que responden al comunismo “light” de los cuadros ideologizados, y que se ponen a la orden de un candidato cuando el soviet supremo lo decide, sin chistar y sin preguntas.
Y es aquí donde empiezan a vérsele las costuras a ese concepto tan particular de democracia, igualitaria, electorera, pacífica, solidaria, disciplinada, acrítica, cuando se trata de los hermanos socialistas, contrarios al individualismo y a la persona humana… pero orgullosos de la masa, de los barrios, de los que no tienen voz, de los grandes números, de los votos gruesos y en cambote, de los partidos populares que no son partidos, y de los políticos socialistas que sólo son comunicadores sociales en la lucha por la libertad y la democracia.

Cambiar nuestro pasado socialista

Ahora es que hemos descubierto que todo nuestro estamento político, excepto algunas tibias excepciones, tiene raíces profundas en el pensamiento de izquierda, en el modelo autoritario del estado fuerte, benefactor, presidencialista, de justicia social, igualitario, electorero (que no electoral), intervencionista, militarista rentista, que cree en otros tipos de propiedad aparte de la privada y la pública, soberano, nacionalista, centralista, solidario, cristiano de la teología de la liberación, que cree en el estado-empresario y, para más señales, es anti imperialista, anti globalización, anti mercado libre y practicante en la fe de que el cambio climático es culpa de actividad del hombre, principalmente por el uso de los combustibles fósiles.
Y, aunque vamos saliendo del chavismo-madurismo, si esa es la ideología de los demócratas de relevo, estamos fritos.
Debo reconocer que, en estos últimos años, ha habido un interés por parte del pensamiento liberal clásico, el mundo empresarial de verdad (no los empresarios chavistas), de algunos medios y universidades, de impartir mayor información sobre ese otro mundo de democracia y libertad, que se encuentra en las antípodas de nuestro país; debo conceder que hay gente seria y preocupada por los senderos que se bifurcan a partir del 20-5, y algunos se lo han tomado tan en serio, que han abierto sus cofres de guerra y sacado algunas monedas para financiar la prédica de esa otra democracia, de la que muchos no quieren escuchar y que, en lo personal, creo, es la única vía para salir de este marasmo espantoso en donde hemos caído.
Pero no es suficiente, no veo un verdadero esfuerzo, coordinado, con objetivos claros, no veo las reuniones ni a los nuevos líderes tomando posiciones, la centro derecha y la derecha venezolana es un paisaje yermo… ni siquiera los EEUU están financiando a los verdaderos líderes de nuestra real democracia, que no es la socialista, y los que dicen estar representándonos, y que en estos momentos ejecutan su acto, como plañideras en entierro de pueblo, rogando por financiamiento en las puertas del Capitolio, jurando ante la estatua de Lincoln que son capitalistas de corazón.
No veo a María Corina con un comando de la gente de Blackwater sirviéndole como anillo de seguridad, ni a la NSA protegiendo sus comunicaciones, ni siquiera veo esas capsulas de ayuda humanitaria que arroja en paracaídas el ejército norteamericano sobre las zonas a liberar (creo he visto demasiadas películas y a lo mejor eso no eso opción posible, ni una sola ha caído sobre mi parcela con algo de chocolate Hershey, leche condensada, pilas para mi linterna y bolsas de comida para mis perros); quizás sea porque ella no lo quiere, no tengo manera de saberlo, pero sí creo que es el momento de apoyos de verdad, ante un gobierno de criminales de pacotilla.
Porque hoy, más que nunca, está claro que Maduro no es un demócrata; por el contrario, es un tirano asesino, dispuesto a sacrificar al pueblo de Venezuela de las maneras más efectivas, con tal de satisfacer sus pulsiones más primitivas, entre las que se encuentran su desvergonzado amor por el oro, la comida opípara y la imposición de su voluntad salvaje sobre el prójimo… sus discursos y menciones a la democracia no son creíbles, entre otras cosas, porque hace lo contrario a lo que dice.
Pero me estoy desviando del tema, vamos a tratar de responder a la pregunta ¿Qué es la democracia para un socialista?  Lo que sería lo mismo que decir ¿Qué es democracia para un venezolano?
A los venezolanos nos encanta un estado fuerte, es decir, sentir y ver que “alguien manda”, que hay un hombre que concentre en su persona el poder del estado, esto nos viene del inveterado caudillismo y la necesidad de hombres providenciales en nuestra historia, y hay una especie de infantilismo muy marcado que nos dispone a cultivar tiranos, la democracia que entendemos no es la de la división de poderes, sino, más bien, la de su concentración.
Con eso ya, de entrada, debilitamos a la democracia; en vez de convertirla en la ocasión y la necesidad de buscar alianzas, negociaciones, pactos con los diversos poderes, con los del estado central, con los partidos políticos, con los de las distintas regiones, por medio de sus representantes… preferimos dejar a un solo hombre, que sostenga la espada del poder político, con lo que, incluso, nuestro mismo derecho ciudadano de tranzar con el estado, se ve debilitado.
Otro factor es el complejo de Adam, cuya tentación todos sufrimos, porque nos encanta creer que el mundo empezó con nosotros; y lo normal es que creamos que nuestra versión de la democracia sea irrebatible y su más auténtica expresión, no nos interesa la historia de la democracia (bueno, en realidad, no nos interesa la historia del todo y concedemos que se nos invente), eso de que nació en la Grecia antigua nos parece una leyenda, ni siquiera recordamos que tuvo su precio, que en su nombre se derramaron ríos de sangre, pueblos enteros fueron sojuzgados e incontables revoluciones cambiaron los mapas de naciones en la tierra… para nosotros, si acaso, la democracia nace con Simón Bolívar, aunque hay un gran grupo que piensa, nace con Rómulo Betancourt.
Esta superficialidad al entender el complejo devenir de la democracia en el mundo, sus ideas, conceptos, doctrinas e historia, ha sido aprovechada por los socialistas pacifistas para hacernos creer que la democracia es sinónimo del movimiento de la no-violencia, que democracia es un ramillete de virtudes dignas de un hippie: amor, tolerancia, convivencia, paz, solidaridad… y que todo lo que tiene que ver con defender nuestros ideales y libertades es problema de otros.
Nuestros pacifistas endógenos, que son expertos en falsificar la historia, presentan claros casos de violencia política, como fueron la independencia de la India y la lucha por los derechos civiles en USA, episodios llenos de grandes sacrificios, pérdidas de vidas y mucha violencia, como producto de la acción de Gandhi y el pastor Martin Luther King, pacifistas que llegaron en el último momento de unos procesos históricos, y donde las partes en conflicto,ya estaban cansadas de matarse, aprovechando para colectar, para sí, el triunfo de innumerables acciones, episodios y mártires que fueron olvidados, en aras de la promoción de esa ideología de la no-violencia, que los suplantó como causa real de estos importantes acontecimientos. 
Para el pueblo, la democracia es un dechado de ilusiones muy parecidas a los ideales que predica la Iglesia Católica para los creyentes: los pobres, aunque algunos no hayan hecho cosa alguna para merecerlo, serán los primeros en ese banquete, el estado benefactor velará porque a cada uno le corresponda lo justo de acuerdo a sus capacidades, tendrán de todo: educación, salud, seguridad, derecho alimentario, de vivienda propia, seguridad social… Todo gratis, porque el petróleo es del pueblo y los gobiernos democráticos se encargarán en llevarle a cada uno su parte hasta la puerta de sus hogares.
El gobierno proveerá en cuanto a los servicios públicos y el transporte con tarifas solidarias, al calendario laboral le asignaron un montón de fechas conmemorativas para que descansen o disfruten de los asuetos, el trabajo, entendido como un castigo cuando fuimos expulsados de paraíso, será el mínimo, y con todos los derechos a tener sindicatos, prestaciones, contrataciones colectivas, derechos adquiridos, tribunales laborales, aumentos de salarios todos los primeros de mayo, aguinaldos y vacaciones y más vacaciones, y los famosos permisos médicos, días laborables con cada vez menos horas de trabajo… el trabajo, en realidad, no es prioritario en la democracia a la venezolana, y tanto la empresa como el empresario son vistos como males necesarios.

El cambio de piel en la política

Los partidos políticos no se quedaron atrás, construyeron verdaderas maquinarias electorales bajo el principio del clientelismo político, “si me das tu apoyo serás el primero en beneficiarte, y si trabajas para mi, podrás gozar conmigo de las mieles del estado como funcionario público, siempre y cuando tu lealtad sea para nuestra organización y su liderazgo”.
Los liderazgos fueron construidos por turnos, por tribus, por favores, y sus más encumbrados abogados constitucionalistas, se decidieron por el camino de una democracia procedimentalista, se concentraron en las “reglas del juego”, para ellos democracia era seguir correctamente los procedimientos, en las elecciones, en las normas parlamentarias, en las intervenciones, en lo que publicaba la Gaceta Oficial… esto, conjugado con la idea de participación democrática, le abrió las puertas al populismo y a la agenda de la justicia social, lo que significaba una catarata de programas sociales para los más pobres y los más débiles de la sociedad, sin importar del costo y la improductividad de los mismos (en realidad se convirtieron en apestosas corruptelas).
Todo lo concerniente a la defensa de las libertades, de los mercados, de las empresas, de la innovación, competencia, globalización, fue desestimado; sólo quedó para una empresa, PDVSA, cuyo dueño era el estado.
El problema fundamental de los socialistas es que, debido a la naturaleza de sus convicciones sobre sus programas y soluciones para enfrentar los problemas de pobreza e injusticia, se sienten infinitamente superiores, moralmente intachables, hagan lo que hagan, piensan que sus ideas no tienen rival, y que están históricamente justificados para imponerlas en la sociedad. Nadie, en su sano juicio, creen ellos, debería contradecirlos y quien lo hiciere habría que eliminarlo para favorecer a la mayoría.
Ahora tenemos, gracias a la revolución socialista del siglo XXI, el sueño de igualar a todos los venezolanos en su miseria, tenemos un país petrolero quebrado, del que buena parte de su población sale huyendo, y no hay ningún tipo de institución con la cual defendernos ante un gobierno que todavía tiene la desvergüenza de llamarse “democrático”.
Hay una tensión que el socialismo no ha terminado de resolver entre la verdadera naturaleza humana, que es real, egoísta, acumuladora, que se desgasta en el lujo y la opulencia que trae el poder político a la mayor parte de su clase dirigente, y la utopía socialista a la que obligan al resto de la humanidad, a vivir en la carencia, compartiendo sin protestar el trabajo y las exigencias de un estado opresor, imponiendo una felicidad ficticia a la masa que trascurre su existencia entre la pobreza y las dadivas del estado benefactor, un contraste vergonzante, contradictorio y absurdo.
El gobierno chavista sigue asesinando a los venezolanos, pretende quedarse en el poder por medio de elecciones ilegítimas y diciendo que todos los problemas del país son culpa de una guerra económica planteada desde el extranjero…  y sólo contamos con una oposición política que tardó veinte años en reconocer que el chavismo era, por convicción, cualquier cosa menos democrático.
Nuestro concepto de democracia ha sido y es sumamente limitado, parroquial y hasta pueril. Apenas ayer nos percatamos de que democracia es otra cosa, que hay que luchar por ella, a diario, sin descanso, que tiene muchos enemigos y hay que defenderla, a veces con guerras… y de que mantenerla y hacerla funcionar es una tarea obligada para todos. -   saulgodoy@gmail.com





martes, 8 de mayo de 2018

La construcción de un Frankenstein



¿Porque creen que a Henri Falcón el gobierno totalitario de Maduro, le permite competir, hacer una costosa campaña, aparecer en todos los medios de comunicación? ¿Quién lo financia?  ¿Cómo Falcón se ganó ese derecho de representarnos para el cargo de Presidente de la República?
La estrategia está de anteojitos, Maduro se está volviendo loco y haciendo todo lo posible porque la gente salga a votar a favor de Falcón; él ya está quemado como gobernante, hecho trizas por tantos errores cometidos y señalado como el judas del drama venezolano, por lo que se ha convertido, a fuerza de abusos, en el mejor promotor de “su pana” Falcón (así aparenten diferencias y se digan incapaces).
¿Por qué creen ustedes que Maduro propició la intervención de Banesco, los apagones provocados por Corpoelec en el país, el fatídico aumento de salario que sólo exacerbará la inflación? ¿Por qué siguen los arrestos de personas inocentes días antes de las elecciones, o las amenazas de apropiarse de las remesas que nos envían desde el exterior? ¿Por qué ha ordenado la liquidación de PDVSA en los peores términos posibles para los intereses de la nación? ¿No es esa una estrategia para inducir miedo y perder los comicios?
Lo que Maduro quiere es entregarle una victoria electoral a Falcón en bandeja de plata, con un supuesto respaldo popular, como claman Fernández y Fermín; la gente desesperada, que además no resiste la pretensión ilusa de “expresarse a través del voto”, votará por la que cree única opción posible, la que tiene preparada el chavismo en la bajadita.
El chavismo hace aparentar que Falcón es diferente, cuando en realidad seguirán mandando ellos, en el caos que crearon, salvando el pellejo y buscando la impunidad; pretende, con un nuevo gobierno socialista “light”, que se abran las compuertas de la ayuda humanitaria, que se levanten las sanciones, que la justicia se olvide de los cabecillas del Socialismo del Siglo XXI, que todo cambie para que todo siga igual…
Falcón es un candidato al estilo de Frankenstein, el monstruo creado por la imaginación de la escritora Inglesa Mary Shelley, es un esperpento cocido a pedacitos, con el propósito de darle vida a un candidato viable del chavismo, mucha gente cree que se trata de una alternativa electoral para la oposición, esto debido a la participación de tantas personalidades de la supuesta oposición, pero el objetivo real es que el chavismo tenga una voz que no pertenezca al narcotráfico.
Aparentemente, la construcción de Falcón cuenta con el financiamiento de factores del partido demócrata de los EEUU, entre ellos los Clinton y Obama, que por intermedio de Eduardo Fernández, ha conseguido el financiamiento para su hechura, hasta la Universidad de Harvard y el Washington Post están involucrados en este constructo para el post-madurismo.
De hecho, según información de último momento, las bases operativas de los principales partidos de la oposición - Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y los demás - están trabajando en su campaña para incluir a ciertos candidatos opositores en los cuadros que acompañarán a Henri en los Consejos Legislativos de los estados, esto a pesar que las autoridades de estas organizaciones, los jefes, lo nieguen.
¿Cómo es posible que a un político venezolano, presidente de un partido de la oposición, o a un líder y ex-candidato, se les ocurra decirnos que hay que debatir (otra vez) si participamos o no en las elecciones del 20-5… que hay que ir a votar porque “es lo que hay”, y entre dos males, el menos malo es el mejor? ¿Por qué un Chúo Torrealba y tantos otros nombres que son sorpresa, están apoyando a Falcón?
La MUD decidió de manera formal - para efectos de la foto-, no votar, ya lo han explicado hasta la saciedad; aparentan seguir los lineamientos de la comunidad internacional, pero están dejando que sus aparatos políticos trabajen a toda máquina con Falcón para construirle el piso político al chavismo, ¿Qué ganan con eso? Es puro oportunismo, tienen con ello la venia de Maduro y Diosdado, quienes están preparando su salida del escenario para dejarles las ruinas a sus adversarios que nunca fueron tales.
Nosotros, los ciudadanos que creemos que el chavismo está podrido, de salida, que ya no puede ni debe aportar más nada al país, decidimos no votar para que no nos utilicen como peones. La trampa la van a hacer igual; en esos listados de votantes, que ya tienen preparados, ya tienen también el momento en que a Falcón, como a Frankenstein, un rayo le de vida propia; pero no vamos a suscribir la farsa, no vamos a ser un factor activo y cooperante de un acto ilegítimo.
¿A quién se le ocurre tratar de asustarnos con aquello de que estas son “las últimas elecciones de la historia”, la única oportunidad de salir de Maduro? ¿Con la manida idea de apoyar al sargento, porque él no es Maduro, para arreglar la carga después, cuando sea presidente? ¿Será que yo soy el único que puede ver la trampa?
Hay articulistas que alegan que existe una ideología anti Falcón. Esas personas no tiene la menor idea de lo que es una ideología, porque Falcón no tiene ideología a la que oponerse, es una pieza del aparato castrochavista, reiterada y probada en diversas circunstancias; es un funcionario menor y mediocre, por más especialidades académicas que pudiera tener; es un cínico oportunista, manejado por La Habana, con un discurso chavista que reitera su plan de un estado de planificación centralizada, dueño de las riquezas del país, con vocación socialista, paternalista, militarista y que propicia al estado benefactor, lo peor del asunto, es que será el salvo conducto para los que destruyeron al país.
Los argumentos que esgrimen los defensores del monstruo son pueriles, para ponernos en la falsa disyuntiva de “votos o balas”, alegando que las elecciones son “una oportunidad de oro” para salir de Maduro, renunciando al trabajo que todo político debería ocuparse en hacer, de construir alternativas y escenarios posibles, de pensar, imaginar y planificar mundos diferentes, de trazar estrategias viables para salir de la crisis… opciones distintas de las que nos ofrecen los socialistas castrocomunistas.
La estrategia de la abstención es considerada por la oposición pro-gobierno como un error, tratan de hacernos ver que no votar por Falcón, es igual que prorrogar a Maduro… éstos son los términos en los que expresan nuestra supuesta realidad, quieren convertir a Falcón en un candidato de la oposición cuando en realidad le están haciendo un candidato al chavismo, a lo que ellos creen todavía son mayoría.
Para los que no se hayan dado cuenta, el comunismo habanero le tiene impuesto a los venezolanos una herramienta poderosa de dominio, que es el culto a la personalidad; ellos escogen un candidato, le dan una imagen de líder y salvador, por medio de intensas campañas mediáticas lo posicionan como un héroe y visionario - el que lleva la antorcha de nuestras tradiciones-, y por medio de actos y ceremonias de estado, nos lo presentan como la encarnación de nuestro destino.
Todos esos articulistas que andan endiosando a Falcón como el nuevo redentor, o a Maduro como la continuidad de nuestros valores patrios, son gente pagada, palangre al servicio del castrocomunismo, cuyo único propósito es que no nos demos cuenta, que está en nosotros - como pueblo y nación-, la solución de nuestros problemas, con una pequeña ayuda de nuestros amigos y aliados.

Lo rápido que olvidamos los venezolanos

Ya nadie quiere hablar de una decisión de la Asamblea Constituyente cubana, que fue la que ordenó montar este show electoral, ni de la falta de condiciones para unas elecciones libres y abiertas; ya nadie quiere hablar de la nacionalidad de Maduro, ni del abandono del cargo del presidente, decretado por la Asamblea Nacional; ya nadie menciona las traiciones (que no son traiciones, sino política, según algunos desvergonzados analistas) del candidato Falcón, su miserable costumbre de saltar talanqueras, ni sus alianzas con el chavismo; para nada importa ya la experiencia, la moral, las ideas, la trayectoria y lealtades de un individuo como el sargento Falcón… 
Y si vamos a los últimos acontecimientos, ni siquiera importa que el TSJ legítimo y en el exilio, haya declarado a Maduro bajo investigación penal por corrupción y lo haya inhabilitado para ejercer la presidencia y menos aún, para ser candidato.
Lo que importa es que Falcon es el hombre que está allí, en una posición de poder, puesto en el lugar y las circunstancias por el dedo de Maduro y que - según la propaganda de su comando de campaña-, será el que llevará el país a la prosperidad, creencia que algunos esgrimen sin otro sustento que la fe ciega en otro redentor rojo, rojito…
A los políticos que apoyen esta barbaridad de elecciones deberíamos retirarles la palabra, execrarlos, condenarlos al ostracismo… ya basta de vagabunderías e hipocresías; estos momentos chiquitos, cuando la amenaza se agiganta sobre nosotros, nos dan la oportunidad de reconocer quién es un demócrata y quién no, quién quiere de verdad a Venezuela y quién la da por perdida ¿O es que alguien puede dudar de la barbaridad de amenazar a la gente con dejarla morir de hambre si no votan ese día? ¿Qué tipo de demócrata es ese que participa en tal circunstancia?
Y no me vengan a decir que el antidemocrático soy yo, porque no acepto sus posiciones de entregarnos al chavismo; ni me imputen que no tengo la tolerancia necesaria para la diversidad de opiniones, porque hay venezolanos que creen que una persona que promociona el suicidio colectivo está ejerciendo un derecho democrático y hay que permitirle que se exprese y defienda tal barbaridad.
Déjenme contarles la historia terrible de un predicador llamado Jim Jones y lo que hizo no muy lejos de aquí, en Guyana, en 1978, en un campamento en medio de la selva al que le puso su nombre: Jonestown.
Jones era un norteamericano, un líder carismático que logró construir una comunidad de adeptos, de personas con problemas de identidad, de vida, adictos y sin hogar, perdedores y víctimas de la sociedad, a quienes reunió en lo que él llamaba un “Templo del Pueblo”… se fue de los EEUU buscando un lugar donde pudiera experimentar con su comunidad, sin tener que rendirle cuentas a nadie. Unas 909 personas, incluyendo 304 niños, fueron asesinadas en Jonestown, suministrándoles una bebida instantánea (Kool-aid) con una dosis letal de cianuro; la matanza se dio entre los discursos revolucionarios del fanático Jones, quien, entre otras cosas, pregonaba por los parlantes, en medio de los gritos de sus adeptos: “Paren la histeria, ésta no es la manera de morir de unos socialistas y comunistas, no es cómo vamos a morir, debemos hacerlo con algo de dignidad… la muerte es sólo un paso hacia otro plano… nosotros no cometimos suicidio; es un acto de suicidio revolucionario protestando por las condiciones inhumanas del mundo.”
Esa fatídica tarde, antes del sacrificio en masa, Jones había mandado a asesinar al congresista Leo Ryan, quien se había apersonado en Jonestown para buscar algunas personas que querían salir de aquella comuna de locos; sólo unos pocos pudieron huir de ese aquelarre de muerte y perdición.
Un demócrata, alguien quien cree en la libertad y la vida, tiene que identificar quién es su enemigo, y cuándo corre peligro, saber quiénes están atentando contra la democracia y los ideales republicanos, señalar quién está lo suficientemente loco para votar por su perdición… si no tiene ese instinto de sobrevivencia desarrollado, no podrá sostener una democracia.
En aquella comunidad de fanáticos de Jonestown nadie alzó su voz de protesta, todos obedecieron al líder y bebieron el veneno, unos por miedo, otros resignados, la mayoría obligados… en nuestro caso, lo elemental es saber en qué consisten unas elecciones libres y democráticas, quiénes son los candidatos, diferenciar un fraude de un acto institucional, saber cuándo callar y cuando actuar…
Nuestro caso se parece mucho al de Jonestown: los cubanos nos están ofreciendo un Kool-aid bien adobado con veneno para matarnos; los políticos de la oposición, que nunca fueron políticos ni de la oposición, actuando como verdaderos cooperantes, nos están aupando para que tomemos la pócima, para que la apuremos y pasemos al otro plano… y saben que la bebida es mortal pero, porque les tiraron algo, porque les engrasaron la caja de la esperanza, porque saben que éste es su último chance para hacer algo o ser alguien en política, vendieron su alma al diablo y ahora son promotores del suicidio… pues no, no se los vamos a permitir, ni nos vamos a quedar callados.
En esta estrategia absurda de crearle un líder al chavismo, Falcón tiene todas las de ganar, pues intentan que sea una figura de unidad entre los militares, ganará la simpatía de algunos opositores atolondrados, en su entorno se volverá a aglutinar las fuerzas de la izquierda que no quieren abandonar el poder, será visto como el candidato del consenso y alguien con quien los gobiernos del mundo puedan hablar, y con la anuencia de Cuba, será la ficha que les garantizará que su colonia venezolana siga cumpliendo con sus diezmos y obediencia a los jefes de la revolución continental y una voz autorizada para negociar con el Departamento de Estado de los EEUU, Maduro por el contrario tiene todas las de perder, aun ganando las elecciones gana Falcón, convertido en la nueva estrella del firmamento político venezolano y el obeso chofer de autobús llevándose toda la mala leche acumulada durante estos largos y horribles veinte años.
El régimen ya no se puede mantener, es imposible la sustentabilidad del Socialismo del Siglo XXI. No le demos el aliento que nos pide, estas elecciones no son elecciones, son un artificio para ponernos a pelear y a dudar de nuestras capacidades y posibilidades de sobrevivencia; lo que tiene Maduro es una bolsa de carnets de la patria, que por comida y alguna limosna, por la magia del CNE, serán convertidos en votos; la figura de Falcón es el nuevo truco que nos tiene reservado el comunismo internacional, con la ayuda de un grupo de traidores de la oposición, para no soltar la presa en que nos hemos convertido. 
El 20 de Mayo nos toca una encerrona total, que nadie en Venezuela salga a votar en esas elecciones chimbas. Aunque no parezca, ya eso es hacer algo; negarse a beber ese veneno, es un acto heroico por la vida.  -  saulgodoy@gmail.com


lunes, 7 de mayo de 2018

Cómo se pierde el coraje



Los comunistas son unos expertos en el manejo del miedo y las inseguridades en los momentos cuando el enemigo, es decir, todos nosotros, los venezolanos demócratas y libres, debemos mantenernos unidos, en una posición principista y de moral frente a una situación riesgosa, creada artificialmente; es decir, utilizando un término coloquial de nuestros jóvenes, cuando quieren que “arruguemos”.
Eso es perder el coraje, hacernos cambiar de opinión, calentarnos la cabeza con argumentos absurdos, que parecen lógicos, con advertencias de desastre, amenazas… pero, si le pusiéramos verdadera atención a estos discursos, encontraríamos que son galimatías y  trucos retóricos, para inculcarnos inseguridad y hacernos cambiar de opinión, dividirnos y derrotarnos.
Es lo que está sucediendo ahora, a medida que se acerca el 20 de Mayo, fecha escogida por La Habana para montar el show electoral de la reelección de Maduro, o en su defecto, la de Falcón, anverso y reverso de la misma moneda; tienen una insistente campaña mediática, que cuenta con la  participación de algunos medios de comunicación, hasta hace poco incólumes en la defensa de la constitución, el estado de derecho y la sindéresis, pero, parece ser les llegaron al precio en el cual venderían hasta el alma… y ahí los estás viendo, llamando a votar.
Igual sucedió con algunas personalidades de tradición democrática, como lo fueron Claudio Fermín, Enrique Márquez, Henrique Capriles, Enrique Ochoa Antich y Eduardo Fernández, por mencionar a cuatro de los más insistentes y conspicuos promotores del fraude, que vaya a saber por qué decidieron echar la cesto de la basura su honorabilidad y ahora devinieron en vendedores de pócimas y elíxires para combatir la calvicie.
De los cuadros del socialismo esperpéntico, el partido MAS y los grupos que aglutinan al chavismo sin Chávez han sido los más activos; no me queda la menor duda de se trata de los oportunistas de siempre, empresarios de maletín (nunca de alma), los parásitos usuales que no tienen otra vocación, sino de la de disuadir los empeños democráticos del venezolano honesto y trabajador con promesas de un paraíso en la tierra.
También se unieron a la comparsa todos esos analistas políticos, asesores de campaña, expertos en imagen, encuestadores y lectores de entrañas de faisanes, que predicen el triunfo absoluto de alguno de la dupla dinámica: o del rumbero de Maduro, que no resiste una tarima para mover su obesa corporeidad a ritmos que nadie, sino él, está escuchando, o al Sargent Técnico retirado (abogado y con dos posgrados), que cambia de piel como los camaleones al momento de competir por el báculo para conducir al pueblo ignorante.
¿Merece Venezuela tal elección para un Presidente de la República? Los cubanos piensan que sí, los socialistas venezolanos piensan que sí, los pedigüeños, bachaqueros, pranes, pesuevistas, militares chavistas, los clapadictos y, ahora, algunos dirigentes de oposición, a los que a última hora les llegaron al precio, piensan que sí.

Las elecciones más podridas de la historia ¿Acaso importan?

Lo que yo no sé es si esa cuerda de oportunistas van a poder cobrar o hacer efectiva la promesa del comando de Maduro por apoyar el show electoral que pretende consolidar el para siempre que nos prometió Hugo Rafael.
El 20 de Mayo todos vamos a presenciar el fraude electoral más famoso y publicitado del mundo, porque en Cuba, aunque hubo fraude, no se lanzaron con giras mundiales promocionando la “tramparencia” de los comicios, ni amenazaron a los organismos internacionales con que se le iban a meter por las ventanas para que los dejaran mentir sobre la situación-país, a propósito del estado de la democracia en Venezuela y la insistencia de que en el país no hay una emergencia humanitaria, o la retahíla de ficciones sobre nuestra impoluta democracia, el respeto cabal a los DDHH y la felicidad que nos embarga por vivir en socialismo.
Maduro amenazó a media humanidad con que obtendría más votos que personas registradas en el padrón electoral; en Cuba, un poco más discretos, por aquello de que se le iban a ver las costuras, hicieron todo calladito, sin mucha bulla, igual que en Corea del Norte o en China, o en Rusia… en esos países, las elecciones son una incidencia más en la rutina del poder inamovible del partido del pueblo y sus líderes eternos… en Venezuela están urgidos de proclamar el quimérico ejemplo democrático para el mundo, lo cual debe ser una enfermedad.
Porque es algo que se cae por lo absurdo, ¿Cómo se entiende que un país quebrado, donde la gente huye para no morir de hambre o enfermedades contagiosas, en un país en el que no hay trabajo y la moneda está a punto de desaparecer, donde se sufre de la inflación más alta de la historia de la humanidad, reconocido mundialmente como el país más violento, sin luz, sin agua, sin efectivo, sin seguridad, sin medicinas… donde se reprime, se detiene, se tortura y se asesina a la oposición… cómo se entiende que haya voces de la oposición, que existan figuras políticas, que aúpen un fraude electoral como el que se nos adviene?
Votar por los causantes de tal tragedia, porque Maduro y Falcón vienen del mismo nido de escorpiones, ambos son hijos de Chávez, gobernaron para la revolución, son actores confesos y con prontuarios de excesos y malas mañas, están reconocidos como mentirosos, pésimos administradores, que no respetan la propiedad privada, tienen fama de personas poco ilustradas, de fichas cubanas… votar por alguno de ellos no es votar, eso no es una elección democrática, y quien se atreva a decirlo, está afirmando que tenemos que conformarnos, porque es lo que tenemos, que “peor es nada”… es simplemente un colaboracionista, un vendido.
Los países de la comunidad internacional, sobre todo los de Occidente, se han percatado del peligro de dejar sin consecuencias los abusos electorales, sería el fin de la democracia tal y como está funcionando en la actualidad, llamar elecciones a un proceso que no lo es, es cuchillo para su propia garganta, no puede haber negociación ni impunidad con la trampa y el engaño; quien dijo que la verdad nos haría libres, estaba en lo cierto, quien tranza con la mentira, quien se conforma con los fraudes, está cavando su propia tumba.

El mundo con los ojos sobre Venezuela

No sé si ustedes recuerdan que, hasta hace muy poco, algunos personajes de la MUD insistían con verdadero pundonor que el problema de Venezuela lo teníamos que resolver sólo los venezolanos, que la injerencia extranjera era un error; bastó que algunos políticos tuvieran que huir del país, perseguidos por el régimen, para que cambiaran el disco y se convirtieran en denunciantes de los horrores que acaecían en el país y pidieran algún tipo de intervención; es más, recuerdo que aquello de las sanciones de los EEUU sobre algunos funcionarios claves del terror en nuestro país los molestó de tal manera, que algunos viajaron a Washington para secretamente pedir que retiraran esas medidas contra de funcionarios del gobierno.
Pues bien, visto a la distancia, fue un proceso de aprendizaje pagado a un precio muy duro; nuestros supuestos representantes trataban de jugar a la política del acomodo y la negociación con el chavismo, todavía debía pasar un tiempo para que les cayera la moneda y se convencieran de que estaban ante un régimen totalitario, violento y tramposo… que no estaban tratando con políticos sino con criminales.
Pero vuelven a olvidarlo. Si el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces, a los integrantes de la MUD les encanta agarrar piso y que pasen coleto con ellos, y esto lo digo porque, de nuevo, algunos de sus componentes caen en la trampa de un espejismo de elecciones y de candidatos que pueden “salvar” al país con sólo apoyarlos, con una desfachatez que raya en el desprecio anuncian que apoyarán a uno de los candidatos, y sus organizaciones políticas ni reaccionan ante tal provocación, lo que significa que de alguna manera están de acuerdo con tal decisión.
Vuelven a incurrir en el error de creer que ser demócrata es votar como una obligación, sin importar si el voto es manipulado, trampeado y no exprese la voluntad del ciudadano; esa concepción absolutamente primitiva y ciega de los procesos electorales desestimaba la trampa que siempre se producía en todos los comicios, pero con la implantación de un proceso automatizado, en poder exclusivo del partido de gobierno, era absolutamente suicida pretender que la trampa había disminuido, que podían ganar elecciones.
Estos dos ejemplos ilustran que contamos con una representación política de muy baja calidad, que se vale de poses, de propaganda, de simulacros para hacerse pasar por lo que no son, personas brillantes, avezados políticos, cuando, en realidad, son causa principal de muchos de nuestros padecimientos actuales. La historia se encargará de demostrar que, para el momento de la aparición del chavismo, la nación no tenía defensas posibles, nuestro estamento político nunca supo qué hacer, y tuvimos que soportar en carne propia sus “experimentos” y coqueteos con el castrochavismo.
Pero lo verdaderamente insoportable es que los políticos sigan cometiendo los mismos errores una y otra vez, y la sociedad continúe soportándolo de manera estoica, lo que me indica que el problema no sólo se encuentra en nuestra clase política, sino en el seno de nuestra organización social; y esto lo he explicado en varios artículos, los venezolanos nos dejamos robar por los partidos políticos nuestro derecho a la participación política, nos hemos acostumbrados a que son los partidos y los políticos los que deben ocuparse de nuestros asuntos más importantes como nación… el resultado es aterrador, y quien se atreva a criticar esta situación es inmediatamente acusado de practicar la anti-política.
Nos redujeron nuestro accionar político a un escueto acto de votación, un acto viciado que sólo da los resultados que unos pocos desean; ahora, quienes cuentan los votos son los que deciden, nuestra voluntad como pueblo quedó anulada, con lo que nuestra democracia se ha convertido en una farsa;  pero, no contentos con esto, ahora es el gobierno de turno, con toda la intención de perpetuarse en el poder, el que decide qué candidatos podemos elegir.
Y es así como nos encontramos ante la perspectiva de tener que ir a votar, pero no a elegir, sobre unos candidatos cuyo ganador será escogido por un hombre en Cuba y respaldado por un listado de votos sacados de una computadora escondida en un edificio del gobierno.
La comunidad internacional sabe que, si cede a esta forma de trampa, la democracia no tendrá futuro en la región y probablemente en el mundo, por ello ha declarado que desconocerá los resultados de esta elección que no es elección; por eso todos los ciudadanos venezolanos deberían negarse a acreditar este remiendo totalitario para imponernos, no un candidato, como muchos creen, sino una nueva manera de esclavizarnos y hacernos víctimas de una mentira.   -   saulgodoy@gmail.com